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Larry Bird es su cosmovisión, pero esta vez se ha equivocado

CAMPO ATRÁS

Un blog para tratar el pasado, presente y futuro del baloncesto tanto nacional como internacional: ACB, ULEB, Euroliga, Eurocup y la NBA.

Autor: Juanma Rubio

Larry Bird es su cosmovisión, pero esta vez se ha equivocado

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Larry Bird era (es) un tipo difícil, un competidor enfermizo, un compañero duro y un rival imposible. Es vieja escuela. No: es la vieja escuela. Con 59 años, nadie va a cambiar esa especie de cosmovisión que es su visión del baloncesto. Ganó tres anillos, fue dos veces MVP de las Finales, tres de la Regular Season… y 12 All Star. Larry Bird se enfadaba cuando le ponían defensores blancos porque le parecía una falta de respeto. Larry Bird jugó con la espalda hecha un puzzle y aniquilado por el dolor, Larry Bird tardó años en sentir simpatía por Magic Johnson porque sentía que eso le debilitaría en aquellos inevitables duelos que convirtieron la NBA en lo que es hoy. Larry Bird le decía a sus defensores como iba a anotar en el siguiente ataque y anotaba… exactamente así. Cuando Kevin McHale puso el récord de anotación de los Celtics en 56 puntos (marzo de 1985, ante los Pistons), Bird le dijo que tendría que haber intentado meter 60. Y nueve días después, él metió 60 porque sí: con el partido resuelto, metió 19 puntos en el tercer cuarto y 18 en el último, la última canasta sobre la bocina. Porque sí. Y ahora, cuando ha tenido que explicar las razones de la no continuidad de Frank Vogel, ha regresado a su cosmovisión: en mayo de 1997 Donnie Walsh buscaba entrenador para los Pacers. Cuando se lo planteó a Larry Legend, el paleto de French Lick, la gran personalidad del estado de Indiana, no se llevó una respuesta general sino una explicación detallada de cómo serían los entrenamientos, los sistemas de juego, el trato con los medios y la planificación, de la pretemporada a las Finales. Y se llevó una advertencia: “pero estaré tres años, pase lo que pase. Después los jugadores dejan de conectar contigo”. Pase lo que pase. Los Pacers con Bird (1997-2000, Entrenador del Año en la 1997-98) jugaron dos finales del Este y una de la NBA (2-4 ante los Lakers). Después se fue (tres años) y llegaron Isiah Thomas… y tres derrotas en primera ronda de Conferencia.

Larry Bird se ha equivocado (creo) al no ofrecer un nuevo contrato a Vogel. Es imposible saber si saldrá bien o mal en lo deportivo, pero como mínimo el discurso fue fallido, también las formas y el mensaje: la plantilla de esta temporada podría haber dado más de sí (falso), hace falta un nuevo impulso y un nuevo motivador (discutible), no llamaré a Kevin McHale porque me une una relación demasiado estrella con él (muy cuestionable) y considero que el estilo de juego tiene que ser más flexible y ofensivo (válido… pero veremos).

Para empezar, Bird reajusta la historia cuando asegura que hace falta un cambio de ciclo y que él lo vivió en primera persona. No le salió bien cuando se fue y llegó Isiah. Y como jugador vio como su reverenciado acertó al sustituir a Bill Fitch por KC Jones después de perder una final del Este. Jones llevó a los Celtics a cuatro Finales seguidas pero cogió un equipo con Bird, McHale, Parish, Ainge, Dennis Johnson, Quinn Buckner, Cedric Maxwell… En el quinto año de su ciclo, los verdes perdieron la final de Conferencia y se nombró entrenador a Jimmy Rodgers… que perdió en primera ronda de playoffs. Los cambios pueden ser oportunidades y desde luego pueden ser positivos, pero no lo son per se, por el cambio en sí mismo.

Los Pacers cierran el ciclo Fran Vogel (2011-2016) con un 58% de victorias (250-181), con dos finales del Este perdidas ante los Heat de LeBron y el recuerdo de un equipo construido sobre las ideas de su entrenador, que sacó el máximo (ahora lo sabemos) de jugadores como Lance Stephenson y Roy Hibbert. Y cuyo gran pecado fue no controlar de la mejor manera el ascenso desproporcionado de los egos en un vestuario que de repente se sintió mucho mejor de lo que era. Después, Vogel llevó a Indiana a 38 victorias (las mismas que el octavo clasificado que entró en playoffs, Brooklyn Nets) en la temporada jugada casi completamente sin Paul George. Y este año lo ha metido en las eliminatorias (en las que no han estado Bulls, Wizards o Bucks, por cierto) con una plantilla poco profunda y descompensada, con una súper estrella (George), una pieza esencial para el futuro (el pívot Myles Turner, número 11 del último draft)... y no mucho más. Desde ese punto de vista, se podría afirmar que Vogel ha cumplido mejor con su parte que Larry Bird con la suya: fichó a Monta Ellis para jugar de otra manera pero este ha dado a los 30 años síntomas de declive, igual que George Hill (30 también y nunca un playmaker, por cierto). Jugadores como CJ Miles, Lavoy Allen o Rodney Stuckey han tenido que funcionar por encima de su lugar lógico en una rotación competitiva. Y en muchos tramos de la temporada, lo han hecho.

Los Pacers, de hecho, llegaron como séptimos a playoffs y solo cedieron en los últimos instantes del séptimo partido. Entre otras cosas, porque estuvieron muy bien entrenados. El discurso de Bird no fue del todo justo con Vogel, como no lo fue que sugiriera sin mucha delicadeza (su cosmovisión) que este casi le imploró por su puesto y por un nuevo comienzo. Larry Bird tiene derecho a buscar un estilo nuevo y un impulso regenerador, y su acierto solo lo juzgarán los resultados futuros, pero los primeros nombres que pone la prensa de Indianápolis sobre la mesa generan más dudas que el del entrenador que se va: Brian Shaw (excompañero de Bird y exasistente de Vogel) no funcionó en Denver, Mark Jackson (pasado como jugador en Indiana) no lució en los Warriors precisamente por sus sistemas de ataque (luego llegó Kerr… y ya se sabe), Randy Wittman es de la zona y jugó en los Pacers pero ha salido de muy mala manera de Washington, a Mike Woodson (otro nacido allí, donde además fue ídolo de instituto y jugó en la Universidad de Indiana) se le conocía en Atlanta y Nueva York por su ataque absolutamente basado en aclarados para Joe Johnson/Carmelo Anthony, Nate McMillan forma parte del actual cuerpo técnico (no sería precisamente una revolución) y Mike D’Antoni sería una revolución ofensiva, desde luego, pero su premio de Entrenador del Año se remonta a 2005.

Vogel

Bird despidió a Vogel con buenas palabras pero dejó caer, y se le puede sacar punta, que gran parte del trabajo defensivo que ha hecho competitivos a estos Pacers ha llevado la firma del asistente Dan Burke (lo mismo que se decía del Vogel ayudante de Jim O'Brien: todo es cíclico). La cuestión ahora es si Larry Bird, en su actual viraje hacia el small ball y el juego de ataque, tiene una hoja de ruta bien diseñada. Si se entrará en reconstrucción y por lo tanto si se dejará salir a Paul George... y hasta si Myles Turner encaja de lleno en el nuevo proyecto (así debería ser). No es lo mismo transformar que reconstruir y ninguna de las dos opciones tiene una sola cara. Pero esta vez parece que Larry Bird (que le recuerda a su mujer que quizá no le quede mucho porque los tipos de su altura no suelen llegar a muy viejos: su cosmovisión) se ha equivocado. O eso parece. Y lo ha hecho por mucho Larry Bird que sea… o seguramente porque es Larry Bird, uno de los mejores jugadores y una de las personalidades más fascinantes de toda la historia del baloncesto.


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