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ESPANYOL

Rubi-Gallego: las caras del ataque posicional

Ambos técnicos apuestan por el balón, pero representan dos escuelas dispares: los automatismos o la interpretación.

David Gallego.
Alex Caparros

Todos los entrenadores de fútbol buscan el mismo objetivo, la victoria. Pero no hay un único camino para alcanzar esa meta porque este deporte que inventaron los ingleses es tan complejo que no se puede reducir a una fórmula mágica. Un ejemplo es el Espanyol de los últimos tres años, con una base de jugadores similar y que ha ofrecido un rendimiento y un juego dispar con sus tres técnicos: Quique Sánchez Flores, Rubi y ahora David Gallego.

Los propios futbolistas, que no han ofrecido su mejor versión en los dos meses que se llevan de preparación, han comentado en sala de prensa las diferencias con la campaña anterior, en la que todo estaba más “marcado” y ahora en cambio queda en manos de la “interpretación”, por utilizar las lúcidas palabras de Víctor Sánchez en sala de prensa la semana anterior. Rubi y Gallego representan los dos caminos que existen en el fútbol para llevar a cabo el ataque posicional.

“Rubi es del estilo de Marcelino, por poner un ejemplo claro”, se arranca Dani Fernández, profesor de la Escuela de Entrenadores y ahora técnico en la Damm. “Quiere tener el balón pero marca de manera muy clara el sistema, los movimientos a utilizar y los espacios. Los jugadores tienen varias opciones y deciden en función de cómo se mueve el compañero. Es una manera de aprendizaje rápida y segura. Todos tienen claros sus roles y funciones. Da resultado a corto plazo”, analiza.

Por eso se entiende el gran inicio del Espanyol el curso anterior, con la posibilidad hasta de ser líder en la duodécima jornada. Y también se explica el bajón de rendimiento después, cuando parecía que al equipo le habían pillado el truco, bloqueado e irreconocible en muchos encuentros, lastrado por el infortunio en otros. “Con Gallego, la estructura es libre. Los jugadores se mueven en función de los compañeros y los rivales. Considero que necesitas mucho talento para entender esas relaciones. En este estilo de juego el futbolista interpreta y toma más decisiones, y así debes entrenarlo”, comenta.

Fernández reconoce que “se le da libertad al jugador, y es una manera muy bonita de entender el juego, pero difícil de aplicar porque requiere tiempo. Si no ganas, es cierto que puedes generar desconfianza e inseguridad, porque el jugador cree que lo está haciendo mal”, manifiesta.

En esa fase se encuentra ahora el Espanyol. La idea romántica de Gallego, que le ha dado éxito en el fútbol base perico, se examinará este mes. Una escuela diferente a la del curso pasado, pero igual de válida si se lleva a buen término. El fútbol sólido y automatizado de Rubi ante el fútbol líquido e interpretativo de Gallego.