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El desaliento en Boston Celtics: favoritismo, "juego de escuela" y recomendaciones para no fichar

La salida de Brad Stevens del banquillo rumbo a la oficina ha abierto un periodo de reflexión en el que algunos de los problemas han salido a la luz.

Boston Celtics
Kim Klement USA TODAY SPORTS

Los Celtics se fueron de la temporada 2020/21 en la primera ronda de la fase final y, nada más confirmarse la derrota y el verse lejísimos un año más del título, la organización ha tomado decisiones. El esquema cambia. Danny Ainge, adorado por muchos en un contexto histórico como jugador verde en el pasado y denostado por los que creen que pecaba de agarrado a la hora de negociar los fichajes, ya no está. El histórico de Boston ha dejado paso a Brad Stevens, el que era el entrenador hasta hace poco y que ahora se transforma en presidente de operaciones de baloncesto. El primer movimiento, de choque: Kemba Walker, traspasado a los Thunder a cambio de Al Horford, Moses Brown y salvando algo de dinero para el futuro. No ha habido que esperar mucho. Hablamos de la franquicia con más títulos de la historia de la NBA junto con los Lakers, las decisiones se toman rápido y con contundencia. Se busca un nuevo técnico para dar continuidad a la era que Stevens, de reputado pasado en la NCAA con Butler pero de no tanto éxito en la NBA, ha dejado atrás.

Tres asistentes actuales de la NBA, Chauncey Billups (Clippers), Ime Udoka (Nets) y Darvin Ham (Bucks), son los candidatos después de que se descartara al prometedor Jerome Allen, en el equipo técnico de Stevens y ahora dado de lado por él mismo, que se ha marchado a los Pistons. 

Pero qué daño ha hecho lo que ha ocurrido en los últimos meses. Y no estas últimas semanas, sino meses. Si se apura, años. La cultura que se ha creado en torno al equipo ha sido volátil y ha saltado por los aires. Jared Weiss (The Athletic) explica en un artículo varios de los problemas que los implicados se han indo encontrando por el camino y que ha terminado por hacer explotar un bloque que parecía inamovible y que tiene en Kemba Walker a su primera víctima pero no a la última. 

Por partes: 

· Hayward. El alero, que esta temporada ha recuperado el tono en los Hornets, es íntimo de Brad Stevens desde que coincidieron en la universidad. Antes de marcharse, algo que hizo en el último mercado entre campañas, el jugador aconsejó al técnico que tenía que ser más duro, que tenía que alzar más la voz si querían ganar. Stevens es un hombre reservado y el papel de poli malo no le favorece ni es creíble interpretado por él. 

· Walker. El receptor de buena parte de la nueva dureza de Stevens fue el base, el que se supone que es su prolongación en la pista. La campaña de Kemba Walker ha sido malísima, no a la altura del All-Star donde ya se había instalado, aunque las molestias físicas le han mermado en exceso. Según las fuentes, la culpa de la pasividad en defensa recaía demasiadas veces sobre él y la relación con el entrenador, pese a que al principio era de respeto mutuo y productiva, se volvió muy tensa y los choques eran habituales.

· Smart. Algo colérico, Marcus Smart es el ejemplo perfecto de lo que se quería implantar en los Celtics. Actitud, a veces de más, y resultados palpables en ataque y defensa. La información destaca que Smart se quedó solo en el intento de implicar al resto de sus compañeros en esta aventura, como bien quedó claro en la burbuja con su pelea en los vestuarios con Jaylen Brown. Era de los favoritos de Stevens, creyendo que se le favorecía más que a otros importantes de la plantilla, e incluso de Ainge, pese a su deseo de traspasarle en varias ocasiones. 

· Tatum. A la gran estrella hay que tenerla contenta y ya se le han marchado dos grandes amigos, Javonte Green y Kemba Walker, y la llegada de Al Horford deja abierta la puerta de salida a Tristan Thompson, otro de los que ha congeniado bien con él esta temporada.

· Griffin. Al ver que iba a irse de los Pistons, acabando finalmente en los Nets, preguntó a un contacto en la plantilla de los Celtics. La respuesta fue negativa: la recomendación, que no fichara por los Celtics porque era un equipo disfuncional.

· Irving. Dentro de la plantilla se tomó con ligereza el gesto de Kyrie Irving de pisar el logo durante la eliminatoria contra los Nets, algo que encendió a los aficionados y a altos cargos de la franquicia. 

Las críticas internas no se quedan ahí. A Brad Stevens algunos jugadores le habían perdido el respeto como técnico, siendo éste uno de los más destacados de la Liga por su estrategia y capacidad de improvisación durante los partidos. Se ha puesto en duda el tratamiento de la línea de pívots con Thompson, Williams y Theis, que acabó traspasado a los Bulls, por ejemplo. También se ha criticado la estrategia en los aclarados, en los que se quedaban "atascados", y se ha calificado la ofensiva planteada por el cuerpo técnico como "juego de escuela universitaria" en referencia al pasado de Stevens. Mucho que reconstruir, sobre todo por dentro, en Boston.