TOUR DE FRANCIA | ETAPA 1

Teunissen se reconvierte para triunfar en la tierra de Merckx

El lanzador de Groenewegen aprovechó la caída de su líder para ganar la etapa y vestir el primer maillot amarillo. Fuglsang sufrió un duro accidente.

Los 176 ciclistas que han tomado la salida del Tour de Francia 2019 tienen el listón muy alto, la responsabilidad de situarse al nivel de la historia de una carrera mítica, de esos 100 años del maillot amarillo que se cumplirán el 19 de julio, de ese 50 aniversario de la primera victoria del más grande, Eddy Merckx, y, si nos elevamos a las cumbres de los escaladores, de esos 60 años desde el triunfo de Federico Martín Bahamontes, el decano de los ganadores vivos del Tour. El próximo día 9 cumplirá 91. Eterno Fede.

Esa eternidad del Tour se escenificó este sábado en Bruselas, en un fin de semana que brinda tributo a Merckx. Una ciudad y un deporte a sus pies. El Caníbal ya corrió por estas carreteras en su primera participación en la Grande Boucle, y transitó igualmente por Woluwe-Saint Pierre, el municipio donde su padre había abierto una tienda de ultramarinos, allá donde el mejor ciclista de todos los tiempos empezó a montar en bicicleta para pedalear hasta el infinito. 

Había que estar a la altura. Y así lo entendieron todos, pero especialmente los belgas. Greg van Avermaet, uno de los grandes clasicómanos del pelotón actual, buscó la escapada para coronar el Muro de Grammont, que también se ascendió en aquel 1969. En cabeza pasaron entonces Merckx, faltaría más, y Roger de Vlaeminck, cuatro veces ganador de la París-Roubaix. Van Avermaet tomó el testigo de sus ilustres compatriotas con una fijación: subirse al podio como primer líder de la Montaña. En honor a Eddy.

Greg van Avermaet coronó en cabeza el Muro de Grammont y se enfundó el maillot de la Montaña en honor a Eddy Merckx.

Luego hubo un tramo de pavés, también muy belga. El equipo Bora apretó en ese adoquinado de Thiméon, para que Peter Sagan dominara el sprint intermedio, con el desafío aún lejano de su séptimo maillot verde en París. Otro ciclista con espíritu Merckx. Esa aceleración rompió el grupo en varios pedazos, pero no sorprendió a casi ningún favorito, al menos a ninguno de los principales. Y la refriega no prosperó.

Los ingredientes puros de las clásicas se mezclaron con los ingredientes clásicos del Tour. A 18 kilómetros de la meta, cuando el pelotón ya va embalado y no espera a rezagados, Jakob Fuglsang sufrió una dura caída. Las apuestas sitúan al danés como el tercer favorito, a pesar de sus 34 años y de no haber catado ningún podio de una gran vuelta. En la presente temporada está siendo uno de los mejores, por eso cotiza alto. Con la cara ensangrentada y visiblemente magullado, logró enlazar con la ayuda de sus compañeros del Astana. En honor a la historia del Tour. Ya veremos cómo evolucionan esas heridas en los días venideros, pero no te puedes bajar en la tierra de Merckx.

No fue el único accidente. A menos de dos kilómetros, ya en la zona técnica, hubo una tremenda montonera. Por ahí se quedó Dylan Groenewegen, uno de los candidatos al sprint. Y eso dio la oportunidad de su vida a su lanzador, Mike Teunissen, que remontó por un tubular a Sagan. Hacía 30 años, desde Erik Breukink, que un neerlandés no vestía el maillot amarillo. La prenda se la impuso Merckx en el podio de Bruselas, en la vecina Bélgica, paradojas del deporte, tras un final incierto y vibrante, digno de las 106 ediciones de una ilustre carrera que nunca olvida a sus campeones.