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El partido de la supervivencia

Copa del Rey | Valencia 1 - Barcelona 1

El partido de la supervivencia

El partido de la supervivencia

Un Barça más luchador que artista igualó el gol de Jonas. Puyol empató a la salida de un córner. Messi falló un penalti . Pinto debió ser expulsado.

El Camp Nou dictará sentencia tras un partido de ida en el que el Valencia y el Barça pasaron por todos los estados mentales posibles. Ambos equipos se vieron ayer contra las cuerdas; estuvieron cerca de sentenciar; tuvieron sustos, oportunidades y agravios arbitrales. A todas estas circunstancias sobrevivieron dejando pendiente la resolución de la semifinal para dentro de una semana en un encuentro que se adivina tan apasionante como el de ayer, mucho más disputado que bonito.

El Valencia se fue del campo lamentando que el colegiado no expulsara al calamitoso Pinto, que en su primera acción comprometida cortó con el brazo fuera del área una incursión de Soldado. Esa jugada, roja clara, pudo marcar el partido. Pero no es menos cierto que los locales, durante muchos minutos se vieron a merced de un Barça que con un punto más de frescura hubiese sentenciado la eliminatoria en Mestalla.

Que el mejor jugador del Barça fuera, de largo, Puyol marca bien a las claras el paisaje en el que se mueve el Barça actual. Se tira más de la casta y del orgullo que de la clase, especialmente, porque Messi no está para finalizar. Es tan bueno que su contribución al juego nunca es negativa. Es tan profesional, que nunca se esconde, pero ese punto de lucidez exclusiva que le eleva por encima de los demás en los últimos diez metros, hoy brilla por su ausencia. Tanto es así, que incluso falló un penalti.

Jugar y golpear.

Estaba claro de antemano que a estas alturas de la película, las sorpresas entre Unai y Pep son las justas. Se conocen demasiado como para darse sustos. Aun así, Guardiola, en un ejercicio de funambulismo táctico en la regulación de su plantilla decidió salir a jugar el partido dejando a Alves y Xavi en el banquillo. Visto con perspectiva, que el Barça saliera con un empate de Mestalla sin poder utilizar a sus dos mejores peloteros (Iniesta y Xavi) es digno de elogio.

A pesar de estas ausencias, que se trataron de suplir con el enorme despliegue físico de Fàbregas y con un Messi más creador que goleador, el Valencia supo mantener el tipo siendo fiel al guión que siempre le ha funcionado ante los barcelonistas. Un argumento que se resume en "vosotros jugáis, que nosotros golpeamos". Y golpearon con el palo de siempre. Con una banda izquierda formada por Jordi Alba y Mathieu, un tipo que siempre que ve una camiseta blaugrana delante se transforma en una mezcla de Gordillo y Briegel. Una transmutación que, por cierto, debería de ser estudiada por la ciencia.

Como no podía ser de otra forma, una llegada de Mathieu dio origen al gol de Jonas. Todo un palo para el Barça, que a falta de brillantez, trataba de madurar el partido esperando su momento. El tanto del Valencia sumió al Barça en una depresión que exigía una solución drástica. Y ahí apareció Puyol. Gigantesco estuvo el central, que vive una segunda juventud. No sólo estuvo titánico en defensa, sino que fue el único que vio puerta. Su gol de córner deja el penalti fallado por Messi, que necesita vacaciones urgentes, y el poste de Alves en jugadas que cobrarán su importancia real dependiendo de lo que pase en el Camp Nou.