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La grada de animación es de Canito, un rebelde con causa

ESPANYOL

La grada de animación es de Canito, un rebelde con causa

La grada de animación es de Canito, un rebelde con causa

EFE

Creció en un orfanato, poseía una salida de balón estelar e incluso como jugador del Barcelona exhibía su amor por el Espanyol. Su final fue traumático. Así era Canito.

La decisión de poner el nombre de Canito a la nueva grada de animación del Espanyol no es baladí. Por un lado, fue uno de los 15 jugadores de la historia del club perico más votados para el proyecto ‘Glòria als Herois’, y su puerta, la 43, da acceso precisamente a una de las pastillas del Gol Cornellà donde se ubicará esta grada. Por otro, la biografía que encierra Canito le convierte en una leyenda blanquiazul mucho más allá de la vida o la muerte.

Nacido en Llavorsí (23-04-1956), a José Cano el diminutivo le llegó al coincidir con otro tocayo de apellido en el Lloret. Allí fue donde el entonces entrenador del Espanyol, José Emilio Santamaría, lo descubrió en 1975. Tras unas pruebas, lo firmó para el que ya era el club de sus amores desde niño. Desde esa infancia rota, en la que desde los seis años tuvo que vivir en un orfanato primero, y en las calles, después. Algo que irremediablemente forjó su carácter indómito.

Líbero, central aunque goleador si le ponían en ataque, se estrenó con el primer equipo del Espanyol en 1976. Un año después recibió la llamada del servicio militar, en Córdoba, y para que no se truncara su carrera aprovechó el club perico para cederlo al Cádiz y que tuviera minutos. A su retorno, en la temporada 1978-79, se acabó de construir el mito. Uno de los mejores futbolistas del Espanyol, de los más elegantes, sacando el balón desde atrás. Cualidades que no pasaron desapercibidas para el eterno rival.

El Barcelona, efectivamente, lo fichó al final de ese curso a cambio de 40 millones de pesetas (240.000 euros) y tres jugadores: Fortes, Amarillo y Bio (otro futbolista con leyenda propia). Pero Canito, además de extravagante y único, era muy perico. Por eso, como reconocerían excompañeros suyos al cabo de los años (por ejemplo, el ‘Lobo’ Carrasco), se entrenaba con una camiseta del Espanyol bajo la del Barça. No era la primera paradoja en la vida de un futbolista cuyo primer equipo, de chaval, había sido la Penya Barcelonista Anguera.

José Cano 'Canito'.

Y por ello se sucedió también su anécdota más célebre: actuaba de titular en el centro de la defensa culé, en el Camp Nou ante el Athletic, cuando en los marcadores electrónicos se informó de un decisivo gol del Espanyol en el Rico Pérez ante el Hércules, que daba media salvación a los pericos. Ni corto ni perezoso, Canito alzó los brazos y los puños en pleno partido para festejar un tanto tan importante de su equipo del alma.

Acabó el excéntrico defensa de vuelta al Espanyol en 1981, en esta ocasión como moneda de cambio de Javier Urruticoechea, ‘Urruti’. Tiempo le dio ese curso a marcarse un partidazo precisamente en el derbi del Camp Nou, el 1-3 con el que el Barcelona se alejó irremediablemente del título de Liga.

Pero su rendimiento, o su cabeza, fue disminuyendo y se acabó por pactar una salida al Betis, donde de todos modos maravilló. La clase nunca se pierde. Más tarde recalaría en Zaragoza, Os Belenenses y Lloret, donde cerró el círculo futbolístico.

Pero el círculo humano no se cerró como debiera. Su generosidad (en ocasiones, regalaba dinero a los niños que le pedían autógrafos, o permitía que gente fuera de su parte y pagando él a comer a determinados restaurantes) no fue lamentablemente incompatible con las drogas, que le acabaron destruyendo. Falleció a los 44 años, el 25 de noviembre de 2000.

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