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Lockout 2011: Esto es lo que somos

CAMPO ATRÁS

Un blog para tratar el pasado, presente y futuro del baloncesto tanto nacional como internacional: ACB, ULEB, Euroliga, Eurocup y la NBA.

Autor: Juanma Rubio

Lockout 2011: Esto es lo que somos

Stern_blog

La máquina de producir sueños encubre una máquina de generar dólares. Eso es el deporte de elite, el negocio de la alta competición. Si se desnuda de la heroica y la brillantina -y si no importa el número de ceros de los cheques-, una industria con empresarios y asalariados; trabajadores, sindicatos y mandamases. Una que, como todas, tiene sus problemas y deja de preocuparse de hacer que los demás olviden los suyos propios, una de las grandezas del deporte, hecho para dibujar historias hermosas pero con tanto, y tan complejo, a su alrededor. La NBA ha frenado en seco, colapso empresarial en una época de colapsos empresariales. Y ahora nos preguntamos qué es justo, qué es divino y dónde acaban nuestros problemas y empiezan los de los demás. El hecho es que, por ahora aunque seguramente no por mucho tiempo, la temporada NBA está en peligro.


Mismos protagonistas doce años después

El acuerdo, aunque nadie lo dirá, no debería estar demasiado lejos. En los últimos días se han sucedido reuniones en formato maratón en las que las posturas, aunque nadie lo dirá con absoluta franqueza, se han acercado. El meollo de la cuestión, en términos que ya hasta los más profanos han aprendido a manejar, está en el reparto de beneficios. Una guía básica: el Comisionado David Stern capitanea el bando de los propietarios. El de los jugadores, Derek Fisher (presidente de la asociación: NBPA) y Billy Hunter, director ejecutivo. El quid del reparto de ingresos (BRI: basketball related income) está en la renegociación de unos porcentajes que el último convenio estableció en 57% para los jugadores y 43% para los propietarios. La batalla por ese porcentaje, la auténtica Omaha Beach del lockout, ha tendido, a la fuerza ahorcan, al acercamiento. Y en la carta que Derek Fisher envió a los jugadores tras la ¿fallida? reunión del martes se explicaba que los jugadores ofrecieron bajar al 52’4% hasta llegar en seis años al 54% (la media es de un 53% anual), una concesión estimada de unos 185 millones de dólares al bando de los propietarios, que pasaron del 46 al 47 y de ahí a un lugar cercano al 50-50. Es decir y entre la marea de números y rumores: las cifras son mareantes pero las posturas están en realidad próximas y en ruta hacia la colisión: el acuerdo.

La NBA habla de males endémicos y estructurales, pérdidas de casi 350 millones de dólares en la pasada temporada y vicios en el actual status quo que impiden a los clubes obtener los réditos que deberían en los momentos de bonanza de la liga. Detrás de esto están las dos velocidades entre los mercados ricos y los pobres, una competición cada vez más polarizada en términos económicos y competitivos. Hablamos siempre de cifras de una magnitud descomunal: en la 2009/2010 el BRI ascendió a 3643 millones de dólares, 2076 para los jugadores y 1567 para los propietarios en el rango de porcentajes 57/43.

Así que habrá acuerdo a pesar de que hay en la trastienda egos heridos y movimientos groseros. Las dos partes pasaron el verano entre gestos de reafirmación y exhibiciones de músculo. Cuando realmente se han sentado a hablar era tarde para todos menos para ellos: los dueños quieren que los jugadores sientan en sus carnes el vacío de los primeros cheques que no llegan (en verano no cobran) aunque eso les suponga exponerse a abrir el grifo de las propias pérdidas. La pretemporada (114 partidos: 200 millones menos para los clubes según Stern) ha sido cancelada junto con los training camps. Si la semana próxima nace sin acuerdo, caerán las dos primeras semanas de competición… aunque todavía se podría salvar la temporada completa de 82 partidos. En esas, suponemos, están. Porque detrás de la guerra de cifras queda un acuerdo que ahora está (analizando lo que de verdad dicen las cifras macro y los porcentajes) a 80 millones de dólares anuales vista. Esa es la gran brecha que queda por superar, un camino de concesiones que implicaría pérdidas (en lo económico, no digamos en lo relativo a imagen) menores que las que ambas partes tendrían que afrontar si llega 2012 y sigue sin haber baloncesto.

Jugadores_fisher

Hasta ahora los dueños han manejado mejor sus resortes mediáticos. Esperan a que su rival reviente bajo un optimismo puramente aritmético: Stern capitanea a 30 equipos mientras que la Asociación de jugadores cuenta con más de 400 jugadores y docenas de agentes que también perderán su bocado con el juego en hibernación. Algunos aceptarían un acuerdo a la baja con tal de retornar al trabajo cuanto antes. Los dueños lo saben, los agentes lo saben y Fisher y Hunter lo saben y por eso llaman a la fuerza y la unidad: el acuerdo no tiene que ser rápido, tiene que ser bueno. Pero los propietarios también han cedido y también se palpan los bolsillos, preocupados. Cada bando busca su momentum y mueve sus bazas. Y toda la escenografía necesita el tono apocalíptico de las últimas fechas, el baloncesto como quimera irrecuperable.

Bandos, culpables y hechos

Esta es la situación y los próximos días dirán si se escenifica –tik tak, tik tak…- el acuerdo y el abrazo o el divorcio definitivo. El peor de los escenarios resulta kafkiano pero al mismo tiempo absolutamente mundano porque enlaza, vuelvo al principio, a la NBA y sus mecanismos con los de cualquier otra empresa cuando seguramente lo último que quiere el aficionado, en los tiempos que corren, es sentir que los entresijos de la liga son como los de cualquier otra empresa. Por eso unos aplauden a los que luchan por sus derechos mientras otros repudian una lucha de millonarios por unas migajas llenas de ceros. La imagen, como el tiempo, también es dinero, y en plena crisis y socavón del sistema económico (¿y moral?) de Occidente, el deporte parece obligado moralmente a mantener vivo el espectáculo. Que los músicos toquen mientras el barco se hunde. The show must go on. Un panorama poco realista porque se olvida que en esa maquinaria también hay engranajes débiles y se olvida, por ejemplo, que un lockout implica también serios problemas para una miríada de operarios, trabajadores de pabellones, encargados de cada área y de todo lo que mueve cada franquicia y cada partido. Alguien vende las entradas, alguien calienta los perritos y alguien apaga las luces cuando los gigantes se van a la ducha.

El hecho es que esas consideraciones pueden invitar a caer erróneamente en la trampa mediática urdida por Stern y los propietarios: hacer que los jugadores paguen parte de sus propios errores, culpar y criminalizar a la que es la verdadera gallina de los huevos de oro: su sustento, los jugadores, como enemigo. Y esto hereda una brecha psicológica en la que hay mucho de guerra de clases, una sospecha constante que ha perseguido a los jugadores (cosas como el código de vestimenta…) y que Stern nunca ha hecho demasiado por cerrar. El espectáculo es de los jugadores y está en la pista y no son ni jugadores ni aficionados, por mucho que haya aspectos que pulir en el sistema actual y concesiones que el bando de Hunter y Fisher tendría y tendrá que aceptar, los culpables de una suerte de terrorismo contractual escenificado por errores gruesos (el contrato de Eddy Curry en los Knicks) o excesos cáusticos (el contrato de Rashard Lewis en los Magic). Se trata de rediseñar las relaciones en la NBA en un equilibrio que permita la supervivencia de la liga pero también de la competición con un sistema que no penalice a determinados mercados y determinados equipos. Y se trata de hacerlo sin consumir la paciencia de los aficionados, sin perder credibilidad y sin estropear lo conseguido, a nivel mediático y social, en las dos últimas temporadas.

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Una encrucijada llamada Europa

Europa, mientras, contiene la respiración, entregada a un juego nocivo que le ha convertido en comparsa e instrumento. Demasiado entregado a las veleidades de las estrellas (y las no tan estrellas), el viejo continente ha hecho poco por defender la tradición e independencia de su juego y su sistema. El frente abierto por Deron Williams y las ramificaciones que tienen hoy por hoy a Kobe Bryant flirteando con la Lega, a los hermanos Gasol entrenando con el Barcelona, a Kirilenko en CSKA, a Rudy en el Real Madrid o a Tony Parker en ASVEL, club que preside y en el que jugará por menos de 2000 euros al mes. Sólo una absolutamente improbable suspensión de toda la temporada provocaría el tsunami definitivo, un baile de piezas de consecuencias ahora mismo imposibles de imaginar. Hay agentes libres como Kirilenko que ya firmaron su gran contrato USA y que quizá no vuelvan y hay otros como Marc Gasol que lo firmarán de cara a la próxima temporada y no arriesgarán (lógico) la salud mientras tanto. De los jugadores con contrato, casi todos saldrán cuando se alcance un acuerdo y son castillos en el aire las cuentas para retener hasta el próximo verano a Ilyasova en Turquía o Rudy en España. El análisis es también multiangular: quizá la competición se beneficie de la llegada de estrellas con fecha de caducidad y en algunos casos poco interés competitivo. Pero quizá se esté vendiendo demasiado barato (aunque pagando bastante caro) ante un continente con el que después pretenderá marcar distancias. La implicación de los citados Rudy o Ilyasova con Real Madrid y EFES parece fuera de duda pero... ¿y Deron? Besiktas ni siquiera jugará la liguilla de la Eurocup y en el día que se le cerró esa puerta, el base dejó un partido horripilante: 3/13 en tiros de campo, 0/3 en tiros libres: 7 puntos, 7 asistencias… y 6 pérdidas de balón. ¿Un aviso para navegantes? Hasta que lo sepamos y hasta que veamos hasta dónde llega el lockout, la postura más sólida parece la del Barcelona, con un roster que será el mismo en este mes de octubre que cuando llegue, después de Navidad, la hora de la verdad: Copa, Top 16, playoffs ACB.

Parker1



El estado de las cosas permite análisis tremendistas y sesudos, planteamientos optimistas y pesimistas, puentes tendidos o tierra quemada. Cada uno es libre de elegir bando pero quizá lo que realmente filtra este lockout narrado en tiempo real en esta era de sobreinformación y redes sociales es que la NBA se ha desnudado y que detrás de la mística y la epopeya está una maquinaria capitalista y una estructura empresarial con sus peculiaridades y su abundancia pero también demasiado parecida a muchas otras. Quizá lo peor sea, aunque finalmente el juego regrese pronto (the show must go on...), comprobar que el material del que están hechos muchos de nuestros sueños es en definitiva la carne y el hueso, que al fin y al cabo esto es lo que somos. Al menos hasta que vuelvan los partidos – los equipos, las estrellas y su conjunción- y con ellos se ponga en marcha de nuevo la liturgia sagrada del deporte y sus iconos.

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