REAL MADRID

La temporada más difícil de Laso: razones de un año casi en blanco

El Real Madrid sólo ha ganado la SuperCopa Endesa, ninguno de los tres títulos grandes. Es la primera vez que ocurre en la etapa de Laso en el banquillo.

La consecución del título de Liga para el Barcelona, el primero con Sarunas Jasikevicius como capitán del barco, tiene una dorso más negativo: el del Madrid, el rival que perdió la final. Para los de la capital de España es una situación anómala, tanto que no se ha dado en la última década. Es la primera vez que Laso y sus chicos no ganan ninguno de los tres grandes títulos en juego (Liga, Copa y Euroliga) en una temporada; lograron la SuperCopa Endesa allá por septiembre, venciendo a un Barça todavía sin ritmo, pero por ello la temporada no es en blanco sino que es sin ningún gran campeonato en sus vitrinas. Conviene hacer el matiz. El año en términos reales, tras ver todo lo que ha pasado, es para que el Madrid se pueda sentir orgulloso de la batalla dada, pero es el Madrid y hay que ganar. Es la dualidad en la que se tiene que valorar la campaña, no en una ni en otra vertiente sin tener en consideración las dos. Esfuerzo sobrehumano con pingües recompensas y que, por el arte de poner una balanza, hubiese sido mucho peor si al Barça le hubiera dado por ganar la Euroliga. 

Pablo Laso continuará como entrenador del Madrid, algo que el club al fin ha anunciado con un comunicado oficial, y su leyenda se ha agrandado en la temporada que ahora se cierra. Exprimir así a un grupo que ha tenido un salto tan grande entre veteranazos como Carroll, Llull o Rudy con jovenzuelos como Alocén, Garuba e incluso Vukcevic es de ovación cerrada. Simplemente se han perdido dos finales ante el eterno rival, se ha caído ante el campeón de la Euroliga en una serie a cinco no apta para taquicárdicos y se levantó el trofeo menor, la SuperCopa Endesa, tras terminar el verano. Es lo que se debe valorar en la casa blanca, que ya ha comenzado a reconstruir la misma con cimientos como Poirier, Heurtel o Nigel Williams-Goss. 

A continuación, cinco razones por las que el Madrid ha claudicado en la 2020/21:

· El subidón del Barça. Es el contrapoder. Desde antes de que se fuera Xavi Pascual, el director del último gran ciclo azulgrana, ya petardeaba la estrategia en la ciudad catalana. La apuesta del Madrid por Laso, criticado desde un principio y amado hasta el casamiento en cuanto se vio que valió y con creces para el puesto, dejó en la estacada a un Barça que tocó teclas con Sito Alonso o Georgios Bartzokas e incluso recurrió a Svetislav Pesic, el hombre de la primera Euroliga. A Saras se le pedía desde hace dos o tres años. El lituano aguantó en el Zalgiris pasando incluso de la NBA, teniendo al Barça siempre a un vistazo para poder saltar a su banquillo cuando se abriera la opción. El proyecto ha sido construido por Nacho Rodríguez, ya fuera de las oficinas con la llegada de Joan Laporta, y con muchísimo dinero invertido por Josep María Bartomeu, también fuera de la administración. Pero no sólo con dinero iba a valer. Ha tenido que llegar un sargento, excedido por momentos en sus formas y recordando a ese Pesic de 2003 y no al de 2020, para poner firmes a las tropas. A algunos jugadores les hacía falta un acicate para no acomodarse. Se ha ganado malos gestos e intentos de escapismo en hombres en los que no confía tanto, como Hanga o Claver, pero este verano es otra historia y el primer año de la era Jasikevicius no está aprobado con nota sino que se acerca al sobresaliente.

· Columna vertebral veterana. El Madrid ha resistido con cuatro o cinco jugadores que tiran del carro hasta cuando parece que no pueden más. La base está muy hecha, con calidad, potencia, experiencia y sabiduría en toda ella. Desde Felipe Reyes a un Sergio Llull que no es el que se iba a la NBA pero sí el que mantiene un nivel envidiable a pesar de los palos en forma de lesiones. Rudy Fernández, uno de los jugadores más inteligentes de su generación, sufre en lo físico de igual forma y sigue sacando triples de las piedras. Jaycee Carroll va a aguantar un año más ya rozando los cuarenta porque ha demostrado que puede y que en Europa no hay anotador como él. Randolph y Thompkins son los americanos de Laso y otros dos finos estilistas que no en encuentran en todos los mercados. Fabien Causeur es el asesino silencioso. Walter Tavares continuará como referencia no sólo en la pintura sino en general, siendo su descubrimiento lo que ha potenciado este segundo lustro de la era Laso. Pero, amigo, no siempre vale toda la teoría. Los signos de agotamiento son claros en este esquema y, pese a la valía de todos ellos, lo que les rodee debe ser mucho mejor para tapar las pocas carencias que puedan tener y que, con tantos partidos al año, sea lógico que aparezcan.

· Excesivas lesiones. A los casos de COVID inherentes a la temporada, Causeur y Laprovittola al principio y Abalde y Reyes justo al final, hay que sumar la cantidad de percances físicos que han dejado tirados en más de una ocasión al equipo. Partidos en absoluto cuadro. Hasta el 15 de abril, el tramo en el que se empieza a decidir todo, habían sido 25 lesiones: a partir de ahí, goteo incestante de problemas musculares de Llull, golpes secos a Garuba, un Tavares con la pierna renqueante, Thompkins forzó y tuvo que acabar siendo operado por ello. dos sustos de Rudy y Laprovittola, con la afición en su contra a principios de año y pidiendo su vuelta al caer de cara a la semifinal y final de la ACB. Anthony Randolph, de baja desde diciembre. Ante el Efes el esfuerzo fue mayúsculo, con Vukcevic teniendo que tirar del carro en Turquía y a punto de dar la sorpresa en el quinto. Ante el Valencia en las series ligueras tuvo que debutar Juan Núñez porque el otro base disponible era Carlos Alocén, que por poco no es menor de edad también. Laso ha acabado bromeando con esto y se entiende: poco se puede hacer ante ellas y esta temporada la han tomado con los merengues.

· Un calendario muy inusual. Con los Juegos Olímpicos a la vuelta de la esquina y unos torneos previos que se tienen que jugar con los mejores jugadores posibles se ha hecho otro esfuerzo para comprimir el calendario, ya abultado de por sí en Europa. En la ACB se ha contado con un equipo más, ya que no hubo descensos y el Gipuzkoa ganó la batalla por ascender desde la LEB. En la Euroliga se fueron a 34 jornadas más los cinco partidos de cuartos de final, habiendo quejas de la afición madridista porque para el supermartes con los quintos de Barça y Madrid los primeros descansaron y ellos no. A junio han llegado agotados todos. El Madrid, con los condicionantes antes mencionados, igual un poco más.

· Salidas hacia la NBA. No es ningún secreto. Facu Campazzo se fue y era algo que ya sabía todo el mundo. No hubo relevo para el cordobés, que estaba siendo el mejor en el momento de partir. Gabriel Deck se marchó después, con una sorpresa mucho mayor la del santiagueño y dejándolo tras su mejor encuentro en competición europea. No se fichó recambio para ninguno de los dos, sólo a un Tyus que llegó para no tener frito a Tavares ya en invierno. Poirier sólo adelantó su llegada. El ritmo quedó roto por los fichajes de la NBA y el Madrid se quedó quieto, esperando ya hasta la 2021/22 para contener las pérdidas de la pandemia y repercutiendo en un resultado deportivo que ha sido éste.