As de Espadas

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torero con estoque

SAN ISIDRO

La fiera

La despedida de un valeroso José Carlos Venegas. Suyo fue lo mejor y lo más sentido, 'volteretón' dramático incluido, del festejo.

Mundotoro

La definición de fiera se refiere a un animal indómito, violento, cruel. Nada que ver con la bravura, que es un término antagónico a todos los anteriores. Y esto fue el sexto Cuadri. Porque los 587 kilos del toro que cerró plaza lo fueron de fiereza, pero no de bravura. A pesar de ello, ese concepto de fiera es el que encaja en las emociones de un sector de aficionados. Violencia no es bravurfa Como tampoco fue lo vivido en los cinco turnos anteriores. No se encontró la buscada bravura ni provocando tercios de varas un tanto artificiales entre las más de dos horas que hubo entre la confirmación y la despedida de un valeroso José Carlos Venegas. Suyo fue lo mejor y lo más sentido, 'volteretón' dramático incluido, del festejo. Poco relieve tomaron las faenas de Javier Castaño y prácticamente inédito quedó Iván García.

Venegas afrontó con entereza la difícil confirmación que se le presentó. Torero de probado valor y buen manejo de los trastos, se topó con los dos polos del desilusionante encierro de Cuadri, que hasta enlotó ejemplares de diferente morfología a lo que acostumbra traer D. Fernando. El primero fue el de más calidad en lo poco que duró. Le valió para dejar tres buenas tandas de derechazos, corriendo bien la mano. Apagado el toro, lo hizo todo el jiennense, incluso jugándose una voltereta casi cantada al pasarse al toro por la espalda. El 'uy' reactivo al tendido y tras estocada al segundo intento saludó una ovación. La lidia al sexto, que se salió un punto de las hechuras 'Cuadri', se escondió tras la parodia. Entretenido el público en los intentos del picador por cumplir con su parte, nadie se percató de que el toro, manso y con peligro, llegó absolutamente crudo a la muleta. Peligroso, fiero, y sin apenas castigo previo. Sinónimo de algo muy diferente a la bravura.

La voltereta era cantada, especialmente si se asumen los riesgos que asumió Venegas. Llegó pronto, en la segunda tanda, al revolverse el toro, y pudo costarle cara. El pavoroso animal le cogió duro y le tiró varios derrotes de los que se escapó de milagro. Y volvería a escaparse multitud de veces. Intentando lo imposible, que era plantear faena convencional a un toro fiero, el jiennense se fue vacío a por la espada. Nada que reprochar(se). No con un toro que debió recibir mayor castigo en varas. Por fortuna, luego del espectáculo triste del primer tercio, el público supo sacar a saludar al joven confirmante.

Javier Castaño, sorteó, dentro de lo deslucido, el lote de mejor aire. El segundo, el de menor trapío de la tarde, tuvo más movilidad en manejable. Cumplido -y cantado- el espectáculo en banderillas, incluso cambiados los roles entre David Adalid y Fernando Sánchez -el habitual tercero de la cuadrilla-, el toro llegó con opciones a la muleta. Castaño lo entendió bien en las dos primeras tandas de derechazos. Sin apretar del todo, poco a poco, con temple. Pero cuando todo tenía que subir no lo hizo. Ni la faena, que bajó al natural, ni el toro, que ya empezó a protestar y a no tragarse más allá del tercer muletazo. El tendido tomó partido por el toro, despedido entre ovaciones. Junto al de menor trapío enlotó al inmenso cuarto, todo un 'pavo'. Tras su imponente presencia tuvo poco que contar. Se forzó en varas un espectáculo que nunca llegó porque el toro no quería. Y si el toro no quiere no tiene sentido buscarlo, como no lo tenía ese intento de un tercer puyazo que nada hubiera aportado. De nuevo espectáculo en banderillas y ya en la muleta, sólo una tanda realmente ilusionante. La tomó el toro con fuerza, también por mera inercia, para luego ir apagándose de manera gradual. Sin eco en el tendido, Castaño estuvo pulcro y tampoco se excedió de tiempo.

Por la facilidad con que Iván García se desenvolvió con el capote ante toros difíciles de lancear, es fácil suponer que mereció mejor suerte. Manejó los vuelos con facilidad como lidiador y se gustó en verónicas y chicuelinas en sendos buenos quites. Hasta ahí lo artístico de una tarde en la que no pudo pegar un muletazo confiado. El tercero fue un peligro que ni siquiera tuvo la fiera emoción del sexto. Mucho tiempo en la cara del toro mostrando facilidad para estar delante, pero sin más opción que robar algún medio muletazo entre gañafones y miradas. El quinto fue una prenda por el derecho y una losa por el izquierdo. Por uno medía y quería coger, por el otro se desentendía y salía a media altura. Otra vez nada para Iván García, que debió de marcharse desilusionado.

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