CICLISMO

¿Qué fue de... Laudelino Cubino, el rey de Luz Ardiden?

Extraordinario escalador que ganó tres veces en el coloso pirenaico. Tiene triunfos en las tres grandes. Coetáneo de Perico e Indurain, hoy cumple 57 años y repasa su carrera en AS.

¿Qué fue de... Laudelino Cubino, el rey de Luz Ardiden?

"Fui un ciclista del montón, pero del montón bueno", dice Laudelino Cubino González (Béjar, Salamanca, 57 años) con honesta humildad cuando echa la vista atrás para recordar su carrera sobre la bicicleta. Una afirmación que se queda algo corta cuando se repasa el palmarés que logró el bejarano durante sus 11 años como profesional, en los que consiguió 33 victorias, incluidas tres en la Vuelta, una en el Tour y dos en el Giro. Forma parte del selecto club de corredores con triunfos en las tres grandes, algo que sólo han conseguido 14 españoles en toda la historia.

Extraordinario escalador de la década de los 80 y 90, su forma de correr, atacante y aventurero, continuaba la tradición del ciclista español de montaña del siglo XX, pero con una velocidad para resolver en grupos pequeños donde se intuían capacidades propias del cazaetapas del siglo XXI. Coincidir con Perico Delgado y Miguel Indurain en el tiempo quizá ensombreció algo su calidad, pero el aficionado español siempre reservó un hueco para aplaudir las cabalgadas en las cumbres y los hachazos que le llevaron a ganar etapas épicas. Con motivo de su 57 cumpleaños, que celebra este 31 de mayo, las repasa para AS.

Cubino, durante una bajada.

Los escarabajos y el idilio con Luz Ardiden

"Yo era un buen amateur, pero hasta que no pasas a profesionales no sabes si vales para esto", recuerda Cubino de aquel 1986 en el que recibió la alternativa con el equipo Zor. Y pronto se destapó como un escalador excelso en la prestigiosa aunque ya desaparecida Clásica de los Puertos de Guadarrama. "Después del alto del León, en el Circuito de Los Molinos, me quedé con un pequeño escalador colombiano del Kelme, José Alirio Chizabas. Recuerdo que no me quería dar ni un relevo. Era uno de esos que llamaban 'escarabajos', tan buenos hacia arriba como lentos en los sprints y le gané. Eso hizo que empezara mi etapa profesional con mucha confianza".

Tanto como para brillar en el Tour del Porvenir, carrera para ciclistas jóvenes, que aquel año tuvo marcado acento español. Seis victorias españolas en 15 parciales, con triunfo en la general para un joven Miguel Indurain (22 años). Pero en la etapa pirenaica de Luz Ardiden, Cubino demostró sus dotes de escalador. "Una cima que me acompañaría toda la vida, si entonces me hubieran dicho que volvería a ganar allí en la Vuelta y en el Tour, no lo hubiese creído", asegura el bejarano.

Algo pudo intuir cuando al año siguiente fue capaz de estrenarse en una grande, en la Vuelta, y en unos Pirineos en los que se movía como pez en el agua. "Fue una Vuelta en la que comencé muy despistado, luego me recuperé y me tuve que retirar en la penúltima con un problema de rodilla". Aún así, le dio tiempo a presentarse en sociedad con un triunfo en Cerler muy meritorio. "Lo recuerdo como el más agónico de mi carrera. Ataqué a 3 km y me perseguía Lucho Herrera. Lo di absolutamente todo y llegué con 10" sobre él. Pura agonía física, ese es el gran atractivo de los finales en alto. En el llano la agonía era psicológica, sobre todo en las llegadas por los nervios".

Cubino, Escartín y el Chava Jiménez, tres de los escaladores más brillantes de la época.

¿Javier, cuánta ventaja llevo?

El Tour de 1988, su segunda experiencia en Francia, contaba con un etapón con llegada en Luz Ardiden y Cubino, en las filas del BH y con Javier Mínguez de director, tenía marcado en rojo aquel día de altísima montaña: 187 km con Aspet, Mente, Peyresourde, Aspin, Tourmalet y meta en Luz Ardiden. Tremenda. El bejarano había estado 14 días de líder en la Vuelta, pero acabó cayendo al cuarto puesto en la general. En aquel Tour se sentía con ánimo de hacer algo grande.

"A mí me gustaba atacar en el puerto anterior y luego intentar aguantar. Eso hice. Arranqué en el Tourmalet y me planté en Luz Ardiden. Comencé a subir y Javier Mínguez me apretaba mucho, como si me fueran a pillar, y yo solamente seguía tirando hacia arriba. Mínguez no me daba referencias y yo iba como loco hasta los últimos 3 km, que se ve la carretera y supe que iba a ganar. Y tanto que gané... ¡con seis minutos de ventaja!". Un día en el que Perico destrozó a sus rivales y dio un paso clave para el que sería su Tour de Francia (Cubino acabó 13º).

"¡Qué bien se va a rueda de Indurain!"

Tras una temporada de 1989 en la que siguió aumentando su palmarés (Valles Mineros, Galicia, Asturias…), pero en la que se retiró del Tour por una caída, en 1990 consiguió otro logro destacado que recuerda con cariño, el Campeonato de España. Una carrera disputada en Vitoria en la que se jugó el triunfo con Javier Mauleón y Miguel Indurain. "¡Qué bien se iba a rueda de Miguel en una escapada! Te tapaba el viento y era muy generoso, no te pedía relevos. Mauleón y yo nos aprovechamos y en meta, yo era mucho más rápido, así que pude ganar", recuerda de un año en el que vivió otro momento muy emotivo.

"Los ciclistas de mi época llegamos admirando a ciclistas como Perico Delgado y Marino Lejarreta. Por eso nunca olvidaré aquella victoria en la general de la Volta. La logré con Lejarreta segundo y Delgado, tercero. Mis dos ídolos españoles, aunque también tenía alguno extranjero, ¿quién de aquella época no idolatraba a Hinault? Pero esa foto de aquel podio, que por cierto no tengo, es una de esas imágenes grabadas en la memoria", asegura.

La etapa más dura de la Vuelta

Laudelino Cubino rememora aquellos logros de hace 30 años, pero por los que hace poco fue tendencia en Twitter. La retransmisión de etapas históricas durante el confinamiento recuperaron la etapa de la Vuelta 1992 con, otra vez, meta en Luz Ardiden. Muchos la consideran la más dura de la historia de la ronda. "Tenía cinco puertos, tres de primera (Portillon, Peyresourde y Aspin) y dos especiales (Tourmalet y Luz Ardiden). No se contaba tanto el desnivel como ahora, pero seguro que andaba cerca de los 5.000 metros", cuenta.

Página de AS con la crónica de la victoria de Cubino en Luz Ardiden en la Vuelta 1992.

Fue un día dantesco, de frío, lluvia, nieve y niebla, del que se recuerda a Perico echando el pie a tierra. Aquella era una jornada que Cubino tenía entre "ceja y ceja" en su reencuentro con el puerto pirenaico: "Sí, y ataqué en el Tourmalet, que coroné creo que con un minuto. No tenía yo mucha esperanza de aguantar. Tengo el recuerdo de pensar, ya en Luz Ardiden, 'pongo piñón grande y hasta dónde llegue". Pero, a pesar de que un Tony Rominger mostró la fortaleza que le llevaría a ganar su primera Vuelta, no logró cazar al bejarano. "Fue a mitad de puerto cuando me convencí de que podía ganar".

El podio fantasma y el Giro

"En la Vuelta de 1993, tras ser sexto el año anterior, me propuse subir al podio. Nunca lo había logrado en una grande y, en aquella edición, a pesar de no lograr ningún triunfo de etapa, conseguí ser tercero. Fue una alegría enorme, me demostré que era capaz", cuenta, pero con cierta pena. ¿Es que esa foto tampoco la guarda? "¡No, es que no hubo podio! Creo que debe ser de las pocas ediciones que no subimos los tres primeros. Terminaba en Santiago y ganó Rominger, con Zulle segundo. En la historia quedará que subí al podio, pero nadie se acordará de que no hubo. Yo sí".

Etapas en Tour, Vuelta, podio en una grande, campeón de España… ¿qué le quedaba a Cubino? "En 1994, con el Kelme, fue la primera vez que fui al Giro. ¡Me encantó! Me llama mucho la cultura italiana, la comida… y encima me encontré con una carrera preciosa. Paisajes extraordinarios, finales en pueblos pequeños. Muy bonito. Y lo recuerdo con cariño también porque en mi debut logré ganar en Fiuggi. Al año siguiente volví, y también vencí en Monte Sirino. No tengo el recuerdo de pensar que ya había ganado etapa en las tres grandes. Creo que ni lo valoré, es ahora cuando te das cuenta de que da cierto prestigio…".

Laudelino Cubino.

Vinculado con el ciclismo

A pesar de los triunfos en Italia, Lale ya sufría los problemas físicos que le impidieron contar con un palmarés mayor durante su trayectoria, incluido una mononucleosis que le dejó sin fuerzas. Sin embargo, un escalador como él consiguió tener un final más que simbólico. "A pesar de un año tan malo como el de 1996, logré ganar una etapa en la Vuelta a Colombia. Me gustó porque entonces era difícil ganar en esas altitudes para los europeos. Levantar los brazos en la tierra de escaladores".

"Fue una bonita victoria final", recuerda un Cubino que tras aquella temporada se retiró. Tras colgar la bicicleta, no se alejó mucho de su deporte y emprendió varios proyectos vinculados con el ciclismo, como abrir un hotel dedicado para turismo de la bicicleta o ser director de un equipo en Bolivia. En la actualidad, ha trabajado para varias marcas como representante, tanto de bicicletas como de ropa deportiva. Hoy, en su 57 cumpleaños, echa la vista hacia atrás para recordar con AS su figura en la carretera. "¿Mi balance? Creo que es para estar muy orgulloso". Un palmarés con numerosos triunfos... y un título honorífico que le adjudicaron todos aquellos aficionados en los que dejó huella: "El rey de Luz Ardiden".