La Real se mete en problemas

Liga BBVA | Real Sociedad 1 - Hércules

La Real se mete en problemas

La Real se mete en problemas

Djukic debuta con victoria en el Hércules. Los de Lasarte, a seis de la salvación. Portillo y Drenthe, goleadores alicantinos. Ifran marcó el gol del honor.

Los que saben de fútbol aseguran que cualquier cambio de entrenador produce un efecto positivo inmediato en la plantilla. Era lógico que el Hércules mostrara otra cara en Anoeta. Pero lo que nadie esperaba es el volantazo que dio el equipo alicantino ayer en San Sebastián para meterse de nuevo en la carrera por la permanencia. Sencillamente el Hércules de ayer fue el día, y el de hace dos semanas fue la noche negra y cerrada. Los jugadores han asimilado lo que quería Djukic en un tiempo récord y ahora ven el futuro con esperanza. El serbio quería un partido práctico y sin demasiadas florituras. Ganar desde el orden, el sacrificio y el compromiso defensivo. Y así fue.

La derrota deja a la Real muy tocada. El equipo de Lasarte se veía salvado pero ahora ve los puestos de salvación a dos partidos y acumula una racha de seis encuentros sin ganar. Y lo peor no son los datos sino las sensaciones. Ayer no hubo ni rastro del equipo vertical que machacaba a sus rivales desde su línea de mediapuntas. Prieto, Zurutuza y Griezmann están planos y sin ideas. Y eso es una losa muy pesada. Todavía tienen margen pero o espabilan pronto o sin darse cuenta se van a ver inmersos en un problema gordo y con poco tiempo de reacción.

El Hércules sigue en descenso (un punto por debajo del Zaragoza) y como bien dijo Djukic, aún no ha hecho nada. Pero la foto de Anoeta es la de un equipo que quiere salvarse y, sobre todo, que tiene potencial para ello. El duelo lo empezó a ganar Djukic el pasado martes, cuando prohibió entrenarse a Drenthe por sus reiterados retrasos. Fue un toque de atención al holandés que captó no sólo el interesado sino el resto del plantel. El reflejo de ese golpe en la mesa se vio ayer en el campo. Drenthe machacó el partido en la recta final pero desde el principio tiró del carro. Recogió el fruto y acaparó los flashes con sus goles pero enseñó a sus compañeros durante todo el choque que esta vez sí que quiere de verdad. Las palabras se convirtieron en hechos en Anoeta y lo que hace falta es que su ritmo no pare. Su potencial es inmenso y si sigue así, puede sacar al Hércules del descenso él solito. Sólo así, y de la mano de Djukic, revertirá la opinión de una afición que ya le ha perdonado demasiado.

Otra historia. La superioridad del Hércules se concretó en el marcador en los últimos 20 minutos pero las sensaciones fueron buenas desde el inicio. Hacía tiempo que el equipo alicantino no cogía por el pecho a su rival, fuera de casa, y le explicaba que el partido iba a ser para él. Los futbolistas llevaron al terreno de juego la presión que había ensayado Djukic durante toda la semana. Eso fue cargando de moral a una defensa hasta hace poco desbordada, lo que hizo crecer y crecer a Paz y Juanra, inmensos ayer en la destrucción.

Desde ese punto de partida, el Hércules volvió a la vida. Las primeras ocasiones fueron suyas. Dos cabezazos de Valdez, otro de Portillo y un disparo de Aguilar probaron la fiabilidad de Bravo. Kiko era un puñal por banda derecha y se olía el gol visitante. La Real esperaba, quizás sabedora de que el Hércules no marcaba fuera desde octubre. Entonces llegó la mejor ocasión de la primera mitad. Griezmann sentó a Juanra y solo ante Calatayud la mandó fuera. Era el minuto 43 y en cualquier otro partido de esta temporada el balón hubiera ido a la jaula y el Hércules habría maldecido otra vez su suerte.

Pero hasta los astros se aliaron con Djukic en su debut en España. Tanto que mediada la segunda mitad llegó el milagro en forma de golazo. Kiko se internó por banda y, en lugar de jugar alocado, puso el freno, miró y centró al segundo palo. Allí, apareció Portillo, otra vez Portigol, para volar y romper el mal fario a domicilio con un gran cabezazo en plancha.

La Real se volcó con más corazón que cabeza a por el empate y entonces apareció Drenthe para sentenciar. Primero, dribló con algo de suerte a Carlos Martínez y lanzó un misil a la red de Bravo. Inapelable. Luego, se midió en carrera a Zurutuza y fusiló a Bravo. Ifran sólo pudo hacer el del honor.