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Surf

Aparece muerto un extraño pez en una playa surfera

Se trataría de un pez balón, que suele habitar en la oscuridad a 1.000 metros de profundidad, y se desconoce cómo ha acabado en la arena de la playa.

Aparece muerto un extraño pez en una playa surfera
Facebook Ben Estes

Quienes llevan unas cuantas sesiones de surf a sus espaldas saben que lo habitual en el agua es encontrarse con vida marina. No en vano, el mar es el medio de muchas especies tanto de flora como de fauna. Y en algunas ocasiones, aparecen ejemplares muertos tanto de algas como de peces. Lo que no es habitual es que sean ejemplares de un pez que vive muy lejos de la playa como ha ocurrido en el Crystal Cove State Park.

Esta zona de California, en la que también rompen olas y se puede surfear (uno de los clásicos de este Estado de los Estados Unidos), apareció hace unos días un pez balón. Se trata de una de las más de 200 especies de rape, de la familia de los Lophiiformes, y es uno pez bastante esquivo. Básicamente porque suele vivir a 1.000 metros de profundidad, alejado de la superficie.

Según explican desde el Parque Estatal de Crystal Cove, este animal tiene los dientes afilados y transparentes, ojos negros a los lados de su cabeza plana, la piel desnuda, aletas sin espinas y su elemento más característico: la hembra tiene una especie de bombilla bioluminiscente -gracias a unas bacterias- que cuelga de la parte frontal de su cabeza y le sirve para atraer a sus presas. Unas presas que pueden medir ni más ni menos que su propio tamaño (puede pesar hasta 30 kilos), ya que está capacitado para comérselas. El macho, por su parte, dicen literalmente que "no miden más de 3 centímetros y su única función es adherirse a la hembra con los dientes, convirtiéndose en un parásito sexual y fusionándose hasta que no queda nada de su forma a excepción de los testículos".

La nota en la que informan del hallazgo en esta playa acaba diciendo que "ver un pez balón intacto es muy raro y es desconocido cómo o por qué acabó en la orilla". Tanto es así que lo van a llevar al Museo de Historia Natural de Los Ángeles para formar parte de la colección y para seguir estudiándolos.