El agua fría de Londres

Chelsea 1 - Barcelona 0 | La contracrónica

El agua fría de Londres

El agua fría de Londres

El Barça jugó para ganar, no está en su genética perder partidos donde juega bien. Pero el Chelsea y el azar le quitaron tantas ocasiones que parecía que no jugaba contra un equipo sino contra un temporal que desbarató goles casi hechos.

El agua fría. El Barça planteó la primera parte del encuentro con la grandeza que lo convierte en un equipo excepcional. De pronto, en medio del aguacero de Londres, un ataque que nacía del frío convirtió la ilusión de un Barça dominador y fértil en ocurrencias y en jugadas, dejó que el Chelsea se acercara (casi por primera vez) a la parte blanda de la defensa azulgrana, y la ducha se hizo helada. Mientras tanto, el Barça se había equipado para otra cosa. Para poner en marcha la estrategia de su calidad. La respuesta vino de la burocracia del fútbol, que anoche tuvo ese primer desenlace. En el campo persistían las cartas que han hecho del conjunto de Pep un colmado de sorpresas.

Fontanarrosa. Uno de los cuentos más bellos del gran humorista (y dibujante) rosarino, de la patria de Messi, relata la historia de un muchacho adolescente que caminaba por las calles polvorientas del pueblo perseguido por una pelota que lo idolatraba. El gran futbolista que ahora aspira otra vez a ser el mejor del mundo representa la adivinación del narrador. Él era un chico así, al menos en sus sueños, y ahora lo es en la realidad. Messi representa, en el fútbol de hoy, como en otro tiempo Ronaldinho, el futbolista que deambula como si no fuera con él la patraña de las guerras sucias. Él sabe que la pelota lo quiere. Con esa certidumbre juega, y los demás lo saben. Puso en marcha la mecha, la pólvora se quedó en el aire, pero el Chelsea no supo dónde escondía la pelota. El azar se la arrebató de los pies cuando respiraba gol; pero así es el azar, rompe los juguetes.

El entorno. Alrededor del Barça casi no hay ruido en estos tiempos porque el fútbol ha sobrepasado la falta de armonía del entorno. Ese hecho se traspasa ahora a la esencia de su juego; excepto algunas pájaras que sufrió el equipo azulgrana a mediados del pasado invierno, Pep Guardiola ha sido capaz de mantener una diapasón similar; y aunque han sido conocidas sus estrategias, la paciencia reiterada con la que las ha desarrollado, partido a partido, los equipos contrarios se han sentido siempre impotentes para darle respuesta a una técnica que se parece mucho a la de la música: te envuelve, te hace cómplice, te desarbola. Pero el Chelsea es un equipo que conoce muy bien por dónde el Barça se duele, y en ese costado metió ayer su casualidad.

La literatura. El Barça no es un equipo literario, romántico; esas son triquiñuelas con las que sus seguidores nos hacemos a la idea de estar viviendo en un mundo fantástico, fuera de este universo del fútbol. Pero es fútbol, nada más. Y nada menos. El Barça es sólido y práctico; lo que hace está en su genética (que viene de Michels, de Johan Cruyff, de Rijkaard) y se basa en modelos fijos muy concretos: tener el balón, guardarlo y pasarlo de inmediato. Rexach decía: un pase bien, dos regular, tres molt malament. Y así juega el Barça, a un pase, para que no salgan las cosas molt malament. A ese fútbol concreto que se hace realidad en los pies de Busquets se han sumado héroes de la discreción rematadora. Como Alexis. Ahí está, haciendo de la decisión parte de la teoría del medio campo, de donde parte el arte. Su primer disparo fue una afirmación sencilla frente a la retórica El Chelsea opuso realismo, resignación y arterias bien engrasadas para arañar donde le duele a Pep.