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BARCELONA

Griezmann se difumina

El francés no tiró a puerta contra el Slavia. Su media de disparos ha bajado de los 2,89 tiros por partido con el Atlético a los 1,78 con el Barça este curso.

El Principito Antoine Griezmann empequeñece por momentos en el gigantesco Camp Nou. Gris, como una foto en la que la imagen del francés se estuviera desvaneciendo, Griezmann volvió a pasar desapercibido en un partido de Champions. Todavía no ha marcado en Europa, donde está seco desde hace un año. Pero lo peor es que cada vez se acerca menos. El francés no disparó a puerta contra el Slavia, y mira que lo intentó el Barça. Cero disparos es un dato alarmante para un delantero de tanto prestigio en Europa. Y ya es una tendencia. Un rápido repaso a sus números permite descubrir a este Griezmann menguante, que desde la temporada 2010-11 tiene una media de 2,48 disparos a puerta y que el curso pasado en el Atlético promedió 2,89 disparo. Este curso, en los 14 partidos que ha jugado con el Barça, apenas llega a 1,78 tiros. Y desde que Messi está jugando con regularidad en el equipo, cada vez se le ve menos.

A Griezmann no se le pueden reprochar sus ganas de caer bien en el grupo y demostrar sacrificio. Trabaja para el grupo y recupera dos balones y medio por partido, sólo medio menos de lo que hacía en el Atlético de Madrid la temporada pasada. Sin embargo, de un jugador de 120 millones de euros que ha estado tan cerca de esa famosa mesa de Messi y Cristiano, se espera mucho más. Personalidad para acercarse a los más grandes del Barça como hizo Suárez en su día, o como consiguió Neymar, y tener su propio espacio en ataque. Entre otras cosas, porque a Messi ya no le alcanza para ganar partidos como solía, como un oficinista que ganaba silbando en los partidos de la fase de grupos. Eso tampoco vale ya en el Barça.

Encajado en la izquierda por decreto, una posición que detesta aunque se muerda la lengua, Griezmann no está resultando. Este martes, Valverde le dio 25 minutos en la derecha. Allí trató de entenderse con Sergi Roberto, con Messi. Hasta con Vidal. Pero sin éxito. De momento Griezmann no chuta y, lo que es peor, su tono es gris y su gestualidad habla de un futbolista algo desencantado. Y después de 14 partidos, eso ya no puede ser casual.