Vidas paralelas, pero menos

LIGA BBVA | REAL MADRID-BARCELONA

Vidas paralelas, pero menos

Bernardo Salazar repasa en AS.com la historia de los clásicos Real Madrid-Barcelona.

Madrid y Barcelona son actualmente las dos ciudades más importantes del Reino de España. Desde sus respectivas fundaciones, muy anterior Barcelona a Madrid, se han configurado con sus pobladores, sus estructuras sociales, sus ilusiones, leyendas y hechos reales hasta llegar al siglo XXI.

El estereotipo más manido refleja una Barcelona industrial y trabajadora frente a un Madrid parásito y beneficiado por ser la sede del poder central. Detrás de ello existen múltiples variables reales o ficticias que han creado una rivalidad manifiesta.

En el ámbito futbolístico no es por casualidad que los clubes que llevan el nombre de ambas ciudades sean los líderes en poderío social, económico y consecuentemente deportivo, siendo reflejo vivo de esa rivalidad.

Fue Mestrio Plutarco, nacido en Queronea (Grecia) en el siglo I de nuestra era, bajo el imperio de Claudio, quien escribió las Vidas Paralelas, una colección de veintitrés parejas oponiendo a un personaje griego con otro romano. El paralelismo se cumplía porque ninguno de cada par vivió en la misma época. Por eso me he permitido añadir el pero menos ya que las dos instituciones objeto de este artículo cruzarán numerosas veces sus trayectorias históricas.

El aficionado a unos colores, el hincha, renuncia a toda sofisticación moral. Es capaz de ver la paja, muchas pajas, en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio, porque le está negada esa lucidez que considera sólo debe preocupar a su rival. Al adversario hay que contemplarle con respeto, pero sobre todo con desconfianza. No hay que entenderle sino combatirle y, por supuesto, derrotarle no sólo sobre el terreno de juego sino fuera del mismo. La frase de ganar de penalti injusto y en el último minuto la acepta de todo corazón cualquier seguidor de cualquier equipo por muy antideportiva que sea. Si no fuera así, no habría forofos azulgranas o merengues, culés o vikingos. El hincha es apasionado y visceral hasta adquirir tintes de irracionalidad. Cualquier 'leyenda urbana' que perjudique al rival se da por buena y se repite tantas veces como sea preciso hasta convertirla en una verdad aceptada por todos, fomentando el fuego de la pasión. En ello se han distinguido la mayoría de las publicaciones con tintes azulgrana de los tiempos más recientes.

La Historia, con mayúscula, es otra cosa. Se basa en hechos reales, incontrovertibles. Tal día, en tal campo se jugó tal partido; tal fue su resultado, con tales protagonistas. Esta es la Historia. Distinta puede ser su interpretación. Cada uno de nosotros puede analizar por qué se dio dicho resultado y achacarlo al comportamiento de los jugadores, técnicos o árbitros, incluso a la climatología, el estado del terreno de juego, el ambiente de las gradas o la suerte. Pues muy bien, pero el resultado es inamovible. Y la Historia y su interpretación, en muchos casos, se convierten en gasolina que no ayuda a apagar el fuego de la pasión sino todo lo contrario, cuando en demasiadas ocasiones debería enfriar con su objetividad una temperatura insoportable que puede conducir a la violencia.

De un tiempo a esta parte, la mayoría de los comunicadores futbolísticos han tomado partido claramente por unos colores. Son hinchas de un club y lo manifiestan abiertamente, sin ninguna duda, con fogosa lealtad a sus colores, con entrega irracional, con vehemencia impropia de la superior condición intelectual que debe adornar a los líderes de opinión. Y queriendo, o involuntariamente, mistifican los hechos, los adulteran, para servir a sus fines de forofos, llegándose a creer sus propios inventos.

Con la serenidad de ser imparcial en esta guerra, me considero capaz de narrar los hechos que conforman esta gran rivalidad Madrid-Barça sin sectarismo, intentando lograr la máxima objetividad y basado en sólidos argumentos. Los lectores y sus comentarios serán mis jueces.