Víctor Fernández, tricampeón mundial de windsurf: “No hay amistad en el agua”
El triple campeón mundial de windsurf repasa en Pozo sus rivalidades, la evolución del material y su futuro en el PWA World Tour.


A sus tres títulos mundiales, Víctor Fernández les pone contexto con una frase que resume su competitividad: “No hay amistad en el agua”. El windsurfista de Almería habló tras el evento de Gran Canaria sobre una carrera de más de dos décadas en la élite y sobre lo que todavía le empuja a seguir peleando mangas y podios.
Durante años compartió marca, viajes y desarrollo de material con otros aspirantes al título. En los entrenamientos, asegura, el ambiente es colaborativo: se intercambian sensaciones sobre tablas y velas, se prueban configuraciones y se empujan mutuamente para elevar el nivel del equipo. “Si alguien quiere mi ola entrenando, no voy a pelear por eso”, viene a decir.
Pero todo cambia cuando arranca la manga. Ahí, según el almeriense, el enfoque es radicalmente distinto: cada uno compite al límite y solo importa ganar el heat. Esa es la frontera invisible que separa la camaradería del alto rendimiento. “Nos empujamos al máximo. No hay amistad en el agua”, explica al referirse exclusivamente al momento competitivo.
En su recuerdo, el sueño no empezó con el World Tour, sino con un destino: Ho’okipa (Maui). “Mi objetivo era ir a Maui algún día… no pensaba en ser campeón del mundo”, explicó. Lo consiguió en 2001, con 18 años, y la experiencia le marcó: “No era lo que pensaba… era mejor. Kanaha era como un skatepark”.
La competición, sin embargo, tiene su propio peaje. Fernández recordó el peor momento logístico de su vida deportiva: rumbo a una “storm chase” hacia Tasmania pagó 1.500 euros por facturar dos bolsas. También deslizó que el final de su etapa en el circuito no está lejos: “Sí, lo he pensado… quizá el año que viene o el otro, depende del patrocinio”.
Entre medias, quedan capítulos clave: su rivalidad con Philip Köster en Pozo (“una relación buena… pero es un ‘back and forth’ constante”) y su convicción de que la experiencia en spots difíciles alarga carreras. “En wave, entender cada ola lleva años. Si vas una vez a Maui, estás perdido”, dijo.
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Fuera del foco, el campeón se aferra a lo simple. Asegura que lo que más echa de menos viajando es “mi hijo”, y que disfruta enseñando en su centro: ver a un principiante volver “feliz” tras la primera sesión. Porque, después de tanto título, su combustible sigue siendo el mismo: “Solo quiero estar en el agua y desconectar del mundo”.
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