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Snowboard

Queralt Castellet, you'll never ride alone

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Cameron Spencer

Getty Images

Llevaba la frase en el casco y no podía ser más cierta. Más de uno, de dos y de tres trasnochamos para ver a Queralt Castellet en PyeongChang.

Dos de la madrugada en Barcelona, las 10 de la mañana en Corea del Sur. Suena el despertador. A duras penas ha pasado una hora y media desde que cerré los ojos. Tras varios intentos fallidos consigo parar la alarma. Abro un ojo y veo que mi pareja está despierta leyendo una obra de teatro sobre la que tiene que hacer una escenografía. Le digo que me voy al sofá a ver la final de Snowboard Halfpipe femenino en la que participa Queralt Castellet, a la que ha conocido especialmente gracias a Ride to the roots. Al final, acabamos los dos en el sofá, con el edredón –hace frío- dispuestos a ver la televisión.

El periodista José Manuel Tallada y un pionero del snowboard en España como Iker Fernandez ponen la voz a la retransmisión de la final. Una tras otra, las riders van haciendo su primera ronda con un magnífico sol en el Phoenix Snowpark de PyeongChang. Eso sí, a -8ºC y por tanto con más frío que en nuestro sofá.

Como nosotros, en las redes sociales puedo ver a varias personas despiertas, atentas a lo que ocurre en este medio tubo gigante de nieve que aparece en pantalla, deseando que Queralt obtenga el preciado metal y disfrutando con el nivel que muestran Chloe Kim y Jiayu Liu, que ya en primera ronda han salido a por todas y la han clavado.

En esa primera ronda, la pionera española del snowboard no arriesga y a pesar de plancharla, no consigue la puntuación deseada. Es así como en la segunda, decide optar de nuevo por asegurar y consigue una mejor puntuación. Se pone sexta. Se guarda lo mejor para el final y sigue con opciones de medalla porque nadie parece asegurar el bronce.

Así llegan a la tercera ronda, en la que Arielle Gold se cuela en el tercer puesto con 85.75 y encarece las medallas, Jiayu Liu consigue mantener la plata y Chloe Kim, ya con el oro en el bolsillo, remata la faena con un espectacular 98.25. Entre ellas, Queralt Castellet decide ahora sí arriesgar y todo va muy bien –Bs 9, Fs 9, Bs Air- hasta que en el último Fs 1000 se cae. Una pena, era una ronda que podría merecer un cajón en el podio. Al final, séptima. "Está bien, pero no era el objetivo", reconoce la rider de Sabadell.

Nos vamos a dormir. Ahora soy yo el que fruto de la tensión no consigue dormir. Después de lo que he visto, me viene a la cabeza una frase de Kepa Acero, surfista y aventurero al que admiro y respeto: "Lo importante en la vida es el camino que haces en busca de los objetivos". Lo dijo tras un viaje para surfear en la Antártida en el que no cogió ni una ola, pero se bañó entre miles de pingüinos y fue una experiencia maravillosa.

Pienso que Queralt Castellet ha recorrido un largo camino de 12 años desde que se diera a conocer internacionalmente en los Juegos Olímpicos de Turín 2006. En ese camino ha tenido obstáculos muy difíciles de superar como perder a su novio y entrenador, pero también ha estado siempre arropada por su familia y ha encontrado a gente como Benny Bright, dispuesta a recuperar su sonrisa y su mejor nivel en snowboard; y ha recibido todo tipo de mensajes de apoyo que para estos JJOO llevaba en el casco.

Uno de esos mensajes, concretamente el que llevaba en la parte frontal, decía "You'll never ride alone". Eso es. En un país como España, en snowboard y siendo chica (por desgracia, tres 'hándicaps'), Queralt Castellet ha conseguido con su riding y su simpatía que decenas, centenares o quien sabe si miles de personas, trasnocharan frente al televisor para ripar con ella desde la distancia. Sus olas en la Antártida eran la medallas en los Juegos Olímpicos; sus pingüinos, todos los que trasnochamos para verla competir.

Ahora, con 28 años, su camino sigue. Estoy convencido de que no lo hará sola -como hasta ahora- y pienso que al día siguiente, cuando me levante, escribiré un texto como este con el objetivo de darle ánimos para que siga recorriéndolo. Puede que ni los necesite, pero a mí me gustaría dárselos. Y así fue como me entró el sueño... buenas noches. 

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