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Un día de fútbol

AS COLOR 260

Un día de fútbol

Un día de fútbol

Entre tanta violencia que salpica al fútbol, la historia de la familia Criado es un brote de educación entre la barbarie que reconcilia con la vida

Suena la segunda alarma a las 8 de la mañana mientras maldigo ese cuarto de hora que me costó desenredarme de las sábanas. Es mayo, pero en Madrid todavía no me sobra el nórdico pues, tras las plumas, en mi habitación de Atocha aguardan sólo ocho grados. Mi mente -todavía adormilada- discierne entre ducharme para espabilarme y desayunar en la calle, o prepararme el desayuno en casa y apurar el enjuague de anoche. Por fortuna, mientras lidio con mi indecisión, mi instinto de urgencia ha puesto la cafetera y ha colgado la toalla en la ducha.

Así, con el piloto automático y apenas cinco horas de sueño sobre mis párpados, enfilo el cercanías hacia Aluche. Bajo en Laguna en busca de una brisa que me espabile. Pueril iluso. No hay una sombra en el parque que ayude a repasar los últimos deleznables episodios que han salpicado al fútbol. Este 2017, la violencia se ha ensañado con nuestro deporte, donde afloran bochornos al mismo ritmo que corruptos en política.

Empezamos el año con la vergonzosa pelea entre dos padres durante el enfrentamiento entre la UD Telde y la UD Guía de División de Honor de Juveniles. Indeseable suceso que imitaron en Mallorca, donde otros primitivos –también primogénitos- de los futbolistas del Alaro y del Collerense de categoría infantil protagonizaron una lamentable batalla campal, comenzada por los niños en el terreno de juego, secundada por los 'adultos' saltando al campo.

“La barbarie sólo es culpa de los bárbaros”

No le falta razón a Alfredo Relaño cuando afirma que “la barbarie sólo es culpa de los bárbaros”, que “hay una pulsión en cierta parte de la sociedad que tiende a pensar que el fútbol trae estas cosas. Que hay un germen de violencia intrínseco a su práctica y a su contemplación”. Al final, como denuncia el director del Diario AS, esta desdichada rutina se convierte en un “ensayo antropológico aberrante” que termina justificando las “críticas ominosas” vertidas sobre el deporte, condenando a quienes disfrutan con educación del fútbol y de la vida.

Vamos en coche camino de Collado Villalba porque el Nuevo Boadilla juega fuera de casa. A sus 87 años, Salvador Criado conduce con la misma mesura que hacía para alimentar a sus seis hijos con el camión. Durante el trayecto, me cuenta que el pasado verano sus hijas no quisieron que condujera y lo llevaron ellas de vacaciones. No volverá a pasar, dice. Tan comprensible es el miedo de los suyos, como la costumbre de alguien que suma más kilómetros que horas de vida. Al final, su vitalidad es digna de libertad. Y viceversa.

Atónito por la normalidad de este rara avis, enlazamos con la A6 dirección A Coruña, con la misma naturalidad que hablamos de fútbol. Nombrar a Marco es evocar su orgullo. Salvador presume tanto de los mensajes de alabanza que el entrenador le manda a su nieto, como alardea de su hija por filtrarlos con inteligencia para evitarle sueños mayores. No es objetivo –es padre y abuelo-, pero sí cauto. La conversación me recuerda aquello de Nacho Carretero en El País: “Tu hijo no va a llegar a Primera, déjalo en paz”.

Marco y Mamen posan tras el partido.

“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”

Siendo el “mejor central de la categoría” según su entrenador; Mamen ha conseguido que Marco despunte antes en el colegio que en el fútbol. La fórmula es sencilla, la madre no malgasta energía en la grada que descuide la educación de su hijo en el aula. En mi cabeza, resuena aquella frase de Pitágoras: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”; mientras rememoro con estupor aquellas imágenes de una madre a puñetazo limpio con otro padre, tras el partido de la fase de ascenso a Juvenil Nacional entre el Valle del Ebro y el SD Logroñés La antítesis del ejemplo.

En Villalba, el Nuevo Boadilla está obligado a ganar para mantener el pulso por subir de categoría y los nervios empiezan a anidar en las piernas de unos niños de 13-14 años. “Están muy presionados”, destaca Salvador desde la grada. Juegan ante los últimos del campeonato y “en condiciones normales deberían ir goleando, pero les puede la ilusión”. El abuelo lamenta y critica en silencio, sólo levanta la voz para animar y aplaudir a los chavales. Salvador es otro bicho raro, como el padre de Alfredo Matilla, observa y disfruta sin necesidad de insultar a árbitros, compañeros ni rivales. Unos metros más a la derecha, la legión de padres y madres estalla con el primer gol.

Observando a la afición, recuerdo una de las conversaciones con -el también compañero del Diario AS- Iñaki Gómez durante la ruta de vuelta a casa, contándome cómo el fútbol no profesional también se moviliza en la obligación de padres e hijos, y en algunas comunidades los árbitros de categorías inferiores deben incluir en su acta una puntuación del 1 al 10 sobre el comportamiento de los espectadores. Si la nota es negativa, se le restan puntos al equipo.

Bochorno generacional

Un brote de esperanza nublado por las noticias, donde desalmados golpean y arrojan desde las gradas a seguidores de fútbol; familiares de jugadores que matan a golpes a entrenadores rivales; cerca de 30 personas detenidas y un herido de bala, tras la trifulca entre jugadores, ayudantes e hinchas de Peñarol y Palmeiras; el presidente del Olympique Lyon tuvo que pedir calma desde la propia grada, para apaciguar los incidentes violentos y que comenzase –con 45 minutos de retraso- el enfrentamiento de Europa League ante el Besiktas; y, a los pocos días, el Bastia-Lyon fue suspendido después de que los hinchas locales atacasen a los jugadores durante el calentamiento y en el descanso.

Por desgracia, igual de deleznables son los hooligans que encendieron bengalas y se enfrentaron a la Policía en la Plaza Mayor de Madrid, como el nazi sevillano repartiendo hostias por Bilbao, o los ultras de Alcalá invadiendo el campo para para agredir a los jugadores del San Fernando. Generaciones de mastuerzos, dice Javier Marías: “Llamarle la atención a alguien por algo mal hecho o molesto para los demás equivale hoy a jugarse el cuello”. El pasado 21 de abril, un ultraderechista del Frente Bokeron mató a golpes y patadas a un joven malagueño que intentó mediar para evitar que agredieran a otras personas.

A los indeseables no les gusta el fútbol

Trato de salir de mi ensimismamiento, incrédulo de que semejante barbarie afirme compartir afición con Salvador y Mamen. No. A los indeseables no les gusta el fútbol. Mientras, el Nuevo Boadilla sigue perdonando ocasiones para cerrar el partido, los nervios cada vez son mayores. El Villalba, liberado por no tener nada que perder, está a punto de empatar. “Marco está muy fallón hoy”, repite Salvador. “Bueno, todos están fatal”, rectifica. Es normal que le tiemblen las piernas a los chiquillos, nos temblaban a nosotros las palabras. ¡Gol!, 0-2. Abuelos, madres, niños y amigos respiramos tranquilos.

Sin embargo, Salvador está preocupado. Nos hemos dejado el Aquarius en el coche, aparcado lejos del campo. Bajamos al césped y Marco se acerca sonriendo, negando con la cabeza. “Hemos jugado muy mal”, dice abrazándonos, “tenemos que hacerlo mejor la semana que viene para ascender”. Intercambiamos bromas e impresiones, todos salvo su abuelo, que sigue lamentando su olvido con Mamen: “Él espera el Aquarius, lo traigo siempre”.

Marco y Salvador sonríen tras la victoria.

El arroz de Mari Carmen

Volvemos a Aluche comentando el partido. Esta vez conduzco yo. “Venga, que seguro que lo echas de menos”, me dijo él. No se lo digo, pero lo agradezco. En casa, espera el banquete que ha preparado la abuela Mari Carmen. Los Criado tienen la costumbre de juntarse a comer todos los fines de semana sin necesidad de una excusa mayor que el arraigo del sentimiento familiar. La posibilidad del ascenso de Marco es un tema de conversación más en una mesa donde unos hablan de una mudanza, otros de lo dura que es la vida en un camión...Gente humilde que lo mismo celebra la vida, que comparte sus problemas con arroz.

Esta narración se escribió el 13 de mayo, faltaba la última jornada de liga. Finalmente, el Nuevo Boadilla de Marco logró el ascenso de categoría tras vencer 4 a 2. No sabemos si 'Corpa' -así le llaman en el equipo-, llegará a jugar en Primera o será un veterinario que compagina los animales con el balón. Sí sabemos que Mamen y Salvador siempre estarán allí para acompañarlo y que todo acabará -pase lo que pase- como deben acabar las buenas historias: comiendo arroz de Mari Carmen.

Entre tanto bochorno que amenaza al deporte, la familia Criado te reconcilia con el ser humano, o como dice Karmelo C Iribarren: “El mundo sigue sin gustarme, pero la vida me parece irresistible”. A mí me gusta el arroz, en un día de fútbol.

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