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La muñeca asesina

ZONA ROJA

Esta es una casa de locos por la NFL desde 2009.

Autor: Mariano Tovar

La muñeca asesina

Mariano Tovar


El otro día uno de vosotros me preguntaba en un comentario si todas las historias que contaba en las entradas me habían sucedido de verdad o me las inventaba. La respuesta es muy sencilla: en ocasiones me gustaría que no me ocurrieran tantas cosas. Enseguida vais a entender el motivo.

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Hace dos sábados estaba jugando tranquilamente con una de mis hijas cuando, de forma inesperada, agitó un brazo bruscamente y me clavó una muñeca en el ojo. En serio. Como os lo cuento. Mi hija me intentó asesinar clavándome una Barbie. Yo estaba tan tranquilo con ella, dándole el desayuno a sus muñecas, cuando un instante después, sin saber muy bien cómo, una cabrona vestida de fiesta tenía uno de sus zapatos, con un tacón más largo que el de un drag queen, clavado en mi ojo derecho.

No hace falta que os explique los minutos siguientes. Aullidos de dolor, gritos histéricos y el mundo patas arriba. “¡¡Esta animal me ha sacado un ojo!!” Aquello expulsaba fluidos sospechosos como una fuente y a mí me parecía que el órgano se me estaba diluyendo, mientas me lo tapaba con las dos manos incapaz de dejarlo al aire. ¡Qué dolor!

Así que mientras yo seguía bramando de dolor, mi hija chillaba del susto, la más pequeña berreaba por el escándalo y el mayor se levantaba de la cama: “¡a ver si dejáis de hacer ruido, que aquí no hay quien duerma!”, mi mujer ponía cordura en la casa de locos y conseguía que todos termináramos en el coche camino del hospital.

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La escena que se vivió en el coche, mientras íbamos al hospital, fue digna de una ‘españolada’ de Paco Martinez Soria. Yo gritaba “¡¡¡joder, joder, joder, me ha dejado tuerto!!!” mientras me sujetaba con las dos manos un ojo que dolía a rabiar. Mi mujer decía indignada: “¡¡¡Es que las visten como a putas!!! ¡¡¡A partir de ahora, Barriguitas!!!” refiriéndose al arma homicida. La niña llorando, desconsolada, y haciendo pucheros: “le-he-cla-a-va-a-do-la-mu-u-ñe-ca-a-a-a-mi-pa-a-pá-a-a-a-a”. La enana chillaba asustada por el escándalo que se había formado y el cabrón del mayor, sin inmutarse, me decía: “¿A ver el ojo? Enséñamelo. ¡Jo, qué flipada!”. Lo mejor es que a los niños les dura muy poco el impacto de cualquier emoción, así que cuando entrábamos por el hospital la pequeña ya se chupaba el dedo a su bola, la agresora daba botes en su asiento mientras gritaba: “¡¡¡Bien, bien, nos vamos al ‘cinellll’!!!” y el mayor, como siempre optimista, me preguntaba si a partir de ahora iba a tener que usar un parche de pirata: “¡Jo, qué flipada!”.

Así que ahí estaba yo, con el ojo supurando, gimiendo de dolor en la puerta de toriles y convencido de que mi destino era convertirme en un cíclope. Enseguida me atendió un médico que, muy profesional, escuchó la historia sin reírse: “eso no es nada, la semana pasada vino un hombre con un destornillador clavado hasta dentro. Lo tuyo lo arreglamos en un periquete”.

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Os voy a ahorrar lo que hizo el médico. Entre otras cosas porque no tengo ni idea. El caso es que salí del hospital con el ojo embadurnado por un ungüento viscoso, que rápidamente fue bautizado como ‘aguasputis’ y cubierto por un parche poroso. Tenía que echarme el aguasputis siempre que me volviera a doler, las veces que fuera, y mantener el parche al menos durante 24 horas, que terminaron siendo 48.

La vuelta a casa fue más normal. Mi hijo estaba profundamente decepcionado, aunque la visión de mi ojo dañado aún le tenía entusiasmado: “¡Parecías un zombie! ¡Jo, qué flipada!”. La agresora volvía indignada porque no la llevábamos al ‘cinel’ después de haberse aburrido como una ostra en el hospital. La pequeña dormía plácidamente y mi mujer seguía indignada con la indumentaria de las muñecas: “¡¡¡Es que las visten como a putas!!!”

Así que ya os aviso, para que no os pille desprevenidos. Si un día se os acerca una niña sonriente con una muñeca en los brazos, ¡huid sin dudarlo! Vuestra vida corre un serio peligro.

Jamás hubiera imaginado que mi hija me intentara asesinar con una Babie.

Y no os creáis que sea un suceso tan insólito. Esta semana, en la NFL, varios equipos salieron al campo convencidos de que enfrente solo había un muñeco con el que jugar, y terminaron con el ojo perforado, en una multitudinaria rebelión de presuntas víctimas.

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Quizá el caso más llamativo sea el de los 49ers. Venían de una semana de descanso, al igual que los Rams, que en su último partido habían salido escaldados de Londres. Candlestick se preparaba para una escabechina. La cuestión es el trámite empezó torcido. Bradford conectaba con Quick para touchdown. No pasaba nada. En Wembley también salieron como meteoros y enseguida se quedaron sin gasolina. Pero el rumbo no solo no se enderezaba, sino que iba a peor. Como le está pasando a los Niners domingo tras domingo, eran incapaces de frenar el ataque terrestre de sus rivales. Steven Jackson, un alma en pena en lo que llevamos de temporada, resucitó para darse un festín mientras Richardson se saciaba con las sobras. La defensa minera, empanada y el ataque monótono. El público no daba crédito.

Alex Smith sufrió una conmoción que ayudó a resucitar a su equipo. Había completado siete de ocho, en otro partido estadístico impecable, pero la falta de sangre y el exceso de horchata jugaban en su contra. Kaepernick, el deseado, salió como revulsivo pero empezó muy dubitativo.

Por fin llegó el último cuarto y los regalos. Un fumble de Pead devolvió la vida a los locales, que anotaron de inmediato para ponerse por delante. Suspiros de alivio. Pero la muñeca asesina no se rendía. Stafford se atravesó el campo para volver a dejar en evidencia a la presunta mejor defensa de la NFL. A partir de ahí no hace falta que os siga contando. La ruleta de la fortuna daba vueltas y vueltas mientras nadie era capaz de hacerla parar. El empate, primero desde 2008, deja mal sabor de boca a ambos, aunque no es tan mal resultado para San Francisco. Lo malo para ellos es la sensación de que una niña les puede robar la cartera. Solo hace falta tener un buen corredor para conseguirlo.

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Candlestick no fue el único lugar en el que aparecieron muñecas asesinas el domingo. En Foxboro se tentaban la ropa tras la conclusión de un partido en el que la defensa local estropeaba todo lo que arreglaba el ataque. Hasta Fitzpatrick parecía bueno. Brady se echaba las manos a la cabeza durante el drive final sin creerse lo que estaba contemplando. Sus rivales estaban a quince yardas de la remontada y su defensa no frenaba a nadie. Por suerte para ellos, Fitzpatrick lanzó un pase milimetrado a McCourty que no pudo evitar conseguir la intercepción de la victoria.

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Y qué me decís de los todopoderosos Giants, dispuestos a pasar una tarde entretenida con el peluche de un tigre que termino siendo man-eater. Los Bengals, con un plan de jugo muy agresivo, en el que se jugaban cuartos downs una y otra vez, encarrilaron un partido que terminó siendo un paseo por la inoperancia del ataque de Nueva York. En Cincinnati tenían muy claro que era su último tren y debían poner toda la carne en el asador. Lo hicieron.

Los Giants llevan varias semanas muy atascados en ataque. Curiosamente, como ha pasado en otros equipos esta misma temporada, buscan salir del círculo vicioso haciendo un juego aún más vertical, y eso solo provoca que Eli acumule errores. Les espera un calendario infernal y necesitan recuperar su identidad cuanto antes.

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El domingo hubo una última muñeca asesina. Se clavó en el ojo de los Falcons. ¿Los Saints un muñeco? Su ataque aéreo no lo ha sido nunca, pero su ataque por tierra, y sobre todo su defensa, eran un juego de niños. Ante los Falcons recuperaron su ataque terrestre y, sobre todo, consiguieron frenar a Atlanta en cuatro downs con menos de dos minutos por jugar y a una yarda de la end zone. No creo que nadie hubiera soñado con que la porosa defensa de los Saints fuera capaz de detener a Matt Ryan y compañía. Los invictos ya no son tales, porque una defensa de juguete se hizo mayor y le metió el dedete en el ojo al último gran gallito de esta temporada.

Una Barbie en el ojo y cuatro juguetes que no lo son tanto. En manos expertas, incluso el objeto más inocuo se convierte en un arma letal.

mtovarnfl@yahoo.es / twitter: @mtovarnfl