El Málaga le pone suspense

Segunda | Málaga 1 - Nàstic 2

El Málaga le pone suspense

El Málaga le pone suspense

Cayó ante un Nàstic superior y con más estilo. No aguantó ni cinco minutos el 1-0 de Paulo Jorge. Defendió mal la estrategia. El Sporting ya le iguala

El Nàstic no se va a Segunda División B. Lo dijo ayer en La Rosaleda, donde jugó un partido señorial, que le sirve para escapar del descenso y pensar que es posible. Que es posible el ascenso también lo piensa el Málaga, pero que cada vez es más complicado también. Porque el Málaga fracasó otra vez en La Rosaleda, que se ha convertido en un chollo. Frágil y desconfiado, no supo ni conservar el 1-0, que había hecho Paulo Jorge de falta. Se volvió huidizo, desconfiado. Y cada jugada de estrategia era una tortura. Por eso empató el Nàstic, con un remate de Abraham. Y por eso remontó con el gol de Mairata. El Nàstic sueña con razón, porque jugó con autoridad, quiso el balón y fue mejor que el Málaga casi siempre.

De pronto, al Málaga le ha entrado el miedo a subir. Parece paralizado, sin capacidad siquiera para creerse merecedor de ir ganando el partido. Pareció apiadarse del Nàstic, que había empezado moviendo con sentido el balón apoyado en la firmeza de Buades y en la fortaleza de Diop, que cuajó un partido extraordinario. Aun así, Hidalgo cayó en la frontal y Paulo Jorge, listo, metió el balón en el único agujero libre de la portería. Procedente de los focos del Benfica, donde veía lleno el estadio Da Luz cada dos semanas y soñaba con ser estrella, allí o en cualquier sitio, Paulo marcó su primer gol con la camiseta del Málaga en la jornada 36. Y explotó, como queriendo demostrar que él vino por algo. Qué gol más amargo.

Porque mientras Paulo Jorge se expresaba, el Nàstic ya estaba esperando en el centro del campo, confiado. Seguro. Ferrando aplaudió y siguió con su plan adelante. Un plan con grandeza, tener el balón, llegar y confiar en los titubeos del Málaga, que tiembla en cada saque de falta. Al Nàstic le hicieron falta cuatro minutos para empatar. Sí, de estrategia.

La posición del Nàstic sólo se explica en su pachorra defensiva. No es agresivo, y por eso le llegan con facilidad. Cheli le hizo daño a Mingo en el lateral e Hidalgo, el único que demostró carácter ganador en este grupo dubitativo, se movió a sus anchas entre líneas. Rozó el gol en alguna ocasión, pero era un día para el Nàstic, que esperó alguna estrategia más. Sabía que tendría unas cuantas porque Moisés, perro viejo, le buscó las cosquillas como quiso a Hélder y Weligton, alarmantemente tocado, pero que quiso aguantar con honradez, pero no con acierto.

El segundo gol reventó el partido, porque el Nàstic, jugón y con estilo, rompió al Málaga y llegó a Goitia un par de veces para matar el partido. No lo hizo y se desesperó el Málaga, que encontró al Peragón más negado de la temporada y rezó por la aparición de Sandro, aclamado por la grada de La Rosaleda como un Mesías. Era el último as en la manga, el recurso desesperado, y apareció a quince minutos para el final. No hizo nada.

Calleja y Cheli hicieron kilómetros casi para un maratón, pero no encontraron un socio. Porque falta fe. La que ha perdido Baha, torpe y lejos de su mejor nivel. Se ha visto una versión tan exuberante del marroquí que ahora cada actuación suya resulta decepcionante. Tiene justificación. Ha jugado mucho, tal vez demasiado por la ausencia de Salva. Se le ha encendido la luz de la reserva y además juega tocadísimo. No está.

Mató bien el partido el Nàstic, cuyos goles cayeron casi al tiempo que los del Sporting. El mundo se le vino encima a La Rosaleda, que acabó desesperada porque el Nàstic mató bien el partido. Perdió el tiempo justo, asustó en los contragolpes necesarios para que el Málaga no se preocupase y le puso mucho corazón. Porque ve el infierno cerca y ahí nadie quiere estar. El Málaga lo sabe bien porque también vio el fuego cerca el año pasado. Este año parece que ha preferido jugar con él. Mientras el Nàstic pide jornadas y minutos para salvarse, el Málaga está que pide la hora, asfixiado. Se le puede pedir un esfuerzo más, porque no llegar a Primera sería dramático. Pero tampoco se pueden pedir imposibles. Y se están dejando todo.