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Otra vez la pesadilla: Miami amenaza el proyecto de Giannis

Heat y Bucks reeditan en primera ronda las semifinales del año pasado, que acabaron con una inopinada paliza de los de Florida. Vuelve la pesadilla de Giannis.

Tres jugadores de los Heat rodean a Giannis Antetokounmpo durante el tercer partido de las semifinales de la Conferencia Este de los playoffs de 2020, que enfrentó a Miami contra los Bucks.
Kim Klement USA TODAY Sports

Cuando Giannis Antetokounmpo puso rumbo a los vestuarios de la burbuja de Orlando hace unos meses, no se imaginaba que su bestia negra le volvería a visitar muy poco tiempo después. El quinto partido de las semifinales de la Conferencia Este certificaba que a Mike Budenholzers le faltaba una fritura que probablemente nunca conseguirá para ganar un anillo, y que los Bucks eran un equipo de regular season que conseguía récords magníficos pero pecaba de una marcada ausencia de planes alternativos en el momento de la verdad. La derrota era la segunda consecutiva que se producía tras conseguir el mejor récord de la NBA, pero mucho más dolorosa que la de 2019, cuando tuvieron posibilidades reales hasta el final y se dejaron remontar un 2-0 para caer en los siguientes cuatro encuentros, contra los Raptors de un Kawhi Leonard tocado por una varita mágica. El análisis en frío dio opciones a esos Bucks, que habían conseguido 60 victorias ese año y se irían a 56 al siguiente, marcado por la pandemia. Pero las taras, siempre entevistas pero nunca corregidas en profundidad, fueron una losa demasiado grande que dejó en evidencia a una plantilla desmadejada en la burbuja de Orlando.

La serie ante los Heat fue una auténtica pesadilla para Mike Budenholzer, que cedió ante la maestría táctica de Spoeltra, heredada de esa eterna (y eternizada) figura que sigue haciendo magia desde la sombra: Pat Riley. Tamibén lo fue para Antetokounmpo, que vio como sus rivales explotaban sus defectos, que parecieron demasiados para el MVP de la temporada (por partida doble): los problemas de Giannis fueron obvios entonces, ya que es un físico portentoso que sabe penetrar, es fortísimo debajo de la canasta, hace mates espectaculares y corre por toda la pista, siendo además muy frecuentes sus higlights en el lado defensivo, en el que protege la zona y llega a todo y a todos con su extraordinaria envergadura. Sin embargo, muestra ligeras carencias en estático: no sabe lanzar de tres (30% este año, igual que el pasado y un 25 el anterior) ni desde el mid range, ese lugar que ha pasado a estar vetado en el juego actual, en el que solo se anota desde la zona y desde el triple (los Rockets de D'Antoni y sus cosas).

Sin embargo Anteto solo tiene una de esas cualidades (la zona), y su falta de fundamentos para la penetración dificulta mucho su capacidad para crearse sus propios tiros cuando el ataque está parado. Además, no es un gran pasador (5,9 asistencias este año, récord de su carrera, pero...) y no habilita a sus compañeros de la manera idónea o, muchas veces, ni los ve. LeBron, un hombre que, salvando las distancias (por ser infinitamente mejor, claro), es capaz de penetrar y encontrar a sus compañeros solos en el triple (Spoelstra le rodeaba de tiradores en Miami) también ve a sus compañeros en el interior (esa IQ de pase) y es uno de los mejores pasadores que ha visto la NBA. Compararlo con Anteto es una quimera, pero la misma penetración de uno o de otro no acaba con la misma asistencia, y las dificultades del griego para pasar de fuera adentro son notorias e impedían encontrar a los miembros de la que, el año pasado, fue la cuarta plantilla que más tiraba de tres de la NBA... pero la 17ª en porcentaje de triples.

Este año, parece que las cosas han cambiado en los Bucks. En primer lugar, la continuidad de Budenholzer por obra y gracia de Giannis dio continuidad a un proyecto al que se ha atado casi de por vida la estrella griega: 228,2 millones en cinco temporadas para el jugador franquicia, que se quedará en un mercado pequeño como Milwaukee y no saldrá a la agencia libre en 2021, algo que indicaban todos los rumores. Para contentar al griego, los Bucks funcionaron en los despachos: Jrue Holiday y Bobby Portis llegaban en verano (junto a Thanasis, un guiño claro a la estrella), mientras que PJ Tucker lo hacía en invierno. Eso, y los buenos resultados, hicieron olvidar el sainete que se formó en torno a Bogdan Bogdanovic, que ha acabado en unos Hawks que se han quedado por detrás. Y Mike Budenholer no se ha obsesionado con el récord de temporada regular y se ha dedicado a probar cosas nuevas, diferentes alineaciones y cuenta con mejores jugadores (Jrue y sus 17,7 puntos por partido a la cabeza). Este curso, los Bucks han lanzado más que nadie, y son el tercer equipo que más triples intenta... y el segundo en porcentaje de triples. Y Giannis ha resuelto ligeramente los problemas de tiros libres que ha inicio de curso eran casi un bochorno y está en un 68,5%. Con grandes actuaciones, como el 17 de 21 en la derrota del 10 de febrero ante los Suns o el 19 de 24 en la victoria ante Sacramento, 11 días más tarde.

Las dudas de los Heat

Si los Bucks han mejorado respecto a la temporada pasada, Miami no ha tenido la misma suerte. El equipo de Florida está de capa caída, taciturno, como un vaso medio vacío. Tras un comienzo de temporada absolutamente desastroso han tirado de orgullo y se han colado en el sexto puesto de la Conferencia Este, evitando el play-in más por demérito de los Celtics que por méritos propios. Pero nada de nada: han estado llenos de lesiones (lo de Avery Bradley ha sido un drama), son el sexto peor equipo de la Liga en porcentaje de tiros de campo (y el segundo que menos lanzamientos intenta, malo), el décimo que menos rebotea y el cuarto que menos tapona. Han perdido la chispa del año pasado y solo la llegada de Trevor Ariza (otro milagro de Riley) y el buen hacer de Jimmy Butler en su regreso (21,5 puntos, 6,9 rebotes y 7,1 asistencias, además de liderar la Liga en robos con 2,1) han conseguido mantener la franquicia a flote. Ah, y Bam Adebayo, claro, una tortura en las ayudas a Giannis el año pasado que en la presente campaña ha seguido siendo un seguro defensivo y ha acabado  con promedios de 18,7+9+5,4).

Es una serie con morbo, con posibilidad de redención y de reivindicación. Una en la que los Heat se juegan dar una nueva machada y salvar la temporada y los Bucks, directamente, el proyecto. También se la juega Mike Budenholzer, cuyo puesto peligra a no ser que haya un resultado óptimo. Y los Heat, que deberán demostrar que la crisis de este año es solo una desconcentración pasajera (y duradera, todo hay que decirlo) y que lo del pasado no es un mero espejismo. El nivel de Herro y los triples de los Bucks pueden decantar la serie, igual que la capacidad de Budenholzers para atacar la zona a pesar de la tela de araña que pueda tejer la brillante mente de Spoelstra. Una ronda que puede dar para mucho entre dos equipos con dos filosofías de juego distintas y que vienen de una temporada rara, decepcionante para unos y con ínfulas de esperanza para los otros. Un examen para los Bucks, que son los que más tienen que perder, ante Miami. Y un examen para Giannis, que tiene que demostrar por qué es dos veces MVP y que realmente sus virtudes pueden son sus carencias. Vuelve la pesadilla. Espera la redención. Giannis tiene dos peleas: una contra los Heat y otra contra sí mismo. Y esta última es la más difícil. Nadie lo sabe mejor que él. Se avecina tormenta.