As de Espadas

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torero con estoque

FERIA DE ABRIL | SEXTA DE FERIA

Manzanares corta cuatro orejas e indulta a Arrojado

Tarde histórica en La Maestranza. José María Manzanares salió por la Puerta del Príncipe tras cortar cuatro orejas e indultar a un ejemplar de Núñez del Cuvillo, negro mulato, herrado con el número 217, que tuvo acometividad, bravura, calidad y entrega.

MUNDOTORO

José María Manzanares ha hecho historia esta tarde en la Real Maestranza de Sevilla al indultar al tercer toro de la tarde, un ejemplar de Núñez del Cuvillo, de nombre 'Arrojado', negro mulato, herrado con el número 217, que tuvo acometividad, bravura, calidad y entrega. El reencuentro de la divisa gaditana con el público sevillano no pudo ser mejor. Y Manzanares tuvo mucho que ver: lo hizo todo para que el Presidente atendiese la petición de indulto tras una faena simplemente excepcional, atravesada de cabo a cabo por la despaciosidad, la belleza y la profundidad. Pero no se conformó, porque quería salir por la Puerta del Príncipe y le cortó las dos orejas al sexto tras una labor de nuevo sensacional, esta vez por su desgarro y por su intensidad.

José María Manzanares ha indultado a 'Arrojado', de la ganadería de Núñez del Cuvillo, un toro precioso de hechuras, muy entregado en la muleta. Manzanares firmó con él una faena enorme. Todo tuvo una despaciosidad increíble en una faena largísima, en la que siempre el toro tomó los vuelos de la muleta. Ningún muletazo careció de un empaque y un compás maravillosos, que hicieron que la plaza de toros de Sevilla se pusiese enteramente en pie. También hubo improvisación, con cambios de mano tremendos. El público comenzó a pedir el indulto y Manzanares lo hizo todo para que éste le fuera concedido: siguió toreando, con la misma despaciosidad y el mismo empaque que había caracterizado todo su trasteo. Le fueron concedidas las dos orejas simbólicas.

Pero Manzanares quiso seguir haciendo historia y salió a darlo todo frente al sexto, cuya faena brindó al público. Este 'cuvillo' fue un toro bravo, que embestía con pujanza y le imprimía emoción a todos sus movimientos. El torero alicantino no le perdió la cara en ningún momento y llevó a cabo una faena que tuvo intensidad y desgarro en todos sus muletazos. Manzanares tocó hoy, con su toreo maduro, expresivo, templado y profundo, la tecla de la emoción en La Maestranza. El clamor en la salida por la Puerta del Príncipe, sacando al torero de la furgoneta, son la rúbrica de una tarde grande de la Fiesta de los toros.

El quite de Morante de la Puebla al primero quedó orillado como anécdota en una tarde presidida por el toreo de Manzanares, pero no era una anécdota. Rozó ese quite la perfección, por su templanza y su cadencia. Lástima que no hubiese más. Julio Aparicio no brilló con ese toro y tampoco lo hizo con el cuarto, que recibió mucho castigo en varas y que llegó vacío de fuerzas al último tercio. Algo parecido le sucedió al quinto, con el que Morante de la Puebla no se complicó la vida. Había hecho el sevillano un esfuerzo con el segundo, toro de embestida fuerte, que le valió una ovación.

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