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SELECCIÓN

Cronología de un despido: así varió el discurso de Robert Moreno

Robert Moreno entró un 26 de marzo. La RFEF le ratificó en su puesto en junio y ahora, está cerca de comunicarle un despido que ya se da por hecho.

El 26 de marzo Robert Moreno asumió una situación desagradable. Luis Enrique tenía que abandonar la concentración por motivos de fuerza mayor y él se haría cargo del equipo. Llegaba a ser primer entrenador de la selección española pero a un precio que nadie deseaba. "Es el peor día de mi carrera. La gente me felicitaba pero no había nada que felicitar", reconocía con Luis Enrique presente. Tanto que Robert reconoció ser su "representante" y no él mismo al frente de la Roja en aquel partido ante Malta. 

Esta situación se alargó en el tiempo y Robert Moreno llegó a ser seleccionador nacional de pleno derecho, hasta hoy, ya que según pudo saber AS, Moreno será cesado y Luis Enrique recuperarará el cargo.

Provisionalidad al servicio de Luis

El 17 de mayo, Robert Moreno volvía a la palestra. Le tocaba dar la lista de Luis, no su lista y lo quiso recalcar. Durante la intervención mencionó ocho veces su nombre. Luis no estaba presente físicamente pero su equipo trabajaba por y para él. Robert también agradeció la confianza depositada por Rubiales y Molina en su cuerpo técnico para seguir haciéndose cargo de la selección.

"Lo que Luis Enrique no ha podido hacer es ir a ver partidos in situ, lo único. Nos hemos reunido con él y hemos hablado con videoconferencias. Son decisiones de Luis Enrique, aunque no esté presente está con nosotros. Nunca hemos pensado en dar un paso a un lado.", decía Robert que aseguró que tenía la confianza de Luis Enrique para ser él mismo.

Después del encuentro ante Islas Feroe, donde Moreno aseguró que se mensajeó con Luis Enrique durante este para recibir instrucciones, dejó claro que el interés en el puesto era relativo. Robert se sentía provisional. "Ojalá que en la siguiente esté Luis Enrique y que esta semana sea la última en la que hemos estado solos", añadía en la rueda de prensa previa a Suecia en junio. Diez días después, el 19, pasaría a ser seleccionador de pleno derecho.

"Soñaba con ser entrenador, pero no de esta manera", reconocía después de agradecer "la confianza" a Rubiales y Molina. "Luis Enrique está de acuerdo y nos ha apoyado. Yo soy el primero y él lo va a respetar. Me toca a mí estar al cargo de las decisiones principales", aseguraba en una declaración de intenciones pública y clara. Ya no era provisional y empezaba las cosas a su manera, con respeto, pero a su manera.

Paso por AS y El Larguero

Ocho días después de ser nombrado, Robert Moreno visitó AS. "Es cierto que la oportunidad me llega por una desgracia de Luis Enrique que por supuesto nadie desea, pero también es verdad que durante el tiempo que él no ha podido estar nosotros, su cuerpo técnico, hemos sabido afrontar la situación y sacarla adelante", decía, defendiendo su trabajo. También, su preparación y el aval de Rubiales, Molina y los jugadores.

En agosto añadiría en El Larguero que Rubiales le parecía "el mejor presidente del mundo", algo que cambiaría a la hora de tratar la renovación.

Un recuerdo para Luis en Gijón

"Será un partido especial mi por ser el primero en España, pero sobre todo por ser la casa de Luis Enrique y me hubiera gustado que él estuviera aquí", dijo Robert en Gijón en la presentación del España-Islas Feroe, que quedaría marcado por el fallecimiento de la hija de Luis Enrique, Xana.

Robert le demostró que estaba con él. Era 3 de septiembre. "Hay una situación muy reciente y hay que respetarlo. Desde que ocupo el cargo hay tres ruedas de prensa que no quería hacer. Prefería la situación de antes. Luis es un amigo. Si llegado el momento él decide que quiere volver a entrenar yo estaré encantado de dar un paso al lado y volver a trabajar con él"

A partir de ahí, Robert defiende sus decisiones como propias y primer seleccionador. Siempre con un recuerdo para Luis, al que dedicó la victoria en El Molinón.

Clasificación cerrada ¿y la renovación?

El 15 de octubre, después del encuentro ante Suecia, Robert cumple el objetivo: la clasificación. Ese día agradece la apuesta por él de Rubiales y Molina y se la dedica a Luis Enrique pero también aprovecha la ocasión para defender su puesto tras las críticas.

"Debe ser triste que haya gente que quiera que me vaya mal, porque eso sería tanto como querer que le vaya mal a la Selección. Espero que nos apoyen todos, porque ahora el seleccionador soy yo", sentenció.

Sabiendo que con la clasificación cerrada era tradición en la RFEF cerrar la renovación, Robert hizo públicas sus intenciones después de dar, sin saberlo, su última convocatoria en El Prado. "Me gustaría hacer una Eurocopa y un Mundial", afirmó, aunque reconocía que no tenía oferta de renovación ni la esperaba "en breve".

"No depende de mí y no lo puedo controlar", aseguraba días más tarde antes de reivindicarse tras golear a Malta. "Siempre he tenido la sensación de ser el seleccionador".

Tras dos menciones a la renovación, Rubiales salía al corte. "Cuando acabe la clasificación hablaremos y a ver qué se hace. Vamos a ver, pero aún nos queda un partido y nos queda mucho para reflexionar. Ahí veremos lo que hacemos", dijo sobre un nuevo contrato, que no estaba nada seguro. AS ya informaba días antes de que la renovación se congelaba y que dependería de los amistosos previos.

"Un diez" y adiós

Ante esas declaraciones, el 17 de noviembre, antes del España-Rumanía de este lunes, Robert se puso "un diez" a si mismo "y al equipo", recalcó su intención de quedarse y volvió a usar el 10 para calificar sus opciones de continuar, algo que 48 horas después daría la vuelta. "No tomo encuenta lo que dice en otros foros", opinó sobre las declaraciones de Rubiales.

Así, como último aliado público apareció Álvaro Morata que antes de enfrentarse a Rumanía avaló su rendimiento. "Es un gran entrenador y estamos a muerte con él", dijo el del Atlético.

"Lo demás no está en nuestra mano", añadía Morata y así fue. Horas después, 5-0 en el marcador del Wanda Metropolitano y lágrimas en el vestuario de Robert Moreno que sabía que esa Roja ya no era la suya.