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La Grama pincha el globo

Copa del Rey | Gramanet 1 - Barcelona 0

La Grama pincha el globo

La Grama pincha el globo

rodolfo molina

Echó al Barça en la prórroga con un gol de Ollés

Oscar Ollés añadió anoche su nombre al de otros héroes humildes, como antes lo hicieron Cali Garrido y Antonio Jesús Madrigal, hombres que en una noche inspirada reunieron a su alrededor micrófonos, cámaras y blocs de notas ávidos de sus declaraciones. Ollés no estaba entre los once elegidos de la Gramenet para jugar como titular, pero cuando entró por Miki Albert, en el minuto 69, quizás sintió en su pecho un chispazo, algo especial. Le tocó a él firmar el gol del triunfo, el que eliminó al Barcelona de la Copa del Rey, como hace unos años hicieron el Figueres y el Novelda, otros modestos, habitantes de la Segunda B, que de tanto en tanto asoman el orgullo para reclamar el debido respeto.

En un encuentro heroico, bajo una intensa lluvia, con prórroga y calambres propios del agotamiento físico incluidos, la Grama se apuntó a la relación de bestias negras de la otrora gloriosa historia copera del Barça. El conjunto colomense, vecino pobre y dignísimo, no sólo habrá cubierto con el lleno de anoche la cuarta parte de su presupuesto (1,1 millones de euros, la ficha de uno de los blaugrana peor pagados), también tendrá en su recuerdo, desde ahora y para siempre, la gran cita del 27 de octubre de 2004.

Trabajado. Julià García pertenece a esa silenciosa legión de entrenadores que hacen su labor con seriedad, profundo amor por el fútbol y un encomiable espíritu de sacrificio. La Grama tiene el alma que le transmite su entrenador, y más allá de que ande con paso incierto este año por el Grupo III de Segunda B, afronta cada partido con el aire trabajador que garantiza al menos el orgullo deportivo. Anoche, contra todo un Barça, a los jugadores no les hizo falta prepararlos psicológicamente, y salieron desde el primer minuto de juego a comerle los higadillos a los cracks millonarios.

La presión que ejerció la Grama desde la línea de ataque y, sobre todo, en el medio con Pons, Xavi Gràcia y Dimas, redujo los espacios para que maniobraran Xavi, Márquez e Iniesta. Esa fue la primera lucha que ganó el equipo de Julià, aunque fuera a base de resignar sus escasas posibilidades de llegar hasta el debutante Rubén. Aun así, el portero tuvo un par de problemas antes del descanso, cuando Aarón lo obligó a estirarse para desviar un zurdazo cruzado y poco después para salir, a destiempo, ante una internada de Miki Albert.

El Barça llegó tres veces, pero la más clara la tuvo Larsson justo cuando comenzaba el minuto añadido: cabeceó solo, solito, un centro de Giuly, pero lo mandó fuera de la portería de Castilla. La noche amarga del sueco siguió en la segunda parte y durante toda la prórroga, víctima de un excelente marcaje de Emiliano y sus compañeros de defensa. Porque aunque el Barça salió en tromba después del descanso, fue incapaz de batir a un Castilla que, por momentos, pareció producto de un error en la planilla de las alineaciones: era Casillas, un gigante de la portería.

Ni con la inusual aportación ofensiva de Márquez, ni con una posesión de pelota superior al 65 por ciento -con Xavi, como siempre, omnipresente-, ni con más de una veintena de tiros a portería ni con la entrada de Etoo por Messi (condenado a la banda izquierda), ni con todo eso fue capaz el Barça de hacerle un gol a la Grama. Y entonces apareció Ollés, reclamando su trocito de historia, para pillar en babia a la defensa culé. Y esta vez no estaba Ronaldinho, lesionado, para arreglar el estropicio.

tortura en forma de platillos

Los técnicos y suplentes del Barça soportaron la curiosa manera de animar de un seguidor de la Gramenet, que armado con unos platillos no cesó de hacer ruido.