Estás leyendo

La charla de Luis Enrique

MR. PENTLAND

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento.

Autor: Alfredo Matilla

La charla de Luis Enrique

El mundo de la psicología en el deporte siempre me ha fascinado. Sobre todo en el fútbol, que es la disciplina que más he mamado. Con Benito Floro ese interés inicial se acentuó, con esa terapia tan particular entre profesionales que ya había dejado huella en la cantera del Albacete. Correr y estirar al terminar los partidos siempre fue, tras su paso por allí, una norma que nadie se ha saltado. Como la devoción por el estudio y la estrategia. Sus más cercanos llegaron incluso a confirmar, cuando dejó el Bernabéu tras aquella inolvidable bronca en Lleida, otros innovadores métodos hasta entonces desconocidos: el técnico llegaba a hacerles chupar un limón a Butragueño y compañía para demostrar lo amarga que sabía la derrota.

Desde entonces, la psicología más casera o científica se ha ido incorporando en los clubes sin frenos y con una gran progresión. No sin críticas, tabúes y cientos de escépticos. Con Chema Buceta, guía de López Caro en el Madrid hasta en las ruedas de prensa, hubo mil bromas. Para mí se abría un mundo respetable y apasionante, hasta el punto de que ahora no puedo quitarle el ojo a un Máster de Psicología Aplicada al Deporte. Ando obsesionado haciéndome preguntas. ¿Qué pensaron los jugadores del Nápoles tras la arenga post-comilona de Maradona antes de saltar al Bernabéu? ¿Cómo contiene Zidane la euforia? ¿Por dónde empieza Voro sus sermones con la que está cayendo en Mestalla? ¿Qué cojones hace Simeone para que su tropa no se desplome? ¿Qué le pudo decir Luis Enrique al Tridente tras el 4-0 de París y cómo introducirá con el paso de los días la palabra remontada? Pagaría por ver todas estas charlas.

Me inquieta, me importa y me motiva. Sin haber sido profesional y quedarme en el casi (cobrar lo justo para malvivir) he visto de todo. Tuve entrenadores que sólo encontraban la motivación echándose las manos al paquete. Otros daban puñetazos en la pizarra. Alguno más se ponía tan nervioso que daba alineaciones con diez o doce jugadores. Otros delegaban por incompetencia y daban paso al presidente para que recordara, palillo en la boca incluido, que o se ganaba o allí nadie cobraba. “El dinero no me cae por un bujero. ¡O ganáis o veros de aquí!”, decía. Casi nunca funcionan esos discursos improvisados. Está claro que la mayoría de veces el futbolista va a lo suyo, no atiende, lo hace con intermitencias en el mejor de los casos o simplemente se descojona. Tiene que ser difícil para un entrenador ponerse delante de 22 profesionales con la vida resuelta y el egoísmo intacto, enseñarles algo, ayudarles a encontrar el camino, motivarles o al menos lograr que comprendan algo que antes no sabían o que habían confundido.

Ahora se lleva de todo. Hay mucho autodidacta. Aragonés fue el precursor. Lo más común era, y sigue siendo, aislar a los equipos en un hotel donde fomentar la convivencia. Simeone ha tirado de ejemplos motivacionales como el de Irene Villa para fortalecer el carácter. Y en Santander, hasta Revilla llegó a darle charlas al Racing antes de jugarse el descenso. Otros entrenadores, por contra, dan pocas pinceladas y dejan que sean los futbolistas los que recapaciten en casa. Alguno más echa mano de las estadísticas que alientan el milagro. También se lleva mucho en el gremio proyectar vídeos con mensajes de ánimo de los familiares para tocar la fibra sensible. Depende del momento. Todo vale, todo suma y todo tiene las mismas posibilidades de triunfar.

De las inquietantes preguntas que he compartido antes, encuentro respuestas más o menos claras a corto plazo en todos los casos salvo en uno. En el Nápoles, para la vuelta ante el Madrid, hablará más Sarri que Maradona. Así que el resultado sólo puede ir a mejor. Con Zidane y con Voro no hay dudas. No se salen casi nunca del camino correcto y seguirán optando por la misma receta: humildad, justicia y sensatez. Por eso el Madrid tiene de nuevo muchas opciones de celebrar algo grande y el Valencia, de salvarse. Que no es poco. De Simeone, especialista en levantarse, levantarlos y sorprendernos, el secreto está en la obsesión por mejorar. Cuando se vaya (ese día llegará), sabremos más de sus desconocidos y sensacionales métodos por los protagonistas.

Canbuena

Con Luis Enrique es con el que más titubeo. Lo que ha hecho es sencillamente espectacular, pero no sé cómo va a salir de ésta. Si no opta por ceder la palabra a Piqué o pedir directamente como único requisito que le pasen siempre el balón a Messi, yo que él enfocaría más o menos así la charla que deberá dar el día clave, en la previa de la vuelta ante el PSG:

“Señores, pueden imaginar la gran motivación que es para mí estar aquí, entrenar a este equipo. Es el máximo honor. Por encima de todo, amo este club. Y nunca tomaré una decisión que perjudique o vaya en su contra. Todo lo que voy a hacer se basa en mi amor por el Barcelona. Necesitamos y queremos orden y disciplina. Es hora de correr y darlo todo. Yo os defenderé hasta la muerte, pero también puedo decir que voy a ser muy exigente con todos, como lo soy conmigo mismo (…). Sólo os pido esto. Podría perdonar cualquier error, pero no perdonaré al que no entregue su corazón y su alma al Barcelona. No estoy pidiendo resultados, sólo rendimiento. No voy a aceptar a los que especulen sobre el rendimiento. Esto es el Barça, señores, esto es lo que se pide de nosotros, y esto es lo que voy a pedirles. Hay que darlo todo. Un jugador por sí mismo no es nadie, necesita a sus compañeros alrededor. (…) Si no podemos llegar a ganar nada, será culpa nuestra. Estemos juntos cuando los tiempos sean difíciles. (…) Tened fe. Como exjugador, he estado en vuestro lugar y sé por lo que estáis pasando. El estilo viene determinado por la historia de este club y vamos a ser fieles a ella. Cuando tengamos el balón, no lo podemos perder. Cuando eso suceda, hay que correr y recuperarlo. Eso es todo, básicamente”.

El coaching de Luis Enrique podría copiarla y entregársela. No importa el plagio. Ni siquiera este texto es mío. Ésta es la primera charla de Guardiola cuando llegó al vestuario del Camp Nou.

Lo mejor es buscar en las fuentes la inspiración. Y en el caso del Barça y Luis Enrique, el ejercicio es necesario para parar, rebobinar y dar con la clave: recuperar unos orígenes perdidos.