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El miedo es telonero de nuestra libertad

A pocos días de la final de Cardiff, el mundo no lo para el fútbol sino el miedo. La amenaza terrorista ha extremado el nivel de alerta

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El miedo es telonero de nuestra libertad

“Nos sentamos a ver la televisión donde nos dicen que hubo 15 homicidios y 63 crímenes violentos, como si así debiera ser. Sabemos que las cosas están mal. Aún peor, están todos locos. En todos lados es una locura, por lo que ya no salimos a la calle. Nos quedamos en casa y lentamente el mundo en el que vivimos se vuelve más pequeño. Decimos: 'Por favor, al menos déjennos en paz en nuestras casas. Si tengo una tostadora y una televisión, no diré nada. Pero déjennos en paz'. Pues yo no les voy a dejar en paz. ¡Quiero que se enojen! No quiero que protesten, ni que le escriban a su congresista. No sé qué decirles que escriban. No sé qué hacer con la depresión, la inflación o el crimen. Sólo sé que primero deben enfurecerse. Tienen que decir: '¡Soy un ser humano, maldita sea, mi vida tiene valor!” (Network, 1976)

A pocos días de la anhelada final de Cardiff, el mundo no lo para el fútbol sino el miedo. El atentado en Manchester -en el que murieron 22 personas y 59 quedaron heridas- sembró el caos que rápidamente se expandió y entumeció Europa. El pánico se ha apoderado de las comidillas en la universidad, el trabajo, los bares y las redes sociales, que normalmente en estas fechas versarían sobre la titularidad de Isco, las recuperaciones de Bale y Carvajal, la intimidatoria BBC italiana o la siempre temida profecía del exdelantero blanco. Sin embargo, ayer participé en una porra en la que se apostaba -en tono jocoso- por la suspensión del encuentro. Humor negro y fehaciente de la realidad que enmarca este Juventus – Real Madrid.

La amenaza terrorista ha provocado que se eleve el nivel de alerta y que se extremen las medidas de seguridad por parte de la federación galesa, desplegando desde el 1 de junio el mayor operativo jamás visto en un evento deportivo. Ante el riesgo de ataque terrorista con drones, la final de Champions League se disputará con el techo del estadio cerrado por primera vez en la historia. Asimismo, se hará uso de la tecnología puntera en reconocimiento facial para prevenir a los equipos de los cordones de seguridad, que comenzarán a 2 kilómetros del estadio. En este escenario, la psicosis es tal, que la UEFA y el ayuntamiento de Cardiff discuten -incluso mediáticamente- sobre la suspensión de las fan zones.

Estoico con la agenda

“El fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes”, dice Valdano. Sin restar un ápice de justificación al recelo latente, no concibo mayor rechazo al terrorismo que reconducir nuestra ignorancia a su cauce habitual de pan y circo, sin dejarnos amedrentar por el pavor de sentirnos vulnerables.

Es por eso que se antoja imprescindible mantenerse estoico con la agenda, no ceder ante el miedo, ni sentirse suicida, a sabiendas de que hoy es la final de la Champions League, mañana será un concierto en Madrid y pasado la Feria de Abril. Abandonarse al pánico es firmar el desahucio de nuestra libertad. Y eso, compañeros, es innegociable.

Hagamos caso a Lechowski y “que el fin justifique los miedos”. Pues, alimentar el pánico y el odio con argumentarios atroces nunca solucionó. El pasado domingo, decenas de miles de valientes desafiaron al terrorismo participando en la Gran Carrera de Manchester. Por ellos, aunque sea con un pellizco en el estómago, hemos de ir al campo, usar transporte público y salir a la calle como tuviéramos previsto, porque el miedo es telonero de nuestra libertad.