NBA | NETS 112 - KNICKS 110

James Harden: ¿complemento o estorbo de Kevin Durant?

Los Nets sobreviven a los Knicks con un buen partido de Harden al principio, pero dificultades al final. Durant, una vez más, resuelve al final.

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Los Nets son ambiguos. Ambivalentes. Es un equipo molón, atractivo, lleno de talento y lógicamente orientado a ganar el anillo. Pero despierta dudas, animadversiones, algún que otro pero y problemas a la vista. La calidad de sus estrellas, en particular de Kevin Durant, les está permitiendo liderar una Conferencia Este (15-6) con muchos aspirantes pero ningún dominador claro. Pero la baja de Kyrie Irving y los problemas de compenetración con James Harden pueden ser una losa muy grande de cara a los playoffs. Porque sí, los Nets se juegan la temporada en abril y hace unos meses fueron apeados de playoffs en un séptimo partido histórico en Brooklyn, cuando plagados de lesiones llevaron a los Bucks, futuros campeones, a la prórroga. Y los condicionantes nos dicen que si Durant hubiera lanzado un poco más atrás el lanzamiento que forzó el tiempo extra, el campeón hubiera sido (obviamente) otro. Y los Nets se podrían haber llevado ese anillo que tanto buscan. Pero, claro, de los condicionantes no se vive. Y de nada sirve ahora acordarse de todo eso.

Harden jugó bien ante los Knicks... durante un rato. Fue un gran complemento en la primera parte, el líder en muchos momentos del juego, y acabó con buenas estadísticas (34 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias, con 3 robos) y, sobre todo, buenos porcentajes en el lanzamiento (11 de 20 en tiros de campo, 3 de 8 en triples y 9 de 10 en tiros libres). Una actuación más que correcta, pero empañada con 5 robos de balón y un último cuarto en el que apenas sumó 4 puntos y fue más un estorbo que otra cosa. Porque Harden, un anotador absolutamente generacional, generador prolífico y, no hace mucho (en 2018), MVP de la mejor Liga del mundo, tiene una forma muy particular de jugar. Y no siempre se adapta a la perfección a otras estrellas que también necesitan balón y, además, generar puntos en momentos en los que él está acostumbrado a asumir el protagonismo.

Durant también jugó bien ante los Knicks. De hecho, muy bien, ya que se fue a 27 puntos, 5 rebotes y 9 asistencias (su evolución en este aspecto desde que aterrizó a los Warriors ha sido meteórica). Además, anotó 11 en el último cuarto, y 9 dentro de los 6 últimos minutos. Y Durant, una leyenda enormérrima y uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, sí sabe jugar sin balón: aprendió en los Thunder, al lado de un Westbrook que necesitaba el manejo mucho tiempo. Y terminó de desarrollarse como jugador en los Warriors. Y ojo, que no estamos hablando de Klay Thompson, un jugador que está prácticamente todo el tiempo sin balón. Durant sabe jugar sin él. Pero en esos momentos calientes de la verdad, en los que se deciden los partidos, él es el generador y el ejecutor, el que sube la bola y la pasa o la encesta. El héroe, el juez y el verdugo. Y que Harden bote durante 20 segundos sin apenas movimiento y luego se la pase, no es la mejor solución.

No es exactamente lo que ha pasado contra los Knicks, un duelo que los Nets se han llevado en un final de infarto. Pero sí una tendencia que Steve Nash deve cambiar. Cuando Harden no tiene el balón es un ente, apenas un hombre que deambula por la pista sin saber muy bien qué hacer. Algo ligeramente normal para alguien que ha tenido el esférico todo el rato en sus manos desde que en 2012 fuera el chivo expiatorio de la derrota de los Thunder en las Finales y pusiera rumbo a Houston. Kyrie Irving, terraplanista y antivacunas, aprendió a la fuerza a jugar sin balón al lado de LeBron. La Barba tiene que aprender a hacerlo y ser efectivo y poderoso sin él en los últimos cuartos, para seguir como complemento de Durant y no convertirse en un ligero estorbo. Margen de mejora tiene, ya que está en 20 puntos por partido esta temporada con un 40% en tiros de campo. La primera cifra, la más baja desde que salió de los Thunder, en un año en el que quedó Mejor Sexto Hombre con 16,8 puntos de promedio. La segunda, la peor desde su año rookie. Su dinámica será ascendente, eso seguro.

Ante los Knicks, hubo de todo. La Gran Manzana tenía derbi y no defraudó: igualdad total con 25 puntos, 5 rebotes y 5 asistencias de Alex Burks, que se establece definitivamente como titular después de que Tom Thibodeau despache a un Kemba Walker que se queda fuera de la rotación, y ya veremos si del equipo. Y 24+9+8 de Julius Randle. Evan Fournier (13) empataba el duelo con menos de 18 segundos para el final. James Johnson (7) anotaba dos tiros libres para romper la hegemonía de Durant, que había transformado 9 de los últimos 11 puntos de su equipo (que al final fueron 9 de los últimos 13). Tras esto, Fournier fallaba con el intento definitivo de victoria, desde el triple. Y los Nets se llevaban la victoria de forma merecida y tras hacer gala de un pulso más firme en los últimos minutos. Ahora bien, no basta con vencer. A veces, también hay que convencer. Y, de momento, el papel de Harden tiene que ser mucho más claro e infinitamente más efectivo, especialmente en los finales de partido. Porque sí, con un equipo muy similar a este (Kyrie también estaba fuera, esta vez lesionado), los Nets estuvieron muy (muy) cerca de acabar con los Bucks. Pero estar muy cerca de ganar y perder, son sinónimos. Y, como ya hemos dicho, de los condicionantes no se vive. Así son las cosas.