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Nueve años de la protesta más simbólica del Leganes

LEGANÉS

Nueve años de la protesta más simbólica del Leganes

Nueve años de la protesta más simbólica del Leganes

Agencias

El 14 de diciembre de 2008 los futbolistas pepineros iniciaron su duelo ante el Atlético B de rodillas en el césped. Los impagos les ahogaban y el club rondaba la desaparición.

Todos vestían de futbolista. Pero durante aquel minuto eterno, para muchos el más duro de sus carreras, se convirtieron en guerreros. Los once titulares hincaron la rodilla en el césped de Butarque imitando a los caballeros que se disponían a ir a la batalla en la Edad Media y dejaron que el rival, el Atlético de Madrid B, moviera la pelota a su antojo. Fueron 60 segundos de protesta simbólica por los impagos que sufrían, ésos que obligaron a muchos a endeudarse con amigos y familiares para mantener la casa, comprar comida o incluso echar la gasolina con la que ir a entrenar. Sucedió tal día como hoy, un 14 de diciembre, de 2008.

Hace ocho años, los jugadores del Leganés, entonces un equipo de Segunda B, protagonizaron una llamativa protesta con la que mostrar al mundo lo delicado del estado económico que atravesaba el club, amenazado por la desaparición, y de paso, sus vidas. Y todo por culpa de la mala gestión de sus directivos. Hoy, con el club en Primera, aquella escena simboliza una herida del pasado que la propia entidad se niega a desterrar para jamás olvidar los humildes orígenes de su presente glorioso.

“Hace nueve años, la plantilla sufría impagos por una deuda acuciante. Diez días después los leganenses Felipe Moreno y Victoria Pavón llegaron al club para salvarlo de una posible desaparición. Nunca lo olvidaremos. Tras Mucho sufrimiento y trabajo #SomosDePrimera”, escribía hoy la cuenta de Twitter del Lega como tributo a aquellos futbolistas.

“Recuerdo que ese día lo veíamos todo oscuro. Muy oscuro. Estábamos realmente desesperados. Pensábamos que no había solución”, evoca Carlos Martínez, integrante de aquella plantilla y ahora retirado tras ser uno de los jugadores que más partidos oficiales ha disputado con la camiseta pepinera. El pasado 3 de diciembre el Leganés le rindió tributo a él y a Raúl Moreno, portero y capitán la tarde de aquella protesta, en la previa del partido frente al Villarreal. En este saque de honor, a ambos se les saltaron las lágrimas pensado en lo vivido sobre el césped de Butarque. Aquel episodio fue, quizá, el más intenso en lo negativo.

“Sólo habíamos cobrado el primer mes. Desde agosto no veíamos ni un euro. En total, algo más de cuatro meses sin cobrar. La cosa estaba muy mal. Íbamos a casa del presidente [Rubén Fernández], nos reuníamos con él y otros directivos para ver las salidas. Después de un tiempo, ya ni nos daban soluciones. Nos decían que estaban buscando y esperando que llegara algún inversor, pero nunca aparecía”, relata ocho años después Carlos Martínez.

“En noviembre salimos al campo con una pancarta de protesta antes de un partido. Pero un mes más tarde, la cosa iba a peor. Muchos tuvimos que empezar a pedir dinero a los amigos. No nos daba para vivir”, continúa.

Fue aquella situación desesperada la que les llevó a buscar una forma de atraer la atención de los medios sobre su situación. “Descartamos la huelga. Se nos ocurrió arrodillarnos en el inicio de un partido”, explica Raúl Moreno. “El míster, David Gordo, nos propuso hacerlo, pero sólo con una rodilla. ‘Como los guerreros que se preparan para la batalla’, nos explicó. La idea entusiasmó al vestuario. Decidimos ponerla en práctica contra el Atleti B”, desvela.

Fue así como, ante el equipo de Koke, De Gea o Domínguez, los pepineros ejecutaron su protesta simbólica. Fue el único minuto de aquel partido en el que no batallaron. El triunfo cayó de su lado y aquel equipo, una de las mejores plantillas que ha tenido jamás el Leganés en Segunda B, venció 2-1 para seguir acosando el liderato de Grupo II, un puesto que en algunas jornadas llegó a ostentar.

Diez días más tarde, el 24 de diciembre, Rubén Fernández, entonces presidente y dueño, cedió a las presiones y vendió sus acciones a Felipe Moreno, el actual propietario.

“No teníamos dinero para hacer una comida de Navidad, así que nos reunimos en Butarque el 23 de diciembre y preparamos una paella entre todos. Ese día nos dijeron que tenían una sorpresa. Allí apareció Felipe Moreno. Nos dijo que había comprado el club y nos enseñó el cheque con el que iba a pagar las deudas. Fue una alegría, aunque no pensábamos que solucionaría nuestros impagos demasiado pronto. Nos fuimos de vacaciones esa tarde pensando que ni regalos de Reyes, ni leches… Tres días después, el 26, nos llamó personalmente para decirnos que las nóminas atrasadas ya estaban ingresadas en nuestras cuentas. Que todo volvía a la normalidad. Fue el mejor regalo de Navidad que nos podían dar”, concluye el recuerdo Carlos Martínez.

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