ATLÉTICO DE MADRID

Mucha intensidad, mismo problema de gol

El Atlético despide su pretemporada en San Rafael con un partidillo entre los 22 jugadores rojiblancos. Mucho sello atlético, pocas ocasiones.

Madrid
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Minuto seis, un murmullo recorre la grada. Los niños dejan de gimotear de frío, hasta parece que el sol calienta más. Filipe corta un balón y filtra un pase a Griezmann que corre para quedarse solo ante Moyá, gorra calada para evitar el deslumbre del sol. El francés termina abriéndose demasiado, la portería achicándose. Es la primera ocasion que uno de los dos Atleti que sobre el césped de San Rafael dan por inaugurada la pretemporada 2017-18 con un partido.

El de Burgo de Osma anulado por el cansancio de once horas del viaje a México de mañana, se convirtió en uno entre dos onces rojilancos, uno de azul, el otro de rojo, con lo que durante dos semanas se ha visto dispuesto por el césped, ambos con las mismas agujetas en las piernas, las ampollas en los pies. Los segundos, sin Torres, que con molestias musculares se ha quedado esta mañana en el gimnasio, suenan a oficiales. Son casi los de siempre con Giménez lateral derecho y Gaitán cogiendo sitio a la izquierda.

No hay más acercamientos a las bandas, inmensos los defensas en los rechaces, alzados como murallas que a este Atleti 2017-18 le cuesta tanto derribar como a los anteriores. Thomas crece en el centro pintado de azul, cada jugada de Filipe despierta un 'ohhhh' en la grada. Es un valor seguro. De esos que nunca fallan. Veinte minutos y los guantes de los porteros aún están por estrenar.

El primero en hacerlo sería Moyá, minuto 25. Tirazo de Godín, primera ocasión de este Atleti en un partido, porque esto lo es: los árbitros le arrancan el aire de panchanga o entrenamiento, con el aire romántico del fútbol de antes, apenas una valla de separación entre el público y los jugadores, tan cerca, la voz de Simeone no dejaba de escucharse. “Bien, Thomas, bien”. “Ángel bien, Ángel bien”. Los rojos ganan metros, los azules no encuentran caminos por mucho que Thomas se empeñe y corra, se empeñe y abarque tanto campo. Es el minuto 30 cuando a Oblak empieza a sobrarle la chaqueta aunque aún no haya sudado. El árbitro pita. Fin de la primera parte.

Werner ocupa la portería contraria cuando comienza la segunda, Ferni el lugar de Keidi, Correa roba un balón para testar el latex de la manos del portero argentino en los primeros minutos, mientras los aficionados en la grada empiezan a hablar de Costa. Filipe recibe un balón y cambia el tono de los murmullos. “Cómo lo baja, cómo lo baja”. Qué bueno es. Eso no cambia un verano después. Ni tampoco Griezmann. Los primeros aplausos los despierta él. Augusto (la rodilla bien) roba un balón a Carrasco pero la pierde. Griezmann entromete el pie, la roba y dispara con toda intención buscando la esquina contraria de la portería de Werner. El portero vuela. Sus guantes están estrenados.

El Atleti sigue sin gol, pero parece que los rojos han volcado el campo hacia esa portería. Simeone grita, “no sale de ahí, no sale de ahí”, Míster Tiago estudia desde la banda con las manos resguardadas entre las mangas y le dice algo al Cholo. Entre el cemento donde se sienta la afición ya no se habla de Costa. Griezmann tiene otro casi mientras su pelo rubio se enciende como el de Blanka cuando peleaba en el Street Fighter. Es Gaitán el siguiente que lo intenta, que lo acaricia. Se ha intercambiado la banda con Carrasco para demostrarle a esa grada que mira por qué ha sido uno de los hombres de la pretemporada. Olviden al penúltimo Gaitán, aquel de la temporada. Se fue, desapareció. El de ahora es más fino, más participativo, mejor.

“Es el único que lo intenta”, le dice un niño a su padre mientras le quita el capuchón a su bolígrafo. Ya sabe a quién le pedirá el primer autógrafo cuando el partido termine y los futbolistas encaren el camino al autobús por última vez en Segovia. Llegará pronto. Minuto treinta otra vez, fin de segunda parte. Y del ensayo. 0-0, con el mismo sino de siempre, los goles. Los padres que se quedan en la grada mientras sus hijos van a conseguir autógrafos vuelven a acordarse de Costa, antes de que el autobús se aleje por última vez de su campo de entrenamiento en Segovia cuando son casi las 10:00, hasta el verano que viene.