Los Futbolísimos Los Futbolísimos Los Futbolísimos Los Futbolísimos

El misterio del mundial en áfrica

Roberto Santiago

Las puertas del viejo campo de fútbol de Chawana-Makeni se abrieron de par en par.

Una multitud salió cantando, bailando, saltando… y llevando en hombros a la gran heroína del partido:

Anita.

Una portera suplente que había marcado… ¡seis goles!

Miles de voces entonaban una canción al unísono:

Es la niña maravilla

Riki-Riki

Riki-Riki

And Anitaaaaaaaaaaaa

Desde el césped, vimos salir del campo a nuestra compañera. Iba riendo, con los brazos en alto, rodeada de espectadores enfebrecidos y periodistas.

—El público se ha olvidado de nosotros —dijo Toni, rascándose la cabeza, viendo cómo se alejaban.

—Casi mejor, a mí las multitudes me agobian —contestó Tomeo.

—Es injusto, parece que hubiera ganado ella sola el partido —dijo Marilyn.

—Bueno, es que ha ganado ella los dos partidos, ¿no? —dijo Ocho.

—El fútbol es un juego de equipo —intervino Helena—. Por mucho que haya marcado todos los goles, no podría haber hecho nada sin nosotros…

—Yo no he hecho gran cosa, lo reconozco —dijo Angustias.

—¿Creéis que en la final seré el portero titular? —preguntó Camuñas.

—Olvídate, compañero —respondió Ocho con sinceridad—. Prepárate a chupar banquillo.

Por un lado, estábamos felices, habíamos ganado a uno de los mejores equipos del mundo. Y al día siguiente jugaríamos la gran final.

Pero por otro… era triste ver a Anita ignorándonos. Nuestra compañera estaba muy cambiada.

Los entrenadores, el director del colegio y mi madre se acercaron desde la banda.

—¡Ey, pero bueno! ¿A qué vienen esas caras largas? —dijo Alicia.

—Habéis conseguido algo histórico, chicos —dijo Felipe—: ¡Llegar a la final del Mundial infantil! ¡Estamos muy orgullosos de vosotros!

—¿Quién lo iba a decir? —soltó Esteban, con una sonrisa de oreja a oreja—. Hace poco el equipo estaba a punto de desaparecer y ahora… ¡zasca! ¡Riki ¡Riki!

—Eso sí, pero da la impresión de que Anita lo ha conseguido sola —se lamentó Toni—. Nos sentimos un poco abandonados.

Era muy curioso ver a Toni así.

Él, que siempre iba por libre, alardeando de ser el máximo goleador del equipo, sin embargo, ahora se sentía fatal.

—Todos habéis jugado muy bien —dijo Alicia, exultante—. Helena ha dado dos asistencias, Marilyn ha tapado los huecos, Camuñas ha hecho paradas de mérito, Tomeo dio el pase del último gol…

—Pakete se ha pegado un buen castañazo, ja, ja, ja, ja —añadió Ocho.

Todos rieron la broma. Incluso yo mismo.

—La verdad es que Anita me pegó un buen empujón, ja, ja —dije, recordando la jugada del segundo gol.

—Lo importante es que habéis remontado y que mañana será un día grande para el Soto Alto y para Sevilla la Chica —sentenció Esteban—. He hablado con el alcalde, por lo visto van a poner una pantalla gigante en la plaza del pueblo para ver el partido.

—Como cuando juega la selección —dijo Marilyn.

—Ya te digo —aseguró Tomeo.

En ese momento, se acercó Carine Rodrigues, haciendo la señal de la victoria.

—Enhorabuena, Soto Alto —dijo la presidenta de la FIFI—. Ha sido muy emocionante. Nadie apostaba por vosotros, yo tampoco, la verdad.

Crucé una mirada con Helena. Teníamos que aprovechar.

—Perdone, señora Rodrigues —dije, levantando la mano—. Sé que no es el momento, pero ayer por la noche encontramos unos contratos muy sospechosos en su furgoneta.

—Eran contratos entre usted y varios niños —continuó Helena—, como Anita o Kangachepe Banda.

—Tenéis razón en una cosa —replicó Carine, molesta—. No es el momento ni el lugar. Solo he venido para robaros a vuestros entrenadores: Alicia, Felipe, por favor acompañadme, os necesito para la rueda de prensa con los medios y televisiones internacionales.

—Claro, claro, encantados —dijo Felipe.

—No quiero ser pesado, pero esos contratos con menores de edad, ¿son legales? —pregunté.

Carine me taladró con la mirada.

—Tú eres Pakete, ¿verdad? —me preguntó.

—Sí… o sea me llamo Francisco… —dije, nervioso—. Pero me llaman Pakete.

—Te voy a dar dos consejos, Francisco alias «Pakete» —dijo Carine, muy seria—. No te metas en cosas de los mayores y no te inventes acusaciones sin pruebas. Ahora me voy, el tiempo es oro. Entrenadores, seguidme.

—Pero… —intenté decir.

—Francisco, déjame a mí —me cortó mi madre, encarándose con Carine—. Verá usted, a mi hijo solo le doy consejos yo. Ah, y si el muchacho dice eso por algo será, ¿verdad, cariño? ¿Dónde están esos contratos, Francisco?

—Esto… bueno… se cayeron desde el piso trece —dije—. Pero te prometo que estaban allí y que eran súper sospechosos.

—¿Me estás diciendo que esos supuestos contratos volaron y que no hay ninguna prueba? —dijo mi madre, observándome fijamente.

—Más o menos —admití—. O sea que sí, vamos que no hay ninguna prueba.

—Mira, cariño, te voy a dar dos consejos —dijo mi madre, muy contrariada—. No acuses a nadie sin pruebas… y no te metas en las cosas de los mayores.

—Pero si es lo mismo que me ha dicho Carine —protesté.

—¡Ya, pero ahora lo digo yo que soy tu madre! —exclamó ella—. Y se acabó el tema.

Carine hizo un gesto a los entrenadores y se alejó. Felipe y Alicia la siguieron.

—Luego volvemos —dijo Alicia, encogiéndose de hombros.

—Vamos a una rueda de prensa internacional, je, je —repitió Felipe, entusiasmado.

El helicóptero en el que había llegado la presidenta antes del partido aterrizó en un extremo del campo, Carine, Alicia y Felipe subieron y despegó sin más.

—Se han ido —dijo Tomeo, contemplando cómo el helicóptero se perdía entre las nubes.

—Pensaba que a lo mejor nos invitaban a la rueda de prensa —murmuró Toni.

—No le interesamos a nadie —se lamentó Camuñas—. En serio, ¿creéis que mañana jugaré en la final? Soy el portero titular de Soto Alto desde siempre…

—Las cosas cambian, hijo —le contestó Esteban, pasándole un brazo por el hombro.

Una voz llegó desde la grada.

—¡Detener, arrested! ¡Ellos llevar!

Allí estaba la hermana Clarence, corriendo hacia nosotros, muy alterada.

—¡La policía arrestar! —repitió.

—¿A quién? —preguntó Esteban.

—Policía detener hermana Olabisi y hermana Sonsoles —respondió la monja—. ¡Y arrestar a todas niñas también!

—Pero… ¿a todas? ¿se han llevado a cien niñas de repente? ¿cómo puede ser eso? —dijo mi madre.

La hermana Clarence llegó a nuestra altura y trató de recuperar el resuello.

—Ay, darme flatus… ¿cómo decir? Ah, sí: darme flato —dijo, apoyándose en Tomeo.

—Sé que parezco grande y fuerte, pero en realidad soy bastante flojo —dijo Tomeo, agobiándose—. Si se apoya mucho me puedo caer, se lo advierto.

—Cuente, mujer, cuente —se interesó Esteban—. ¿Qué ha pasado exactamente?

—Llegar captain Mulenga con montón de agentes —relató la hermana Clarence—. Capitán nos tiene jurada, está compinche con constructores de la zona. Cada vez inventar una cosa: quieren echarnos y quedarse con terrenos nuestros.

—Pero no pueden hacer eso —dijo Marilyn—. Ayudáis a muchos menores.

—Ahora decir que nosotras incumplir normativa de seguridad, bla, bla, bla —dijo la hermana Clarence—. Ellos clausurar City of Hope y llevar a todas detenidas.

—¿A las niñas también? —preguntó Helena.

—I don´t know, me parece que sí —contestó la hermana Clarence, muy preocupada—. Yo huir, correr mucho.

—Bien hecho —dijo mi madre—. Una retirada a tiempo es una victoria.

—Necesitar ayuda vuestra, please —dijo—. Sois finalistas de Mundial. Si nos presentamos juntos en comisaría, ellos no atrever a detenernos.

—Yo no quiero que me detengan —reconoció Ocho.

—Yo tampoco —dijo Tomeo—, me está bajando el azúcar solo de pensarlo.

—A mí me viene fatal ir a la cárcel —dijo Toni—. Tengo que concentrarme para la final de mañana.

—Estamos manteniendo una conversación con una fugitiva —señaló Angustias—. Esto ya de por sí puede ser un delito…

—¡Pamplinas! —les interrumpió mi madre—. El Soto Alto va a ayudar a las niñas de City of Hope, faltaría más. ¡Que el fútbol sirva para evitar una injusticia! ¡Vamos ahora mismo a comisaría y donde haga falta!

—Yo te entiendo, Juana —intercedió Esteban—. Es muy loable tu postura, pero somos responsables de los niños, y tú misma has dicho que una retirada a tiempo…

—Mira, Esteban, no utilices mis palabras para dar vuelta a la situación, que la tenemos —rebatió mi madre—. Vamos a ir a comisaría. Contigo o sin ti. Y no me hagas decir otra vez la palabra que empieza por pe, o la vamos a tener muy gorda.

—Se refiere a la palabra «pamplinas» —le soplé a Esteban.

—Yo agradecer muchísimo —dijo la hermana Clarence—. Ser situación desesperada.

—¡En marcha, equipo! —bramó mi madre.

Salimos del campo detrás de la hermana Clarence.

Esteban refunfuñó un poco, pero también vino con nosotros.

—Tu madre mola todo —dijo Camuñas—. A lo mejor si salvamos a las niñas, nosotros también nos hacemos famosos y nos sacan en la tele, como a Anita.

—Se trata de hacer lo correcto y ayudar desinteresadamente —le corrigió Marilyn—. Sin esperar ninguna recompensa.

—Ya, bueno, eso también —dijo Camuñas—. Pero a nadie le amarga un dulce.

—Destino nuestro ser comisaría Distrito 6 de Lusaka —anunció la hermana Clarence—. Famosa por albergar criminales más indeseables de ciudad.

—Genial —suspiró Angustias—. Ya de paso podríamos ponernos un cartel en el cuello que ponga: «estamos buscando que nos pase algo horrible».

—¿Cómo vamos a esa comisaría? —preguntó mi madre.

—Si ellos no incautar autobús nuestro, yo misma conducir —respondió la hermana Clarence.

Capítulo 12 de los Futbolísimos

—Yo tengo en el móvil la aplicación de TaxiAlInstante —dijo Tomeo.

—¿Eso funciona en Zambia? —preguntó Ocho, extrañado.

—Ni idea —dijo Tomeo—. Nunca la he probado fuera de Sevilla la Chica. Bueno, para ser sincero, nunca la he probado en ningún sitio, pero mi padre la utiliza mucho y le dan bonos descuento… a veces.

Nada más salir del campo, nos topamos con el autobús de las monjas.

Estaba aún más destartalado que la furgoneta. Lleno de parches por todas partes.

La hermana Clarence pegó un salto y se puso al volante.

Hizo sonar la bocina.

¡Tiroriro Tiroriro Tiroriro!

—¡Nos vamos! —dijo—. ¡Rescue mission! ¡Misión rescate!

Apenas nos habíamos puesto los cinturones de seguridad, cuando la monja se ajustó las gafas de sol y pisó el acelerador. Salimos disparados de allí.

—No hace falta que vaya tan deprisa, hermana —le pidió Esteban, agarrándose.

—Conducir estilo Lusaka —contestó la hermana Clarence, pisando a fondo—. Aquí siempre ir rápido, por si acaso.

—¿Por si acaso… qué?

—Por si acaso haber estampida de rinocerontes o elefantes —dijo ella como si fuera lo más natural del mundo—, por si acaso aparecer ejército, guerrilla o banda de asaltadores, por si acaso caer lluvia torrencial y todo inundar, por si acaso cortar tráfico para un desfile, por si acaso…

—Vale, vale, yo creo que ya lo hemos pillado.

De camino a la comisaría, estuvimos a punto de chocar con todo tipo de vehículos: camiones, motos, furgonetas, motos y bicis.

Pero la hermana Clarence no se detuvo en ningún instante.

Siempre aceleraba más.

Que un camión estaba a punto de llevarnos por delante, aceleraba.

Que un grupo de motoristas venían en dirección contraria, aceleraba.

Que una furgoneta intentaba adelantarnos, aceleraba.

Conducía como una auténtica kamikaze.

—Estilo Lusaka —se justificó varias veces.

Cuando al fin llegamos, íbamos todos mareados.

—¡Bienvenidos a célebre comisaría Distrito 6! —anunció, señalando un viejo edificio delante de nosotros.

Tenía una valla metálica electrificada alrededor y un policía gigante en la puerta con un fusil más grande que él.

—Dicen que por aquí pasar delincuentes más peligrosos de toda África —aseguró la hermana Clarence, bajando del autobús—. Seguro que exageran… o no, ja, ja, ja.

Cruzamos junto al policía gigantón, que ni se inmutó al vernos. No movió ni una pestaña.

—Good evening —dijo la hermana Clarence al pasar a su lado.

—¿Nos deja entrar sin preguntar? —preguntó Marilyn, extrañada.

—Aquí conocer a mí muy bien —explicó la monja—. Yo venir muchas veces para ayudar niños y niñas que detienen en calles. Luego yo llevar a City of Hope.

—Una cosa, Sor Clarence, que no termino de enterarme —dijo mi madre—. Creía que en City of Hope solo había niñas…

—No, no —dijo la hermana Clarence—. Acoger niños y niñas. Chicos estudiar con nosotras y luego tener familias o centros acogida. Residencia para dormir solo chicas. Ellas ser más vulnerables, ofrecer a niñas también protección noches.

Atravesamos un pasillo desconchado lleno de goteras.

Y llegamos a un mostrador enorme de cemento con una mampara de plástico.

Detrás, había un cartel muy grande en el que se podía leer:

LUSAKA POLICE. DITRICT 6: LAW, JUSTICE, ORDER.

Policía de Lusaka. Distrito 6: Ley, justicia, orden.

La parte central del cartel lo ocupaba una policía negra de uniforme, sonriendo y señalando a cámara. Me llamó la atención, porque hasta ahora no había visto ninguna mujer policía desde que habíamos llegado al país.

En el mostrador, únicamente había un agente muy bajito, con muchísimo pelo y largas patillas. Estaba rellenando unos impresos.

—Qué pelazo afro —dijo mi madre—, me encanta.

—Yo estoy pensando hacerme algo parecido para la próxima temporada —dijo Ocho.

—Sigue soñando —le contestó Toni.

La hermana Clarence se dirigió al agente con familiaridad.

—How are you, sargent Julius?

—Who are these foreigners? —contestó él, levantando la vista, desconfiado—. Are you doing tourism in the 6th district?

La monja se giró hacia nosotros.

—Sargento Julius preguntar si estamos aquí haciendo turismo, ¡ja! —tradujo la hermana Clarence, negando con la cabeza.

Tomó impulso, se apoyó sobre el mostrador en actitud desafiante.

Señaló al sargento y le dijo muy seria:

—We demand to see sister Olabisi and sister Sonsoles! We demand to the girls of City of Hope be released! We demand freedom for all right now!

—Creo que ha exigido que libere a las monjas y las niñas ahora mismo —dijo Helena, traduciendo.

—Para ser una fugitiva, no se arruga —musitó Camuñas, admirado.

El sargento Julius no reaccionó. Simplemente consultó algunos papeles, como si no fuera con él.

—These kids are a very important football team! —le dijo la hermana Clarence, subiendo el tono de voz—. Tomorrow they will play the final of the world championship. If you don´t release the girls… we´ll call the journalist!

—Dice que somos un equipo de fútbol muy importante —siguió Helena—. Y que, si no sueltan a las niñas, llamaremos a la prensa.

—Esto se está yendo de las manos, no deberíamos estar aquí —dijo Esteban.

—Estoy de acuerdo —dijo Angustias.

Julius nos miró de arriba abajo, examinándonos.

—Ok, I´ll do what i can —concedió al fin, descolgando un teléfono—. I´m goint to phone to ask about the situation of these girls. Please, come to the waiting room, you can´t be here.

—Dice que va a intentarlo —tradujo Helena—, y que por favor esperemos en esa sala, que no podemos estar aquí.

La hermana Clarence accedió.

—If the girls are not released in ten minutes, this will be filled with journalist —le advirtió al sargento; luego se volvió hacia nosotros—. Esperar diez minutos y si ellos no soltar a niñas, llamamos a periodistas.

Entramos en una habitación en penumbra. No tenía ventanas. Una solitaria bombilla colgaba del techo, sin lámpara.

Junto a las paredes, había varios bancos de madera.

Una viejísima televisión en blanco y negro emitía un programa local de noticias.

Diseminados, media docena de delincuentes con aspecto siniestro aguardaban en los bancos a que les llamaran. Parecían medio adormilados.

El lugar tenía un aspecto terrorífico.

Nos sentamos con cuidado, mirando asustados a nuestro alrededor.

Entonces, una mujer larguirucha con pendientes enormes, que estaba sentada al fondo, se levantó.

Caminó arrastrando los pies y subió el volumen de la tele, interesada por la noticia que estaban dando.

En la pantalla, apareció… Carine Rodrigues.

Estaba en una sala abarrotada de periodistas.

Habían conectado en directo con la rueda de prensa del CHISOWORLD.

Al lado de la presidenta, había varios niños: su hijo Dino, Kangachepe Banda, María Aparecida y Anita.

—Mírales, que a gusto están —dijo mi madre—. Y nosotros mientras, en este tugurio.

Según iba hablando la presidenta de la FIFI, debajo iban apareciendo subtítulos en varios idiomas.

—La final de mañana será el mayor espectáculo de fútbol infantil que jamás se haya celebrado —dijo Carine, orgullosa—. Los Ángeles Galaxy tiene una plantilla de máxima calidad. Pero, además, acaba de reforzarse con cuatro fichajes extraordinarios.

—¿¡Qué!? —exclamó Toni.

—Es un honor para mí anunciar que Los Ángeles Galaxy ha incorporado a su equipo a… María Aparecida, que proviene del Sao Paulo —dijo Carine Rodrigues—. A Kangachepe Banda, procedente del Zesco United. A mi hijo Dino Rodrigues, que como ya saben es el máximo goleador de la liga brasileña. Y a Anita, la niña maravilla del mundial, que hasta ahora jugaba en el Soto Alto, su rival mañana.

—¡Eso no puede ser! —protestó Marilyn, señalando la pantalla.

—¡Nos han robado a Anita! —exclamó Ocho.

—¡No pueden fichar a menores de edad así como así! —dijo Esteban, muy serio.

—Los padres de estos niños han dado su consentimiento y han firmado digitalmente los contratos desde sus respectivos países —siguió Carine—. Así su incorporación a Los Ángeles Galaxy será inmediata, desde hoy mismo.

—Pero… pero… pero… ¿¡Anita se va a Los Ángeles Galaxy!? —dijo Toni.

—Son unos abusones —se lamentó Tomeo.

—¿Pueden hacer eso en mitad de un torneo? —preguntó Helena—. Seguro que es ilegal.

Carine parecía que nos estaba oyendo, porque dijo a continuación:

—El CHISOWORLD es un campeonato infantil, según su reglamento se pueden hacer todos los fichajes que se quieran en cualquier momento. Lo importante es favorecer el espectáculo y el crecimiento personal y deportivo de los niños.

Nos quedamos completamente chafados, sin saber cómo reaccionar.

—Ah, y eso no es todo —dijo Carine, que estaba en su salsa—. Los Ángeles Galaxy también ha fichado un nuevo entrenador. O, mejor dicho, dos nuevos entrenadores: Felipe y Alicia, que han hecho un gran trabajo en un equipo modesto como el Soto Alto, acaban de firmar un contrato con el Galaxy en pleno mundial.

Las cámaras enfocaron a Felipe y Alicia, que asintieron, nerviosos, tratando de sonreír.

Ahora sí que nos quedamos perplejos.

—¿¡Nuestros entrenadores también nos abandonan!? —preguntó Angustias, desesperado.

—Cada vez que Carine se acerca a alguien, lo corrompe —musité.

Alicia se acercó al micrófono para dar una explicación. Abrió la boca y…

PLOF.

La mujer de los pendientes le dio un golpetazo a la televisión y la apagó.

—Bullshit —murmuró, enfadada

—Creo que más o menos ha dicho «pamplinas» —tradujo Helena—, pero en inglés.

El destino de los futbolísimos está en tus manos