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NUTRICIÓN

El desayuno que nos han metido por los ojos y es una bomba para la salud

La industria alimentaria se ha encargado de posicionar los cereales de desayuno como el prototipo de alimento saludable en la denominada comida más importante del día, pero ambas cosas son falsas.

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Reconócelo. En más de una ocasión has oído (y dicho) aquello de que el desayuno es la comida más importante del día. Una manida afirmación alrededor de la cual no existe un consenso claro porque supone adentrarse en un terreno pantaoso en el que se pretende que exitan diferentes tipos de alimentos según el momento de su consumo. Y nada más lejos de la realidad. No. el desayuno no es la comida más importante del día. Es una comida más. Tan importante como el resto.

¿De dónde viene ese empeño por ubicar el desayuno en la cúspide de la dieta? La famosa frase se le atribuye a Lenna Frances Cooper que, entre otras cosas, fue dietista en el Ejército norteamericano, y confundadora de la Asociación Americana de Dietética. Más concretamente en un escrito publicado en la revista Good Health, estrechamente relacionada con el balneario Battle Creek, fundado por John Harvey Kellogg.

¿Te suena ese apellido a imperio de cereales? Puedes empezar a encajar las piezas del puzzle y hacerte una idea de por dónde van los tiros. En efecto, el origen de la mítica frase que te has hartado de escuchar tiene más de un siglo y puede atribuirse sin tapujos al interés empresarial de un sector para poner la maquinaria en marcha. Y la publicidad hizo el resto. Y nosotros pasamos por el aro. Especialmente con los cereales de desayuno, aunque también con el resto de productos de la categoría.

Que levante la mano quien no se haya llevado alguna vez a la boca una cucharada o mil de cereales de desayuno bajo la creencia de que estábamos consumiendo algo saludable. Ojo, no estamos hablando de avena o similares. Estamos hablando de los que vienen en envases irresistibles con promesas cuasi de vida eterna y que están especialmente indicados para ti. Porque hay cereales para todos.

“Da igual que seas un deportista de élite, una niña de cuatro años o un contable sedentario. No importa si eres una ejecutiva adicta al (tele)trabajo o un adolescente confinado harto de sus convivientes adultos. Vas a toparte con un cereal de desayuno diseñado casi en exclusiva para ti. Porque, si hay algo en lo que estos productos son doctores honoris causa del marketing, es en la segmentación”, asegura en un artículo publicado en El Comidista, Beatriz Robles, dietista-nutricionista, divulgadora científica y docente en el Grado de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Isabel I.

Y lo cierto es que no dejan de ser alimentos ultraprocesados, esto es, preparaciones industriales elaboradas a partir de sustancias derivadas de otros alimentos que incluyen largas listas de aditivos (conservantes, colorantes, edulcorantes o potenciadores del sabor), con muy poco valor nutricional, que tienen un contenido rico en grasas, azúcar o sal y aportan una cantidad ingente de calorías.

Información confusa

Una información perfectamente enmascarada en el etiquetado, otro de los grandes logros de la industria. “El etiquetado cumple con la normativa (o bordea la delgada línea roja que separa la legalidad de la ilegalidad, sin cruzarla). Pero la información que te interesa queda diluida entre un manojo de mensajes publicitarios que te distraen de lo que te importa. Vas a ver exactamente lo que quieren que veas. Nada más”, explica la experta.

¿Qué es lo que quieren que veas? Pues básicamente todo menos que no te convienen. Y para ello no escatiman en mensajes y promesas aderezadas de etiquetas como eco, bio, con fibra, integrales, sin azúcares añadidos, enriquecidos con tal o cual vitamina y un largo etcétera. Cuando quieres darte cuenta ya los llevas en el carro.

Si te gustan los cereales para desayunar, estupendo: escoge los que tengan más proporción de cereales integrales, menos cantidad de azúcar añadido y olvídate de los que parecen un anuncio andante. Recuerda: las peores elecciones alimentarias son las que se hacen creyendo erróneamente que son una buena opción”, concluye Beatriz Robles.