WASHINGTON WIZARDS

Washington Wizards: vuelta a la 'normalidad'

La franquicia dirigida por Scott Brooks ha sufrido como nadie las dificultades de esta temporada. Tras el fin de una meritoria racha, busca la estabilidad.

Westbrook también sabe ganar
Mark J. Terrill AP

La 'nueva normalidad' está siendo de todo menos normal. Y, dentro de ella, la NBA no es ninguna excepción. El inicio de la temporada fue un claro ejemplo: partidos cuyo ritmo avanzaba a trompicones, en los que nadie conseguía encontrar su sitio y cuyo resultado fue una clasificación que, poco a poco, tiende a lo habitual. En medio de todo ello, y como en todos los deportes, lesiones, lesiones... y más lesiones. Calendarios más tupidos que nunca y bandazos organizativos que aún hacen sudar más. Véase la celebración del All Star. Ni la mejor liga del mundo se escapa de la dicotomía (sea más o menos falsa) entre economía y salud. La 'nueva normalidad', que cada vez es menos nueva pero no por ello más normal, ha afectado a todo el mundo; y a los Wizards, que se encontraban consultando la brújula desesperadamente, les dejó desorientados del todo. Llegaban a la temporada tras un paso anecdótico por la burbuja de Orlando: entraban como el único equipo de la Conferencia Este fuera de las primeras ocho posiciones y lo hacían, además, sin Bradley Beal, Davis Bertans y, por supuesto, John Wall. Misión imposible que, a pesar de estar en Disney, no tuvo ningún giro de guion: siete derrotas en ocho partidos y al rincón de pensar.

Las conclusiones tuvieron nombre y apellidos: Russell Westbrook. El base llegaba a la capital a un coste muy alto. Al menos, en el aspecto sentimental. Después de diez temporadas en Washington, donde fue elegido como número uno del Draft, Jonh Wall decía adiós y ponía rumbo a Houston, donde le esperaba un Harden que, ahora, se divierte en Brooklyn y, entonces, ya se imaginaba haciéndolo. Wall se marchaba tras no haber disputado ningún partido desde 2018, a causa de una infección en el delicado, y dichoso, tendón de Aquiles. A su espalda, sin embargo, dejaba 573 partidos, 10.879 puntos, 5.282 asistencias y 976 robos (las dos últimas cifras, récords de la franquicia). Una historia de muchas páginas, con tres semifinales de Conferencia y una caída en primera ronda de playoffs como clímax, que, entendieron, necesitaba un punto y aparte.

Llegaba Russell... y todo lo que supone. Para muchos fue un simple cambio de cromos; para otros, incluso, una operación en la que salían perdiendo ambas partes. Pocos mencionaron el win win. Y lo cierto es que, a día de hoy, aún no se sabe muy bien qué ha sido; pero ha pasado por muchas fases. Westbrook aterrizó haciendo lo que mejor sabe hacer: 21 puntos, 11 rebotes y 15 asistencias conformaron su primer triple-doble de la temporada... y su primera derrota. Embiid despertó a tiempo y Philadelphia puso la primera piedra en una mochila que, prontamente, empezó a pesar demasiado para seguir andando. En el segundo partido, se repitió el guion, uno que en DC se aprendieron de memoria: triple-doble de Westbrook, empache anotador de Bradley Beal y derrota en el casillero. Desesperante.

Westbrook ante el espejo de sus estadísticas

Los fantasmas de los números vacíos empezaron a asomar. De forma más o menos justa (allá cada cual), unos que siempre han acompañado a Russell, con tres temporadas promediando triple-doble y un MVP en su haber, pero incapaz de vestir un anillo. Un caza estadísticas al que, siempre que se puede, se le intentan poner los números en contra. El 11 de febrero, tras la enésima derrota de unos Wizards hundidos en el Este, el portal StatMuse publicaba el siguiente tweet:

Y los comentarios empezaron a arder: "Detecto un patrón ahí", "Westbrook hace más daño que bien a los equipos, es una obviedad desde hace un par de años", "es la superestrella más sobrevalorada de siempre", se puede leer. Otros, menos directos, optan por la originalidad (el primero de ellos, claro), y le quitan la W (de win, victoria en inglés) a su nombre, llamándole Russell Estbrook. Y se entiende que lo hicieran. Era una evidencia innegable: Washington, con Russell en pista, estaba perdiendo, en proporción, muchos más partidos que sin él. Pero las evidencias no siempre son tan evidentes. En una situación similar se encuentra, ahora mismo, Kyle Lowry, de los Raptors, en cuyo historial se identifica el siguiente récord: en los últimos 16 partidos que Toronto ha jugado sin él, la franquicia ha sumado 16 victorias. Otro patrón muy duro (y evidente) que, aunque ha resonado, no lo ha hecho con tantos decibelios. Lowry ha ganado un anillo con la franquicia canadiense, a diferencia de Russell en su carrera, y, para él, es más fácil que la opinión pública entienda la evidencia como correlación. En el caso de Westrbook, la losa de la causalidad ya pesa demasiado; aunque se esfuerce en rebatirla. Un espejo roto para un jugador que, cuando se mira, ve números y más números. Un castigo despiadado.

"Está entrando en ritmo. Va a tener más partidos como este. Es un jugador de campeonato. Cómo se prepara, cómo habla con nuestros jugadores más jóvenes... Obliga al equipo a estar listo", declaró Scott Brooks, entrenador de los Wizards, en referencia a Westbrook, tras la victoria frente a Portland Trail Blazers. Era la tercera seguida y Russell había sumado un 27+13+11. "Es uno de los mejores compañeros de equipo que he tenido nunca. Ama el baloncesto. Ama este deporte en toda su plenitud", dijo Bradley Beal tras la última victoria del equipo, frente a los Lakers. La última, además, de una racha de cinco que ha devuelto la ilusión a un equipo que se había quedad sin alma. "Honestamente, no lo sé. Quiero decir, lo sé, es nuestra defensa. Pero no sé por qué es nuestra defensa. Estamos en un punto en el que no podríamos defender ni a un coche estacionado", había llegado a decir días atrás el escolta, titular en el próximo All Star, en signo de clara impotencia. En su caso, veía como, exhibición tras exhibición, y con el mejor promedio de puntos de la liga (32,7), sus anotaciones astronómicas quedaban en nada.

Ahora, cuando Westbrook se mira ya ve otra cosa. El récord con él en pista sigue siendo extremadamente malo (7-22); pero ya no es lo mismo. Tras una buena estocada al monstruo de la causalidad, ha esprintado (tanto como a él le gusta) hacia una ansiada reconciliación con sus queridas estadísticas. "No me gusta defraudar a mis compañeros. Ahora me siento mucho mejor. Puedo moverme y explotar y pasar por alto a la gente y tener impacto en ambos lados de la pista, y a medida que avanza la temporada seguiré mejorando. No estoy preocupado por eso, ni un poco", confesó en medio de la ansiada racha positiva. Venía arrastrando una lesión en el cuádriceps desde la pretemporada; pero, ahora mismo, según sus propias palabras, ya no siente ningún tipo de dolor. En sus últimos tres partidos, promedia 26,3 puntos, con un 55% en tiros de campo, 11,3 rebotes y 10,7 asistencias. Es el jugador con más pérdidas por partido de la liga (4.8), pero frente a los Lakers, con dos, completó su encuentro con menos registros en este apartado desde el tres de enero. Está en el peor porcentaje de su carrera desde la línea de tiros libres (60,3%), pero toma consciencia de sus debilidades. En los últimos seis partidos (cinco victorias, recordemos) sólo ha tirado 10 triples (1,6 de media). En lo que llevaba de temporada, promediaba 4,3 intentos con un acierto del 31,5%. No sólo mira las estadísticas individuales... y también sabe ganar.

Una reunión secreta y una temporada de extremos

Kawhi Leonard y Paul George, combinándose en 62 puntos, han devuelto a los Wizards a la tierra. Con un 135 a 116 en el marcador del Staples Center, cortaron las alas a un equipo que ya se estaba acostumbrando a volar. Según varios medios estadounidenses, una reunión de la plantilla, organizada por el propio Westbrook y moderada por él mismo y Bradley Beal, los dos estandartes de la franquicia, podría haber tenido mucho que ver. En ella, según se apunta, Russell pidió a todos los jugadores que definieran sus roles y, además, impulsó una autocrítica colectiva. Rui Hachimura, por ejemplo, sophomore y uno de los jugadores destacados en los últimos resultados, afirmó que podía defender a cualquier jugador de la competición. Que confiaran en él, vaya. Sea por correlación o causalidad (malditas sean), la cuestión es que, frente a los Lakers, su defensa a LeBron dio mucho que hablar. ¿Podría ser este también el origen de la mengua en los intentos de triple de Westbrook?

Lo sea o no, y existiera o no la reunión, lo cierto es que las caras, y las cartas, han cambiado notablemente en Washington. Se ha bajado de las nubes, pero se llegaba del infierno. Más allá de los horripilantes resultados deportivos. Entre el 10 y el 24 de enero, la franquicia no pudo disputar ningún partido a causa de los protocolos de seguridad relativos al coronavirus; los anteriores, y posteriores, se disputaron bajo mínimos. "Estos muchachos son jóvenes y están lejos de sus familias. Toda la red de apoyo de Rui está en Japón. Los padres de Wagner están todos en Alemania. Bertans, su esposa está embarazada, tenía que estar lejos de su esposa e hijos. Estoy muy orgulloso de nuestro equipo. Los últimos tres partidos fueron realmente difíciles porque estábamos literalmente en los huesos", declaró, por aquel entonces, Tommy Sheppard, general manager del equipo.

"No importa lo duro que quieras ser, todavía da miedo. La gente está muriendo por esto", confesó, por su parte, Brooks. La 'nueva normalidad', la de todo el mundo; también la de los deportistas de élite (con sus posiciones privilegiadas, claro está). En su caso, agraviada por unos resultados deportivos que estaban lejos de acompañar y a los que se sumaron los rumores de traspaso alrededor de Bradley Beal. Una estocada que hubiera sido casi definitiva para un proyecto que a principios de temporada ilusionaba y que, a día de hoy, no pretende hacer otra cosa que eso. Un proyecto que, después de vivir en el infierno y tocar brevemente el cielo, tiene que encontrar su hueco en la Tierra. Su 'nueva normalidad'.