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La oportunidad Ibaka

CAMPO ATRÁS

Un blog para tratar el pasado, presente y futuro del baloncesto tanto nacional como internacional: ACB, ULEB, Euroliga, Eurocup y la NBA.

Autor: Juanma Rubio

La oportunidad Ibaka

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El fichaje de Ibaka por el Real Madrid pasó de forma vertiginosa de rumor a realidad. El lunes se especulaba con su llegada y el martes, operación relámpago y papeleo resuelto al galope, con su debut 48 horas después en Euroliga ante el lujoso Milán de Scariolo. En esas horas de vértigo mediático (en positivo: bueno para el Real Madrid) las opiniones se han acumulado y agrupado y aquí está la mía: el Real Madrid, que tan corto se ha quedado tantas veces en los últimos años y al que tantas cosas hemos criticado en las temporadas recientes en términos de falta de ambición, movilidad y ejecución en el eje despachos-banquillo-pista, ha hecho esta vez una jugada ganadora en la que ha demostrado elasticidad, reflejos y ambición. Con el obvio condicionante competitivo del fin del lockout pero un buen movimiento. Y a continuación me explico.


Elasticidad, reflejos y ambición: una filosofía no muy distinta a la aplicada en el fichaje de Rudy pero en versión relámpago y de enfoque más cortoplacista. Dos operaciones de miras altas pueden inspirar al ávido (en este caso famélico, canino) aficionado merengue un cambio de tendencia por encima de los azarosos caprichos del calendario de crisis de la NBA. Para entender la importancia de esto conviene recordar de dónde viene el Real Madrid, demasiado tiempo en depresión y crisis de personalidad, con lagunas de organización y competitividad tan grandes que ni el paso por la Final Four le resultó revitalizante tras el fracaso histórico del proyecto Messina. Cuando el Real Madrid anunció a Pablo Laso como nuevo entrenador, el club parecía en coma inducido a nivel social después de temporadas (demasiadas para un equipo de semejante dimensión) de una travesía del desierto de imposible digestión: fichajes de segundo rango económico y deportivo, demasiadas excusas y encubrimientos, dudas sobre la motivación de la directiva con respecto a la sección y una vida miserable sometida a los designios del eterno rival, un Barcelona Regal que ha parecido desde la llegada de Chichi Creus un equipo de otro nivel, una entidad (en términos absolutos) de otra dimensión.

Con todo esto en mente se comprende que el fichaje temporal de Ibaka como continuación al fichaje (y la casi promesa de amor eterno) de Rudy Fernández esté suponiendo un electroshock casi catárquico para el madridismo. Del Real Madrid de baloncesto se vuelve a hablar y se vuelve a hablar con un optimismo rejuvenecedor. Pero se habla. Sobre todo se habla y se habla. Ibaka entra en un perfil de jugador eminentemente mediático: es importante en Oklahoma City Thunder, uno de los equipos de moda y aspirante a campeón de la NBA en el plazo de un lustro y formó parte de la España campeona de Europa en Lituania en un viaje que terminó con sus cinco tapones en una final en la que absorbió a golpe de músculo la teórica superioridad física de Francia y que había empezado con un verano de ajetreado papeleo y debate en torno a su paso por la Selección. Ganó un concurso de mates ACB, participó en uno NBA y el portavoz de gobierno, José Blanco, le llamó Ikea. El público identifica a Ibaka: los que saben de baloncesto le valoran, los espectadores casuales han sabido de él en los últimos meses por unas cosas u otras, la mayoría asociadas al rojo de esta Selección que convierte en música celestial todo lo que toca. Ibaka además es un tipo simpático y modesto, cultivado y competitivo, honrado en el trabajo y sonriente ante las cámaras. Tiene una bonita historia personal y es un jugador culto, integrado e integrador, con una trayectoria transversal -nació en África, juega en Estados Unidos, compite con España- que le convierte en un producto casi metafórico del diseño global de las sociedades del siglo XXI. Por todo eso, el fichaje de Ibaka es un acierto. 

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También lo es porque su llegada transmite ambición. El Real Madrid ha valorado en términos de oportunidad con la barbilla alzada y la vista al frente, no se ha conformado con un recambio de perfil bajo para Velickovic, ha olfateado y aprovechado el momento único y convulso que vive el baloncesto mientras en Estados Unidos cruzan golpes cada vez más bajos en el congelador del lockout. Eso hace que se hable del Real Madrid, que los rivales arqueen la ceja y sobre todo que los aficionados se ilusionen (tanta falta hacía). Y mete al equipo blanco en una dinámica optimista que veremos en qué acaba y hasta qué punto se aprovecha: donde llegan estrellas (puro efecto llamada) es más fácil que lleguen otras estrellas del mismo modo que hasta hace un par de meses casi ningún fichaje de elite casaba con el Real Madrid por cuestiones de proyecto deportivo e inversión económica (todos en Grecia antes y Turquía ahora, en Rusia o en el Barcelona). Ibaka, además y por lo que pueda venir según avancen las semanas, no ocupa plaza de extranjero y no es en absoluto un jugador de valor prohibitivo: tiene firmados 1.288.200 dólares con Oklahoma City Thunder para la temporada 2011/12.

La operación hasta aquí es de ganancia neta para el Real Madrid. El (gran) caballo de batalla es lo deportivo, siempre lo más importante pero que se enhebra en todo lo demás (lo económico, lo social, lo mediático…). Aquí el asterisco del lockout es un agujero negro decisivo que provoca dudas: legítimas a corto y obvias a medio y largo plazo.

Con la mirada en las próximas semanas, no es arriesgado apostar por un Ibaka que aportará más al Real Madrid que un Velickovic que todavía no ha roto en el que jugador que prometía en Partizán, ahora fuera de la prisión del ‘3’ pero de perfil bajo en un carril del ‘4’ con mucho tráfico (el pasado de Felipe, el futuro de Mirotic y el presente de ambos). El serbio no ha pasado del cuarto de hora de juego y no ha llegado a los 5 puntos de media. Su ausencia no dañará el rol de ala-pívot abierto porque sólo ha tirado tres triples en tres partidos ACB (1/3) y porque Mirotic da (y con más recorrido) ese perfil. A cambio Ibaka trae energía, muelles sobrehumanos y una tonelada de músculo. Desde un punto de vista casi frívolo (pero no insignificante) es un jugador terriblemente divertido, carne de highlight que garantiza una antología de mates y tapones de dimensión NBA y al que le sentará bien el juego al galope que propone Laso. El Real Madrid está jugando hasta ahora más divertido que bien. Ahora será todavía más divertido, más visual, más espectacular. Ibaka encaja además como complemento de artistas principales en ataque (comprobado en Oklahoma, comprobado con España) y si en los Thunder vive adaptado a jugar rápido a partir de un eje base - alero (Westbrook, Durant), ahora no le resultará extraño (salvando obvias y siderales distancias) jugar en un equipo movilizado, o eso está pareciendo hasta ahora, a partir del motor Llull - Rudy Fernández.

 

Ibaka, visto con más de profundidad, es un jugador determinante en defensa y en desarrollo en ataque. Viene de promediar casi 10 puntos, más de 7 rebotes y en torno a los dos tapones y medio por partido en la NBA. Decisivo en términos de intimidación (tapones, cambio de tiros) y a la hora de tabicar la zona propia, se desgasta en defensa y ayuda en el rebote, un aspecto en el que el Real Madrid ya está siendo poderoso (el único que pasa de los 40 por partido en el arranque de liga). A su físico ha ido aplicando conceptos defensivos a marchas forzadas y aquí cuenta su frustrante e inservible persecución de un Nowitzki en estado de gracia en la última final del Oeste: las derrotas también son aprendizaje. Porque si algo ha caracterizado a un jugador que en dos temporadas pasó de suplente en Manresa a titular con rango en un equipo de primer nivel NBA es su capacidad de absorción y su voluntad y talento a la hora de mejorar. Lo decía su técnico Scott Brooks durante su año de rookie y lo ha demostrado con el progresivo desarrollo de sus movimientos ofensivos de espaldas al aro o de un interesante tiro desde 4 ó 5 metros. Un diamante en bruto de 208 centímetros oficiales y 100 kilos de potencia muscular que en el entorno ACB podrá dar minutos también en un puesto de ‘5’ para el que le falta talla ante los principales siete pies de la NBA y que ayudará al Madrid a defender más y con menos agujeros (una de sus lagunas en el arranque de curso), a rebotear y recuperar más y, con eso, a correr más. En este sentido el acierto del fichaje también parece incuestionable.

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El Real Madrid cuenta además con la coartada de una primera fase de Euroliga que esta vez tiene poco de trámite y que amenaza infierno a nada que el equipo cometa un par de deslices (Maccabi, Milán, Efes y el viaje siempre peliagudo a la leonera electrificada de Partizán). Ibaka es, en este sentido, un arma para sufrir lo mínimo y posicionarse lo mejor posible de cara al Top 16 y una garantía para una rotación interior en la que, sin él, no se habrían podido permitir ni una gripe Begic, Tomic, Mirotic y Felipe. Pero el asunto peliagudo, y hay que volver sobre ello, está en lo corto del camino, en esa caducidad aproximada de dos meses que puede dejar al Real Madrid en una posición de peligroso desequilibrio cuando llegue la hora de la verdad y se repartan los títulos.

En el entorno ACB / Euroliga, la cosa se pone candente entrado el año nuevo: el Top 16 europeo arranca en el ecuador de enero, la Copa del Rey se juega en el de febrero y el playoff ACB a partir de la segunda quincena de mayo. Ahí desemboca todo el trabajo, muchas veces sucio, de estos meses previos. Y ahí, salvo sorpresa mayúscula, llegará el Real Madrid sin Ibaka y sin Rudy Fernández. Las sorpresas pueden venir en dos formas: por un lado (absolutamente improbable) a través de una cancelación de toda la temporada NBA que retendría en Madrid a las dos estrellas y provocaría un caos de altas y bajas que redefiniría el panorama competitivo europeo de forma integral, o a través de la continuidad de Rudy Fernández. Si una temporada NBA completa en el limbo parece ahora mismo un imposible (un desastroso imposible en los términos de la liga estadounidense), el asunto de Rudy está en fase de desgaste y definición pero también resulta espinoso. Rudy quiere seguir en el Real Madrid, el Real Madrid quiere que siga y (un resquicio para la esperanza blanca) Dallas Mavericks no tiene al mallorquín como un jugador capital en su próxima (pero todavía no inminente…) defensa del título. Pero Rudy tiene una temporada de contrato (y otra condicionada) con los Mavs y esa vinculación volverá a ser operativa en cuanto se firme el desbloqueo del cierre patronal. En el Real Madrid se piensa que una solución es posible y el jugador apuesta en firme por ello. Aún así será difícil a corto plazo más allá de que creo que Rudy (desde el respeto absoluto a las decisiones y opciones de vida de cada jugador) se equivocaría profundamente si no prueba, un último gran intento en aquel lado del Atlántico, ahora que la circunstancias le han situado en una franquicia modélica que defiende anillo y cuyo estilo y reparto de roles puede beneficiar a su juego. Pero eso será materia de otro análisis distinto cuando llegue el momento, se tomen las decisiones correspondientes y se despejen las incógnitas.

Si Rudy es una cuestión incierta y compleja, el futuro de Ibaka es transparente y pasa por la NBA, donde tiene un notable caché deportivo, juega en un proyecto ganador y le espera un gran contrato en cuanto agote el actual. Así que el Real Madrid tiene que trabajar ahora mismo sobre la realidad más probable (pura navaja de Occam) de que después de Navidad no podrá cotar ni con Rudy ni con Ibaka, una merma descomunal de su potencial y de su armamento en lo relativo a jugadores diferenciales (y hablo principalmente de Rudy) en el preciso momento en el que estos empiezan a ser realmente necesarios. El problema sería mayúsculo y más si (y en el arranque de la temporada ya está sucediendo con Rudy) el equipo cae en la por lo demás lógica dependencia de la aportación de esos jugadores. Ante esta posibilidad al Real Madrid sólo le queda hacer un buen trabajo de previsión y de análisis de mercado para fichar algo que no será tan bueno pero que tendrá que ser lo mejor posible. 

Con Velickovic de vuelta, el (infinito) agujero que puede dejar Rudy tendría que ser cubierto a priori con un alero de físico y buen nivel. O con una buena reinterpretación de la plantilla porque al Real Madrid tampoco le iría mal un pívot puro y fuerte (más intenso que Tomic, más constante que Begic) o sobre todo un base puro que maneje el registro de juego en cinco contra cinco, una necesidad cuando se acercan los partidos de la verdad, casi siempre jugados en términos de agotamiento, juego posicional lleno de trampas para osos y finales apretados de posesiones masticadas hasta lo obsesivo. Sin eso, sin el desequilibrio por pura calidad de Rudy y sin lo que interpretamos que puede dar Ibaka, el Real Madrid competiría en clara inferioridad con los grandes de Europa. Pero la fórmula tiene otra incógnita que apunta a Pablo Laso, encargado de que los cambios resulten, cuando lleguen, lo menos traumáticos posibles. Y eso pasa por no dejar que tienda a cero el rol y la implicación de jugadores que pueden ser absolutamente necesarios aunque no lo parezcan tanto en esta primera fase de la temporada en la que la calidad pura garantiza un porcentaje abrumador de victorias. Hablo de un Suárez hasta ahora preocupante, de un Carroll demasiado intermitente o de un Sergio Rodríguez cada vez más lejos de una redención que nunca parece llegar.

Esta clara percepción del riesgo que corre el Real Madrid nos lleva a los debates más profundos que van asociados a las peculiaridades de mercado que arroja el lockout. Un asunto de disección compleja en el que hay obvias y diferenciadas categorías de análisis. No es lo mismo el caso de jugadores como Ilyasova o Rudy, decididos a seguir en Europa y con cierto margen de movilidad contractual, que el de aquellos que son europeos y garantizan integración y resultados (en mayor o menor medida) pero que regresarán sin ninguna duda la NBA (Ibaka, Batum, Parker), que el de los estadounidenses sin experiencia previa en Europa (de la marcha prematura de DeJuan Blair o DaJuan Summers a los inicios inestables de Ty Lawson o de una megaestrella como Deron Williams). O Kirilenko, un verso libre sin contrato NBA pero con bula para firmar cuando se desbloquee el lockout. Un jugador que firmó y agotó su gran contrato USA, que en Europa resulta absolutamente determinante y al que cuesta ver saliendo de CSKA cuando el baloncesto vuelva a funcionar en Estados Unidos.

Partiendo de que la generalización es por lo tanto peligrosa y resbaladiza, el debate está en los modelos y a priori parece claro que la jugada ganadora es la de transatlánticos como el Barcelona o un Panathinaikos menos rico pero todavía extremadamente competitivo (y defensor del título. Y con Obradovic…). Estos equipos han optado por obviar los cantos de sirena NBA y planificar en función del medio y largo plazo. Chichi Creus nunca ha tenido dudas y eso seguramente dará resultados en el decisivo trayecto que va de enero a junio. La fórmula, que parece de éxito asegurado en lo deportivo, es de aplicación más sencilla en un equipo como el Barcelona, con un proyecto asentado y ganador, una masa social satisfecha, ninguna urgencia porque vive en pleno ciclo ganador y, no lo olvidemos, una plantilla de por sí difícilmente mejorable. En casi todos los aspectos la antítesis con respecto al actual Real Madrid. Eso hace que, desde realidades distintas, sea plausible la política del Real Madrid y todavía más la del Barcelona. Porque parten de lugares distintos y persiguen objetivos distintos con un punto de fuga común y obvio, el de la disputa de los títulos, que sigue beneficiando al equipo azulgrana mientras su eterno rival intenta desenredarse y acortar distancias con zancadas lo más largas posibles. 

Ese análisis llegará a su debido momento. Pero por ahora, y desde el punto de vista del seguidor del Real Madrid, las señales de alarma y la peligrosa hipoteca deportiva que implican la caducidad segura del contrato de Ibaka y la casi segura (a esta temporada vista) del de Rudy, no pueden estropear la certeza de que a día de hoy, en la recta final de octubre, las cosas pintan mucho mejor que al comienzo del verano. Y no pueden difuminar el hecho de que el fichaje de Ibaka resulta un acierto para un Real Madrid necesitado de buenas noticias, que ha aprovechado una oportunidad de mercado (oportunidad Ibaka) para cubrir una baja por lesión a lo grande y haciendo mucho ruido, y que tiene garantizado un puñado de partidos en los que será más competitivo, más interesante de seguir para el público mayoritario y, desde luego, más divertido. Y eso no son malas noticias.

 

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