CORONAVIRUS

Tripanofobia: el miedo a las agujas que puede frustrar el objetivo de vacunar a todos

Las personas con esta fobia pueden sufrir ataques de pánico o desmayos al ver agujas, lo que podría llevarles a no vacunarse contra la COVID-19.

Tripanofobia: el miedo a las agujas que puede frustrar el objetivo de vacunar a todos
Bagus Indahono EFE

Más de 13,9 millones de españoles han completado la pauta de vacunación, mientras que 22,6 millones han recibido la primera dosis. En total, nuestro país ha administrado 35.412.140 dosis en una campaña de vacunación que avanza a velocidad de crucero hacia el objetivo de inmunizar contra la COVID-19 al 70% de la población para verano, tal y como destacan las autoridades, y a todos los ciudadanos después. Sin embargo, hay algo que lo podría impedir: la tripanofobia, que consiste en sentir un miedo irracional e incontrolable hacia las inyecciones y las agujas.

Aunque es más frecuente en niños, afecta a un 20% o 25% de los adultos, según estima Aspen Pharma. Al ver la aguja, estas personas pueden desmayarse, llorar o tener náuseas, palpitaciones, sudación excesiva, dificultad para respirar e incluso ataques de pánico. “En esta fobia, única entre los trastornos de ansiedad, la visión de, por ejemplo, una aguja hipodérmica provocará un aumento inicial de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, pero puede ir seguida rápidamente de un descenso precipitado de ambas (lo que se conoce como ‘respuesta vasovagal’. Cuando esto ocurre, algunas personas caen al suelo”, precisa Daniel Freeman, profesor de la Universidad de Oxford en un artículo publicado en The Conversation.

Estas sensaciones tan desagradables o embarazosas, les llevan a evitar realizarse análisis de sangre, acudir al médico o, en contexto con la situación actual, ponerse la vacuna contra el coronavirus. Además, al ser más frecuente entre la población más joven, que es la que tiene que vacunarse ahora, lo que podría frenar el buen progreso de la campaña. En su artículo, Freeman hace alusión al estudio The Oxford Coronavirus Explanations, Attitudes, and Narratives Survey (OCEANS-III), liderado por él, cuyo objetivo era comprobar hasta qué punto el miedo a las agujas condicionaba su predisposición a recibir el fármaco contra la COVID-19. Para ello, los investigadores entrevistaron a 15.014 adultos, entre los que el 10% señaló que este problema le provocaba dudas a la hora de vacunarse.

Consejos para superar la tripanofobia

Pese a que las fobias nos dominan en muchas ocasiones, los especialistas aseguran que se pueden combatir. Por ello, Aspen Pharma inició en marzo la campaña de concienciación ‘Stop miedo a las agujas’ para ayudar a paliar la tripanofobia. La fundación lanza en esa dirección una serie de consejos para aprender a controlar la situación.

Anestesia tópica

“Uno de los mayores temores de los pacientes que acuden a vacunarse es el dolor”, aseguran desde Aspen. Sin embargo, esto se puede evitar con la aplicación de anestesia tópica, que se aplica de varias formas y puede tener varios formatos, siendo la crema de los más extendidos. La anestesia proporcionada por este tipo de cremas puede durar hasta cuatro horas, dependiendo de la cantidad de anestésico aplicado y de su concentración.

Los expertos recomiendan aplicar la crema una hora antes del pinchazo y cubrirla con un apósito impermeable al aire y al agua o con un film de plástico transparente. Esto permitirá que la piel esté más hidratada y el anestésico tenga menos resistencia “para penetrar la epidermis y la dermis con el objetivo de llegar a las terminaciones nerviosas periféricas, bloquear el impulso nervioso y de esta manera impedir la transmisión del dolor”.

Reducción del estrés

Según el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP)2, son necesarias unas guías con recomendaciones para reducir el estrés en el momento de la vacunación. En este sentido, puede ayudar compartir previamente el miedo a las agujas con el equipo médico o de enfermería. Aspen destaca que aquí es “fundamental” el papel de las enfermeras, pues pueden prepararnos de forma adecuada antes del procedimiento y aconsejarnos sobre cuál puede ser la mejor terapia para cada uno de nosotros: desde el uso de distracciones o de anestésicos tópicos hasta la terapia psicológica en los casos más graves o de fobia” destaca Aspen.

También puede resultar útil emplear técnicas de distracción, ejercicios de relajación o pensar en el impacto positivo que va a tener la inyección en nosotros.

En el caso de los más pequeños, se pueden emplear herramientas específicas para calmarles. Por ejemplo, con los lactantes puede funcionar el amamantamiento antes y durante la inyección, la toma de líquidos dulces durante la administración y el contacto con la piel de la madre. En el caso de niños pequeños y adolescentes, es recomendable hacer una preparación psicológica el día anterior para informarles de que se le va a administrar una vacuna.

Buena postura

En el caso de los niños pequeños, los expertos aconsejan inocular la inyección en posición erguida y sujetos en brazos de sus padres. Los niños mayores, adolescentes y adultos es mejor que se encuentren sentados en el momento del pinchazo para evitar posibles mareos. Las personas de avanzada edad también deben estar sentadas en un lugar cómodo, en el que se hayan podido relajar un poco previamente.

Acompañamiento

Aspen destaca que las personas de avanzada edad requieren “de más atención y siempre es bueno que estén acompañadas de otro familiar o persona de confianza a la hora de ponerse una vacuna o inyección, sobre todo en el caso de tener miedo real a las agujas”.