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Pitos en el Bernabéu

MEMORIAS DE CHAMARTÍN

“Real Madrid Vintage comprende los más de 114 años de historia del Real Madrid, compuesta por jugadores, presidentes y partidos”

Autor: Agustín Martín

Pitos en el Bernabéu

MICHELG

Danilo y Benzema volvían al Bernabéu después de ser señalados como dos de los responsables del fracaso madridista en la Copa ante el Celta. Se puede caer eliminado ante cualquier equipo, pero importan las formas, los cómos. El Madrid no se rindió pese a encajar el segundo tanto vigués en el minuto 85 (dio tiempo para empatar), pero no soporta la abulia o la desgana de algunos jugadores. El principal señalado por ese aspecto es Benzema, un Gene Kelly en el área, pero al que para muchos, le falta sangre caliente. Ardor guerrero que se precisa en un delantero letal. Por la otra parte, Danilo no acaba de encajar en el ojo de la afición. Fichado a precio de oro cuando ya había un jugador en ese puesto, Carvajal, canterano para más señas. Luego, algunas de sus actuaciones irritaron a la afición madridista...

Pero los pitos a los propios jugadores madridistas por parte de la afición blanca no debe de sorprenderles. Madridistas de todas las épocas han recibido sonoras broncas del respetable que acude al Bernabéu. Futbolistas de la talla de Di Stéfano en los 50, Velázquez en los 60-70, Butragueño, Míchel (al que apodaban Agonías porque le daba mucha importancia a las cosas) y Martín Vázquez en los 80-90, Zidane a comienzos del siglo XX, o quizá los tres últimos grandes referentes de la cantera (Raúl, Guti y Casillas) los recibieron también. Por lo que fuera. Nadie estaba a salvo. En todos ellos hay un denominador común: la afición los adoptó como algo propio. Eran pilares de la brillante identidad blanca.

Quizá por eso se les exigía más que al resto. También por su indudable calidad. Por su personalidad. A Di Stéfano se le empezó a pitar cuando las fuerzas le empezaron a fallar. Como a Velázquez. Como a Butragueño. Como a Raúl... Sin embargo, el más rotundo en su contestación al respetable fue Míchel. El 11 de junio de 1989, el Madrid recibía al Espanyol. Era el fin de fiesta de la temporada, saldada con la cuarta Liga conquistada por los blancos. El centrocampista madrileño llevaba cierto tiempo madurando la idea de marcharse del campo si le seguían pitando. Esa misma temporada, un sector de la grada del Bernabéu la tomó con el '8'. Esos pitos fueron a más en el encuentro ante el Cádiz (jornada 34), y el jugador decidió llevar a cabo su idea. En el último encuentro de la temporada, tras una actuación normal para un servidor (presente en el estadio, para otros discreta, en fin para gustos colores) en un partido de fiesta al fin y al cabo, el jugador, al escuchar los silbidos se marchó del campo antes de que llegase el descanso. Igualmente, se marchó a su casa antes de que terminase el encuentro, sin quedarse a celebrar la Liga.

Al término del encuentro y de la fiesta, los jugadores se trasladaron con sus mujeres a la cena final de campaña a un restaurante de Guadalix de la Sierra. Allí acudieron todos... salvo Míchel. Sus compañeros no decían nada sobre su ausencia. Pero extrañaba. La bomba saltaría dos días después. El 12 de junio, Mendoza citó a Míchel en el club. Quería conocer sus porqués a su actuación: "Hemos hablado del partido del domingo. Mendoza me ha dicho que no entendía mi comportamiento y yo le he respondido que tenía razón y que me arrepiento de haber actuado así. le he dicho que al marcharme un 80% fue porque estaba lesionado y el 20% restante había sido por la actitud de un sector del público. A mí no me discute ni la prensa, ni la afición en general, pero hay un cierto sector del público que opina que no debo jugar... Así que le he dicho al presidente que me quiero ir. En ningún equipo del mundo sucede lo que pasa aquí. Cuando juegas bien, vale, pero cuando no, te silban. No creo que sea justo que tenga que pasar un examen en cada partido ante mi propia afición". Esos días de junio fueron largos para muchos seguidores madridistas. En Italia, al contrario, se frotaban las mano con la posible llegada del merengue. Sin embargo, todo quedó en agua de borrajas. Seguiría hasta 1996. Tiempo después explicaría aquel incidente: "Me pasó por ser muy madridista. Por eso me dolían los pitos, que en cualquier otro equipo no me hubiesen dolido tanto. La gente no entendió que no era un mercenario. Fui, soy y seré profesional, pero cuando saltaba al campo sentía como un madridista. Me dolía que me persiguiesen así. Yo me sentía muy mal al escuchar que el público abroncaba a Juanito, que era un madridista acérrimo. Luego resultó que se fue al Málaga, y cuando volvía al Bernabéu, le aplaudían. Me pregunto por qué no le aplaudieron antes, cuando estaba aquí, porque le hicieron pasar malos ratos".

Míchel se marcharía del Madrid el 19 de mayo de 1996, besando el césped del Bernabéu tras haberle marcado dos goles al Mérida, antes de ser sustituido por Alkorta (que también se iba del club blanco). Dejaba atrás 404 partidos de Liga (96 goles), 53 de Copa (9 tantos), 6 de Copa de la Liga (2), 8 de Supercopa de España (2), 39 de Copa de Europa (8), 6 de Recopa (2) y 44 de Copa de la UEFA (10). 560 encuentros, 129 goles, seis Ligas, 2 Copas de España, 2 Copas de la UEFA, 4 Supercopas de España y 1 Copa de la Liga. El dueño de la banda derecha del Bernabéu. Nunca más volvió a repetir aquella escena. A los pitos los encaró con profesionalidad. Es decir, jugando siempre hasta el límite de sus fuerzas, nunca dándose por vencido y dando ejemplo a los canteranos que ascendían a la primera plantilla. Justo el espejo en el que se deben fijar Danilo y Benzema en estos momentos para ganarse el aplauso de la siempre exigente afición madridista.