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LA RUTA DEL TOUR

La picardía de Anquetil burló a Bahamontes

En la llegada a Épernay en 1963, el toledano fue protagonista. Luego pudo ganar el Tour, pero el francés inventó una avería para cambiar de bici en un descenso.

La picardía de Anquetil burló a Bahamontes

El Tour de Francia conmemoraba su 50ª aniversario en 1963 y organizó una fiesta a la altura de la efeméride en la plaza del Ayuntamiento de París, que congregó a antiguos ganadores de la carrera, algunos tan veteranos como Thys, Frantz, Lambot y Buy­sse. De allí se desplazaron a Nogent sur Marne, donde la carrera arrancó camino de Épernay, que hoy acogerá por segunda vez una meta de la Grande Boucle. Aquel día ganó el belga Eddy Pauwels, pero el gran protagonista fue Federico Martín Bahamontes, que a sus 35 años seguía con ganas de batalla. Y vaya que si la dio...

Antes de que Fede entrara en acción hubo otros dos protagonistas sobre el recorrido de 152 kilómetros. Jacques Anquetil, ganador en las dos anteriores ediciones, sufrió una caída en los primeros lances. Y Rik van Looy, otro grande de la época, lanzó un ataque lejano que el equipo del propio Anquetil, ya repuesto, no permitió.

En el kilómetro 117, Bahamontes sorprendió con una ofensiva en el llano, formó un cuarteto con Ramsbottom, Sorgeloos y Pauwels, y se plantó en la meta con un beneficio de 1:28 sobre los favoritos. El toledano anunciaba así sus intenciones, que se confirmaron con los días y le condujeron al segundo peldaño del podio, a 3:35 de Anquetil. La tercera plaza fue para Pérez Francés.

Bahamontes pudo ganar incluso aquel Tour, que seguramente se decidió por una artimaña del Saint Raphael en los Alpes. Fede había ganado la etapa de Grenoble, se puso líder al día siguiente en Val d’Isere y llegó a la jornada de Chamonix con ganas de rematar. El recorrido incluía el Forclaz, una subida gravosa con pendientes del 18%. Anquetil quería una bici ligera para resistir los embates del español, pero el reglamento le impedía cambiar de máquina para el descenso, salvo que sufriera una avería… Y la sufrió. "Mierda, ha roto su desviador", gritó Raphael Geminiani delante del comisario para justificar el cambio. Al volante del equipo Margnat-Paloma, Raoul Rémy golpeaba el volante furioso porque sabía que se la habían colado. Anquetil cazó a Bahamontes en la bajada… Y aún le quedaba la crono de Besançon para sentenciar.