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BARCELONA

Un mes del desastre de Anfield: así fue el día negro del Barça

Un mes del desastre de Anfield: así fue el día negro del Barça

PHIL NOBLE

REUTERS

Desde antes del viaje se notaba tensión en los jugadores. El entrenamiento de Liverpool fue una feria ambulante de gente. Nadie le dio importancia hasta que ocurrió: el 4-0. Desde aquel día los jugadores ya no son intocables.

En el último entrenamiento antes de viajar a Anfield, un extraño silencio envolvió el entrenamiento del Barça en la Ciutat Esportiva. Pese al 3-0 de la ida, o alguien intuía que lo iban a pasar mal pese a las noticias que llegaban de la lesión de Salah, o la oportunidad de regresar a una final cuatro años después tenía al equipo de Valverde especialmente tenso. Fue curiosamente Suárez, el que mejor sabía que les esperaba un infierno, quien rompió un poco el hielo: “Tampoco es para tanto Anfield”. Fue entonces cuando los futbolistas, aunque sólo fuera algo, se soltaron. Pero lo que estaba por venir en Anfield era muy grueso. Lo que algunos consideran la derrota más grave del Barça en su historia.

Este viernes 7 de junio se cumple un mes del 4-0 de Anfield. Una caída a peso a todas luces inesperada y con el agravante de llevar la derrota de Roma en la mochila. El lunes 6 de mayo hacía una tarde estupenda en Liverpool después de una mañana de agua en la que Klopp había anunciado que Salah no iba a jugar por el golpe que había sufrido ante el Newcastle y en la que el jugador elegido para hablar por los reds no era ningún peso pesado, sino un tal Trent Alexander-Arnold, suplente en la ida pero del que se iban a tener noticias en la vuelta. Por el Barça hablaron Suárez y Valverde. El uruguayo anunció que le gustaría retirarse en el Barça (por entonces se hablaba de su posible ampliación por una temporada) y que no celebraría un gol ante la que fue su afición. A Valverde y el uruguayo se les martilleó con las preguntas de Roma porque, en el fondo, ni periodistas ni técnicos pensaron que lo de Roma pudiera volver a pasar…, pero era obligado preguntarlo con el cinturón de seguridad.

Un ejército de directivos, familiares de directivos, entorno de los jugadores y representantes de marcas publicitarias de los que se apuntan a la fiesta del caballo ganador estaban sentados en la grada de Anfield cuando salió el Barça a calentar. Había hasta niños esperando para que les firmasen camisetas. Aquello parecía una feria. Nadie sabe qué pudo pensar Valverde cuando vio aquel sarao. Los directivos estaban radiantes. El escenario imponía, pero vacío resultaba celestial y hasta generaba cierta sensación de condescendencia. Allí es donde al día siguiente caería el Liverpool y habría que despedir con palmas a la grada de The Kop por el magnífico ambiente que generan… Las conversaciones sólo giraban alrededor de tres asuntos: dónde se vería el City-Leicester que podía empujar a los de Guardiola al título o darselo a los de Klopp; la hora de quedada en el mítico The Cavern y quién iría y quién a la final de Madrid. Nada sobre el partido. Aunque los mismos jugadores quisieron ponerse sobreaviso, todos se veían en el Wanda

El entorno del Barça tenía tomado Liverpool el lunes por la noche. Los directivos se dejaron ver por algún restaurante selecto de la cena. También el misterioso André Cury. Había sido un fin de semana duro en Liverpool. Se juntaban domingo y lunes como festivo. Así que el lunes por la noche no se escuchaba mucho acento scouse.

El Barça durmió el lunes por la noche en el hotel Hilton, a apenas unos centenares de metros del museo que recuerda que el Titanic se registró en Liverpool… Hubo fuegos artificiales d ellos aficionados del Liverpool para enturbiar el descanso azulgrana. Klopp, mientras, alojó a sus jugadores al día siguiente en el Hope Hotel (Hotel de la esperanza), de la Hope Street. La suerte estaba echada.

Nadie se sorprendió cuando vio el once del Barça y nadie se asustó cuando vio a Origi en el once del Liverpool y a Wijnaldum salir por el lesionado Robertson… Del partido ya se ha escrito todo. ¿Cuáles fueron las consecuencias?

Para empezar, Valverde quedó tocadísimo. Lo más escuchado en el aeropuerto John Lennon al día siguiente es que estaba fuera del Barça. Los mismos que le habían reprochado jugar con un 4-4-2 en Roma el día del 3-0, le echaban en cara el dibujo del 4-3-3 con Coutinho y no haber tirado de Semedo. Los jugadores también se llevaron lo suyo, especialmente Suárez por su sequía lejos del Camp Nou en Champions, pero también Alba, autor de dos errores individuales que condenaron al equipo; Busquets, a quien el ritmo del partido pasó por encima; Sergi Roberto, poco competitivo; y Piqué, que esta vez no pudo sacar al equipo unos metros fuera para evitar la traca final del 4-0 en ese córner que se inventó aquel chico anónimo, Trent Alexander-Arnold, que había hablado en rueda de prensa sin que nadie le hiciese caso. Eso por no hablar de Coutinho, fuera de concurso y al que definitivamente la afición le bajó el pulgar. Ni de lo que estaba por venir al día siguiente cuando en los aeropuertos de Liverpool y Manchester, lleno de barcelonistas algunos de los cuales habían hecho noche a la intemperie, apareció la foto de Rakitic en la feria de Sevilla…

Acusados Valverde y los jugadores, la conclusión fue que el equipo debe dar un impulso para ser de nuevo competitivo en Europa. Esa tarea quedó pendiente para el presidente, Josep Maria Bartomeu, que esta vez no miró al banquillo como en Roma pero que, como todo el equipo directivo, quedó profundamente tocado por una derrota de la que este viernes hace un mes pero que nadie ha olvidado y que traerá consecuencias que se irán descubriendo a lo largo del verano: algunas en forma de fichajes para presionar a las vacas sagradas. Otras, en el día a día. Desde Liverpool, el vestuario del Barça, excepto Messi, único jugador que intentó sin éxito que cambiara el rumbo del partido, ya no hay intocables.

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