El legado de Modric será eterno

Croacia tardó en aparecer en el partido el tiempo que necesitó Modric para liberarse de la presión asfixiante a la que le sometieron. La consigna de Inglaterra en el mediocampo fue evidente: secar al madridista. Henderson y Alli se turnaban para que nunca tuviera más de un metro para pensar. Esa estrategia puede funcionar una hora, pero no todo el partido. Las semifinales de un Mundial son territorio para superclases y Luka lo es. A partir del 60’ se adueñó del partido e Inglaterra, que había parecido muy superior durante toda la primera mitad, se diluyó como un azucarillo. Su energía contagió a sus compañeros: Rakitic, Rebic, Mandzukic... Todos mejoraron. Hasta Perisic, que tras una Copa del Mundo muy gris apareció en el momento más oportuno para hacer el empate y forzar la prórroga.

España ha visto en sus categorías inferiores cómo en los últimos años han salido futbolistas que imitaban el juego de Xavi, Iniesta, Silva... No es casualidad. Los niños intentar repetir lo que ven. Habrá que fijarse en las próximos torneos juveniles: más de un croata dará pases con el exterior con la misma facilidad que lo hace Modric. Por eso su legado, pase lo que pase el domingo en la final contra Francia, no terminará en este Mundial de Rusia: será eterno. Resultó heroico ver a Luka, con 55 partidos oficiales en sus piernas esta temporada (sumando club y selección) lanzarse al suelo para atrapar cada balón en los últimos minutos del encuentro. Con casi 33 años y tras tres prórrogas consecutivas. Su ejemplo debe inspirar a las futuras generaciones de futbolistas croatas. Y a las de todo el planeta...

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