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NUTRICIÓN

¿Cómo saber si un alimento es saludable, seguro o sostenible?

No siempre resulta sencillo comprar alimentos porque estamos expuestos a infinidad de información que en ocasiones es difícil procesar, más si buscamos adherirnos a un determinado patrón dietético.

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Parálisis por análisis. Quien no haya estado en el lineal de un supermercado con dos productos en la mano deshojando la margarita que levante la mano. No siempre resulta sencillo comprar alimentos porque estamos expuestos a infinidad de información que en ocasiones es difícil procesar, más si buscamos adherirnos a un determinado patrón dietético.

Afortunadamente existen formas de saber cómo hacer la cesta de la compra si optamos por criterios relacionados con la salud o la sostenibilidad por ejemplo. Y en este sentido el etiquetado es la principal referencia en lo que a productos envasados se refiere. Los alimentos frescos son otras historia.

Eso sí, la etiqueta convencional, la única que es obligatoria hasta que lleguen definitivamente otras alternativas como ‘nutriscore’, un código de colores que identificará en las etiquetas de alimentos y bebidas la calidad nutricional, requiere un alto nivel de conocimientos de nutrición para poder interpretarla y no facilita la compra de alimentos saludables.

Apartados clave en el etiquetado

En cualquier caso, las etiquetas que están actualmente en uso, a la espera de mejoras, deben contener 13 apartados básicos, que a la postre ofrecen información para resolver algunas dudas:

  • Nombre de producto.
  • Ingredientes.
  • Cantidad neta.
  • Graduación alcohólica (si la hubiese).
  • Fecha de caducidad.
  • Fecha de consumo preferente.
  • País de origen.
  • Conservación y utilización.
  • Declaración de nutrientes.
  • Alérgenos.
  • Conservantes.
  • Tamaño de la porción.
  • Identificación de la empresa productora.

¿Cómo identificar alimentos saludables?

La primera decisión, y la más importante, es saber elegir aquellos alimentos que por definición son saludables. Con algunos no hay ningún género de dudas. Las frutas y las verduras son saludables ya que su valor nutricional es elevado y beneficioso para el organismo. Pero también lo son los cereales, legumbres, frutos secos, pescados o carnes blancas. En todos ellos, el aporte de minerales, vitaminas, fibra, ácidos grasos, proteínas y grasas insaturadas garantiza una alimentación variada y equilibrada, como la que procura la dieta mediterránea.

En el caso de los productos envasados hay que saber interpretar el etiquetado o al menos tener unas mínimas nociones para hacerlo. Es importante tener en cuenta que la cantidad de azúcares añadidos, grasas saturadas o sal son indicadores que nos permiten conocer hasta qué punto nos conviene. Un ejemplo en el que estos indicadores suele ser sinónimo de mala alimentación son los denominados alimentos ultraprocesados.

Por regla general, son preparaciones industriales elaboradas a partir de sustancias derivadas de otros alimentos que incluyen largas listas de aditivos (conservantes, colorantes, edulcorantes o potenciadores del sabor), con muy poco valor nutricional, que tienen un contenido elevado en grasas, azúcar o sal y aportan una cantidad ingente de calorías.

¿Cómo identificar alimentos seguros?

Aquí es importante comenzar indicando que todos los productos a la venta en el lineal de un supermercado o tiendas específicas de barrio se ajustan a la legislación vigente o han pasado los pertinentes análisis de calidad que permiten su venta al público. Pero en esta ocasión también debemos diferenciar entre productos frescos y envasados. Y empezaremos por los últimos.

Aquí debemos remitirnos a la fecha de caducidad y fecha de consumo preferente, ambas indicadas en el etiquetado y relacionadas, aunque no son lo mismo. La fecha de caducidad se refiere a la seguridad y posibles riesgos para la salud de consumir determinados productos y la fecha de consumo preferente se asocia más a la calidad de los mismos.

La fecha de caducidad se indica en productos que son muy perecederos y con riesgo microbiológico por lo que, una vez se sobrepasada la misma, el alimento en cuestión no debe consumirse por la posible presencia de bacterias patógenas. Es preciso seguir las indicaciones del etiquetado, tanto a nivel de consumo como de conservación.

La fecha de consumo preferente se aplica a productos más duraderos y está directamente relacionada con las propiedades organolépticas de un alimento como el sabor, la textura, el olor, o el color. Una vez pasada esta fecha se pueden consumir los alimentos, aunque pueden haber perdido parte de esas propiedades pero no hay riesgo microbiológico.

En el caso de alimentos frescos que pueden o no venir envasados, como frutas, verduras, pescado o carne, es indispensable conservarlos a su temperatura recomendada, pero también tener en cuenta que llegado el momento el olor, la textura, las manchas, el color, la presencia de moho o directamente un mal sabor son indicadores claros de que algo no va bien. Si se consume un alimento en teórico mal estado, no tiene porqué suponer un riesgo para la salud, pero mejor evitarlo.

¿Cómo saber si un alimento es sostenible?

La alimentación sostenible, muy relacionada con el concepto de saludable, busca promover la producción y consumo responsables, genera un impacto ambiental reducido, lucha contra el cambio climático, respeta la cultura, la biodiversidad y protege los ecosistemas terrestres y la vida submarina.

Aquí podemos hablar una vez más de la dieta mediterránea, que es un patrón de alimentación y estilo de vida saludable, pero además algunas investigaciones aseguran que el aumento de la adherencia en España reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero (72%), el uso del suelo (58%) y el consumo de energía (52%) y, en menor medida, el consumo de agua (33%).

El etiquetado, una vez más, puede darnos pistas sobre si el producto que estamos adquiriendo responde al concepto de sostenible, y existen comercios dedicados exclusivamente a la venta de este tipo de productos

La tecnología como aliada: apps de nutrición

En los tiempos que corren, en plena era tecnológica, existen determinadas herramientas que pueden ayudarnos a la hora de tomar una decisión en el punto de venta. Son las denominadas apps de nutrición y en la actualidad existen varias opciones que puedes descargar en tu smartphone y cuyo funcionamiento es similar: escaneando el código de barras ofrecen datos e información sumamente relevantes que pueden suponer un elemento diferencial a la hora de decantarse por un alimento u otro.

Yuka, MyRealFood, Open Food Facts o El Coco son algunas de las más descargadas por los consumidores y sirven, como hemos comentado, para escanear alimentos procesados y obtener una valoración nutricional del producto o características sobre su producción. No es una mala idea probar alguna de ellas.