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BARCELONA

Umtiti, contra su credibilidad

El francés lucha contra las dudas sobre el estado del cartílago de su rodilla, su historial de lesiones y su pérdida de estatus en el equipo y en la selección.

Umtiti, contra su credibilidad
Juan Manuel Serrano Arce Getty Images

Samuel Umtiti entró en el corazón de la gente del Barça muy pronto. Sólo así puede entenderse cómo el socio ha dado tregua a un futbolista que, después de renovar millonariamente su contrato en vísperas del Mundial de Rusia en 2018, ha jugado la pobrísima cifra de 19 partidos oficiales. Big Sam, fichaje acertado de Robert Fernández que encajó como un guante desde su llegada en el verano de 2016, participó en 83 partidos oficiales en sus dos primeras temporadas con el Barça. Dubitativo desde la retirada de Puyol, el club no encontró en Vermaelen ni en Mathieu recambios de garantía para el gran capitán. Mascherano resultó el parche perfecto durante un lustro, pero Umtiti parecía un central estructural, de proyecto en el Barça. Al socio, además, le sedujo mucho que el mismo presidente del Olympique de Lyon, Jean-Michel Aulas, desvelase que tenía una promesa para liberar a Umtiti si el Barça venía a por él: "Es el sueño de su vida".

Sin embargo, tras un gran rendimiento a corto plazo y el empeño de Bartomeu en renovarlo a cualquier precio ("dadle lo que pida", cuentan desde las oficinas del Camp Nou que llegó a decir cuando vino el Manchester United a por él y la renovación se enquistó), un enemigo llamó a las puertas del defensa francés. El cartílago de la rodilla izquierda empezó a castigarle. Umtiti, recién renovado y con una actitud algo displicente que molestó a un club que le había dado tantísimo cariño como el Barça, obvió el consejo de los médicos. No se quiso operar y voló a Qatar a seguir un tratamiento conservador que no resultó. Umtiti fue una rémora para el Barça el año pasado. Muchos creen que si hubiera estado sano y hubiese hecho caso a los consejos del club, tal vez hubiera estado para citas clave como Liverpool o la final de Copa. Un egoísmo que pudo traerle cierto beneficio a corto plazo por no pasar por el quirófano, pero que le hizo perder credibilidad ante jugadores, técnicos, directiva y entorno. "No sé cómo está Samuel", fue una de las frases preferidas de Valverde la temporada pasada. Él sí sabía cómo estaba, pero no lo quería dejar en evidencia.

Perdido el respaldo popular y en el kilómetro cero; suplente en el Barça y ni convocado por Deschamps en Francia a menos de un año de la Eurocopa, Umtiti lucha estos días contra su credibilidad. Cierto carisma debe tener en el vestuario. Las frases de Semedo, Griezmann o Lenglet dándole un empujón después de sus primeros minutos oficiales del año en Ipurua lo demuestran. Cierto nivel deportivo también debe tener. Valverde le prefirió a él antes que a Jean-Clair Todibo para asegurar la salida de balón contra la presión del Eibar: "Necesitaba su experiencia aunque llevase mucho tiempo sin jugar". Lo cierto es que Umtiti, después de un par de faltas en las que llegó destemplado y en las que Melero López le perdonó la amarilla, se repuso con un par de despejes de muchísimo mérito tras centros laterales y luego se serenó para completar un partido eficiente, de los de su buena época. Después del 0-3 se disparó la euforia y las peticiones de titularidad para Umtiti sin saber, siquiera, si su rodilla está preparada para jugar tres partidos seguidos. Hay quien piensa que con un gran Umtiti sobre el césped, por personalidad y carácter, el desastre de Anfield no habría sucedido. Pero sucedió el de Roma con responsabilidad suya en el 1-0 de Dzeko... Por entonces ya no era Big Sam. Umtiti lucha contra su credibilidad. Esta temporada tiene un gran reto.