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La nueva vida de Robben como entrenador de alevines

Hace apenas medio año que el astro holandés colgó las botas en el Bayern de Múnich. Ahora, es técnico de los alevines del equipo muniqués TSV Grünwald,

La nueva vida de Robben como entrenador de alevines
Alexander Hassenstein Bongarts/Getty Images

Arjen Robben no puede vivir sin fútbol. Hace apenas medio año que el astro holandés colgó las botas en el Bayern de Múnich, pero el ex extremo sigue fiel al balompié. Es entrenador, eso sí, muy lejos de los focos del deporte profesional a los que estaba acostumbrado. Robben es técnico de los alevines del TSV Grünwald, equipo del lujoso suburbio muniqués en el que sigue residiendo con su familia. El porqué es bien simple: Kai, su hijo de siete años de edad, juega en el Grünwald, motivo suficiente para que el autor del gol que le dio la quinta Champions al Bayern en 2013 tomara el banquillo del cuadro verdiblanco.

“Me divierto mucho con los chiquillos“, explicó Robben en declaraciones recogidas por el diario alemán Bild. “Entrenamos dos veces por semana y los fines de semana hay partido.“ De momento, el ex jugador del Real Madrid no pretende volver al primer plano. Pasar tiempo con los suyos es su prioridad y no sabe qué le deparará el futuro. “No siento la necesidad de volver de inmediato al fútbol profesional y convertirme en entrenador al máximo nivel. Mi intención es alejarme algo del fútbol“, añadió en Sky.

Los chiquillos del Grünwald son los principales beneficiados de ello. Cada fin de semana, Robben se sienta en el banquillo de su nuevo equipo con un chándal que lleva la palabra trainer a las espaldas. Está claro que sus jugadores, cada uno de ellos nacido en los años 2011 y 2012, prestan máxima atención cuando el héroe bávaro de Wembley da una charla. Pero no son solo ellos los que alucinan con su entrenador. El propio Robben se mostró sorprendido por el ímpetu de sus pupilos a la hora de llegar tan lejos en el mundo del fútbol como su míster. “Algunos se entrenan tan meticulosamente como los profesionales“, dice. No puede haber mayor halago.