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Más sombras que luces

Segunda | Celta 2 - Poli Ejido 1

Más sombras que luces

Perera salvó un pésimo espectáculo ante el colista

Decíamos que el partido de ayer era un examen final para el Celta. Pues lo aprobó. Y punto. Porque lo hizo copiando, dando el cambiazo. O eso o que el profesor se jubilaba y regaló un aprobado general. Y es que durante 70 minutos el Celta dio pena. Así de claro.

Al final cuentan los resultados, pero el indulto que concedió Balaídos debe ser temporal. Este equipo tiene que dar mucho más y no sólo limitarse a un chispazo de Okkas u otro de Perera. Hay que ganar por tener mejores futbolistas, pero también por ser mejor equipo. Y ayer el Celta fue una pandilla de amiguetes que se reunieron a jugar. Unos muy buenos; otros, no tanto, pero todos ellos sin orden ni concierto.

Empecemos: no se puede apostar toda la semana por jugar con dos delanteros y que la intención te dure diez minutos. Al final, Canobbio ni sabía por donde tenía que jugar. Diego Costa, entre que resbalaba y se ponía en pie, se fue al banquillo sin enterarse de nada. Y Quincy, cuando salió, tres cuartos de lo mismo.

Vamos, que la pizarra fue un desastre. Castro Santos superó con creces a su rival, pero poco más se puede pedir a la plantilla del Poli Ejido. Bastante hizo con tutear durante una hora a un 'gallito' de la categoría. Aunque sea a uno que ha perdido la cresta en algún lugar del camino.

Mejor ahorremos adjetivos para ilustrar la primera parte. Los silbidos y gritos en contra del equipo en el descanso lo dicen todo. El Celta llegó dos veces escasas: en la primera Agus cabeceó con insultante facilidad el 1-0, y en la otra, Usero salvó en la línea un gol cantado de Diego Costa. El Poli, por su parte, atacó una vez. Cómo no, todo lo que va a puerta contra el Celta es gol. Vitolo perdió un balón y Toedtli superó a Vila y a Esteban.

Ley de Murphy. ¿Y por qué estaba Vila cerrando? Porque Rubén, renqueante de un tobillo toda la semana, se llevó un fuerte golpe en la cadera y tuvo que ser sustituido y, como López Caro volvió a demostrar que el filial es sólo un bonito adorno, prefirió jugársela sin defensas suplentes. Se olvidó de la Ley de Murphy.

Tras el descanso la cosa no pintaba mejor. Tan sólo los bravos laterales intentaban una y otra vez superar las montañas que Castro Santos situó ante su portería. Para escalar estos Pirineos, Sales eligió el camino andorrano. El sevillano superó a Bernaus y forzó la segunda amarilla de este súbdito del Principado.

Con uno menos y muy cansado, el Poli empezó a sufrir demasiado. Entonces apareció Okkas. Tener al chipriota en el banquillo es un lujo inaceptable. Revolucionó el partido, le sirvió a Perera (hay que estar ahí, claro) el gol del triunfo y rescató la cabeza del equipo y quién sabe si la de alguien más.