"A Primera se llega disfrutando; el estrés no ayuda a ascender"

Fútbol | Los lunes del Asador Donostiarra

"A Primera se llega disfrutando; el estrés no ayuda a ascender"

"A Primera se llega disfrutando; el estrés no ayuda a ascender"

El Numancia pasa revista. El Numancia manda en Segunda, con el cuarto a doce puntos. Y en la categoría están Real Sociedad, Celta, Cádiz, Sporting o Elche. Pacheta, Arconada y Moreno explicaron lo casi inexplicable en el Asador Donostiarra.

Todo suena a sobrenatural cuando se habla del posible ascenso del Numancia a Primera. Desde el presupuesto del club al tamaño de la ciudad y de la provincia, desde las infraestructuras a la demografía. Pero Soria es tierra acostumbrada a los milagros. Hace doce años echó a tres primeras de una Copa con ida y vuelta y asustó al Barça, con 10.000 sorianos en las gradas del Camp Nou. Y subió dos veces a Primera. Y se mantuvo una temporada en la que se marcharon a Segunda tres campeones de Liga: Atlético, Sevilla y Betis. Ahora la cosa marcha sobre ruedas. Con José Rojo Martín, Pacheta (Salas de los Infantes, Burgos, 1968), como director deportivo; con Gonzalo Arconada Echarri (San Sebastián, 1961) como entrenador, y con Juan Carlos Moreno Rodríguez (Barcelona, 1975) como buque insignia del vestuario. Le llevan doce puntos al cuarto jugando al ataque, lo que tiene un mérito añadido si uno se llama Numancia.

"Soria tiene 40.000 habitantes y la provincia, 80.000. En la capital no nacen más de 200 niños al año. Es casi imposible hacer cantera con esta población. Y aún así, estamos orgullos de una ciudad deportiva que nos permite tener 300 niños en categorías inferiores. Imagínense el mérito que tiene meter al Numancia en Primera. Aquí muchos chavales se marchan de juveniles porque en Soria sólo pueden estudiarse seis carreras: Ingeniería Agraria, Forestales, Enfermería, Fisioterapia, Empresariales y Magisterio ". Así comienza Pacheta a explicar lo inexplicable. Es difícil encontrar a nadie con más autoridad para hablar de carestía. Compatibilizó el fútbol con su profesión de ebanista (un escudo de madera hecho por él aún cuelga de la sala vip de las oficinas del Numancia) casi hasta la mitad de su carrera (Burgos, Numancia, Marbella, Mérida, Espanyol y otra vez Numancia) y reconstruyó la plantilla con coste cero. Toché, Quero, Jacobo y hace días Aragoneses llegaron gratis. A Carmelo le cedió el Levante, que paga dos tercios de su ficha. "El presupuesto del club es el tercero más bajo de la categoría, después de Éibar y Racing de Ferrol: 4,4 millones de euros. Ningún jugador tiene una ficha superior a 150.000 euros y la media anda en 100.000. Tenemos 3.600 socios y al campo van 4.000, que no está mal. Es el 10% por ciento de la población de Soria, algo así como llevar 400.000 al Bernabéu cada domingo". Unas cifras compiten en modestia con otras, pero Pacheta está convencido de que el dinero decide poco en la categoría: "Después del primer ascenso, y para buscar la permanencia, nos volvimos un poco locos. Y lo pagamos. El descenso posterior dejó un agujero de 11 millones de euros. Y pasamos dos años duros. Lo asumió el presidente con una ampliación de capital de casi 17 millones. No ha vuelto a repetirse. No hemos tenido una denuncia por impagos a futbolistas en siete años y llevamos tres dando beneficios. Hay quince jugadores renovados para la próxima temporada y todos los contratos están condicionados. Fijamos sueldos para Primera, para Segunda... y para Segunda B".

Segunda B. Lo que ahora suena a broma sonó a amenaza en el verano. "No ganamos un partido de pretemporada", recuerda Moreno, canterano blaugrana, miembro de la Quinta del Mini (De la Peña, Óscar, Roger, Celades, Velamazán, Quique Álvarez...) y honrado trotamundos de Primera y Segunda (Albacete, Lleida, Recreativo, Extremadura, Terrassa y Numancia). En Soria ha jugado más que en ninguna otra parte, seis temporadas, lo que resulta chocante después de que le metiera al Numancia, vestido de azulgrana, dos goles en Los Pajaritos en aquella milagrosa Copa del 96. "Lo del ascenso no se lo creían ni los jugadores ni yo", remata Arconada, hermano de la leyenda de la Real y también portero en equipos de Regional ("De Luis me separan ocho centímetros y sus fabulosas piernas"). Entrena desde los 16 años y pasó siete en el Real Unión, dos en el Beasain, cinco en la Real (dos meses como responsable del primer equipo) y uno en el Burgos. "Primero pensamos que Goiko continuaría, pero se marchó al Hércules. Gonzalo estaba entonces en conversaciones con el Alavés, pero la cosa se trabó y nosotros anduvimos rápidos. Respetamos al Burgos hasta que jugó el último minuto de la eliminatoria de ascenso. Pero a las siete cayeron en Sevilla y a las ocho ya estábamos nosotros hablando con Arconada", explica Pacheta.

Los inicios.

Pacheta, burgalés, tenía buenos informes de Arconada. El presidente, también. "Pero el comienzo fue difícil", apunta el técnico. "Los resultados de pretemporada eran malos y encima llegó un entrenador que volvía locos a los futbolistas. No éramos optimistas. Y, para colmo, llegamos al primer partido con seis bajas. Pero ganamos 3-0 y...". "Fue un cambio radical y a futbolistas de 28, 29 o 30 años nos costó asimilarlo. Todo se hacía con balón y todos los entrenamientos estaban llenos de juegos que nos hacían pensar. 'Si estamos en esto porque no valíamos para estudiar, ¿cómo van a hacernos pensar?', bromeábamos. Si dábamos dos toques no podíamos pasársela a determinados jugadores... '¡Lo que ha cambiado el fútbol en un verano!', llegamos a pensar", confiesa Moreno. "En el fútbol hay que pensar, tomar decisiones constantemente y los ejercicios consisten en ponerles a los futbolistas problemas que luego se encontrarán en el campo. Por eso deben entrenarse las soluciones", explica Arconada. La apuesta tenía riesgo, reconoce Pacheta: "Es una metodología difícil. Lo sencillo es poner a un equipo a hacer series de 100 metros, pero obtener los mismos resultados sin dejar de trabajar con el balón exige un gran esfuerzo del entrenador".

Hasta hace siete años Arconada compatibilizaba el banquillo con su trabajo en la empresa familiar. Fue la Real quien le exigió dedicación exclusiva: "En el banquillo se sufre. En mi primera semana como técnico del primer equipo perdí cuatro kilos. Recuerdo que tenía mucho miedo a lo que captaran las cámaras el día del debut en Anoeta, pero luego no volví a acordarme de ellas hasta que acabó el partido. Tengo que reconocer que fue en la Real donde más crecí como entrenador. Hay una estructura fantástica. Lo que pasó luego en el primer equipo queda en un anécdota. En Soria la cosa es más relajada".

La falta de grandes expectativas ha acabado por ser viento de cola para el Numancia: "El mensaje a los jugadores es: 'Vamos a disfrutarlo'. Ése es el camino para subir. El estrés lo tienen los que pelean por la tercera plaza y no ayuda en esta vida ni a ascender ni a nada. Y nosotros entendemos por disfrutar tener una posesión del 70 por ciento, ser dueños del balón. Eso hace crecer a los jugadores". Sólo el Málaga aguanta ese ritmo: "Es que es el mejor equipo, el de más empaque, el más trabajado. A lo mejor el Celta tiene mejor plantilla y en un día te la puede liar, pero el Málaga es más sólido". Alguien pone un balón envenenado en la tertulia. Bolo, uno de los delanteros del equipo, no ha marcado un solo gol. Arconada sale al corte: "Nos está dando otras cosas. Yo prefiero tener el gol repartido, porque si el gran anotador se te rompe no tienes alternativas. Os acordáis que Hasselbaink era pichichi el año en que el Atlético se fue a Segunda...".

Arconada es una computadora. Recita el calendario de los dos próximos meses sin trastabillarse, recuerda el único minibache ("un punto de nueve") y establece con nitidez aritmética dónde está la frontera del ascenso: "En una Liga de 22, siempre se ha subido con 75 puntos, pero sólo ha sido necesario llegar a esa cifra dos veces. En otras dos se subió con 73. Y en el resto no hicieron falta tantos puntos. Incluso con 67 se ha llegado a Primera. El Valladolid, que dominó el año pasado, tenía un colchón de 14 puntos a estas alturas. Nosotros tenemos 12". Sorprende la facilidad con la que maneja las cifras, pero es que en ellas está su futuro: si asciende renovará automáticamente. También es metódico en su trabajo. El equipo descansa los martes (o los lunes si juega el sábado), hay un partidillo entre semana y el técnico edita los vídeos para mostrárselos a los jugadores. "Les enseño sólo los detalles. No pasamos más de quince minutos delante de las imágenes".

Y luego está el frío polar de una ciudad a 1.060 metros sobre el nivel del mar, que entre noviembre y marzo se convierte en el jugador número doce. "Aquí ha venido este año un canario, Carmelo, que lo pasó fatal al principio. Yo he jugado en este estadio y tengo que reconocer que ganamos algunos partidos en el descanso. Metíamos uno o dos goles nada más entrar en las segunda parte porque el rival estaba congelado. 'No puedo ni abrir la boca', me dijo una vez Cáceres, aquel que jugó en Valencia, Zaragoza y Celta", cuenta Pacheta.

De Primera aún se habla poco. Servirá el estadio y servirán al menos quince jugadores del equipo. "Es que son futbolistas de Primera -dice Pacheta-. En esa categoría es en la que más he jugado y sé que hay mucha diferencia con Segunda. Pero un equipo de Primera se hace con un equipo poderoso de Segunda. Doblar tu presupuesto no asegura la permanencia".

La autovía.

El ascenso tiene otra cara, más reivindicativa y más útil para la ciudadanía. Es más fácil poner en el mapa a Soria con el Numancia en Primera. Y de verdad que lo necesita. El pequeño tramo de la A-2 que la atraviesa, camino de Zaragoza, es el único de autovía que existe en la provincia. Las obras del doble carril entre Medinaceli y Soria están en marcha y por adjudicar el recorrido entre la capital y Tudela. En estudio y con problemas con los propietarios de varios viñedos se encuentra la ampliación de la carretera de Valladolid. "Un Numancia en Primera podría servir como impulso de estos proyectos", queda como conclusión final.

El Ayuntamiento tiene firmado un convenio con el club por el que paga 360.000 euros anuales durante diez temporada. El dinero sufraga la deuda del estadio. "Los ayuntamientos no tienen conciencia de la publicidad que da a una ciudad un equipo en Primera ni existe un estudio del impacto económico que puede tener". Pasa en Soria, donde el alcalde, Carlos Martínez, es hincha del equipo y pasa en casi todas partes: al fútbol le cuesta un mundo cobrarse lo que genera.