SEVILLA 2 - ESPANYOL 1

Ben Yedder pone segundo al Sevilla a lo Romario

Una definición de genio del francés en el minuto 89 remonta un partido que el Espanyol había masticado bien hasta el cuarto de hora final. Éxtasis en Nervión.

Como en el Bernabéu, o más, noventa minutos en el campo del Sevilla son “molto longo”. Si no, que se lo pregunten al Espanyol de Rubi, que había masticado con mucha categoría el partido y estaba en ventaja gracias al Panda, Borja Iglesias. Pero en Nervión se descargó una tormenta de alto voltaje en los últimos veinte minutos. Incontrolable, el Sevilla voló después del empate de Mercado y sus futbolistas se lanzaron como lobos contra el Espanyol, que no veía llegar el final. Entonces, Ben Yedder sacó la varita mágica en el minuto 89 y marcó un gol de genio. Habilitado por Banega, que volvió a ser decisivo con dos asistencias, definió de manera casi antinatural para un jugador como él, que maneja con maestría la izquierda. Él dejó pasar el balón hacia su derecha con temple taurino y lo picó levemente con el exterior. El golpeo, sorprendente, desató el éxtasis en Nervión. El Sevilla llega al segundo parón del campeonato a un punto del líder en una Liga loca. La atmósfera del Sánchez Pizjuán, el aura del “nunca se rinde”, también pesó mucho en la noche otoñal de Nervión. Es el Sevilla un equipo con pasión muy capaz de repetir cosas así.

El Espanyol no debería, no obstante, perder la perspectiva. Su partido, académicamente, fue notable. Llegó a ir ganando 0-1 y, con empate a uno, reclamó un penalti de Mercado sobre Sergio García. ‘Falete’ hizo una conducción fabulosa y metió su cuerpo en la carrera de Mercado. El argentino lo desplazó. La jugada, al límite, mereció ser al menos revisada. Pero Prieto Navarro no avisó a Latre y la jugada se fue al limbo. Para entonces, el Sevilla estaba ya desatado. Banega, algo desaparecido durante el partido, había activado la función “asistente”; André Silva y Navas estaban en conexión permanente pero sin finalización; pero faltaba Ben Yedder. Menudito, ilocalizable para las defensas, capaz de aparecer en rincones imposibles. El héroe de Old Trafford, con un gol que hubiera firmado el Romario de las mejores noches, puso segundo al Sevilla.