BALONCESTO

¿Qué fue de Biriukov? La URSS, un Porsche y un restaurante

José 'Chechu' Alexandrovich Biriukov Aguirregabiria es una de las grandes leyendas del Real Madrid, donde jugó entre los ochenta y los noventa.

Biriukov, durante un partido con los veteranos del Real Madrid.
FELIPE SEVILLANO

La Guerra Civil (1936-39) rompió la infancia en España. Hambre, muerte y orfandad. Y también exilio, miles de niños y niñas fueron enviados en barco a la URSS ante el miedo al avance de las tropas nacionales por todo el territorio. Uno de los más conocidos fue el vapor Habana, que desde Santurce realizó seis viajes a Rusia con cerca de 17.500 niños. Uno de ellos era Clara Aguirregabieria. Natural de Ortuella (Vizcaya), se casó en el país de los soviets con Aleksander Biriukov, taxistas moscovita, con el que tuvo dos hijos: el primero recibió el nombre de Yura y el segundo, el 3 de febrero de 1963, José Alexandrovich Biriukov, leyenda del Real Madrid de mediados de los ochenta y de los noventa.

Chechu jugó 11 temporadas en el equipo blanco como base-escolta, entre 1984 y 1995, y formó parte de la Selección española en 57 partidos con el infame Angolazo de Barcelona 92, entre ellos. Antes, la selección de la URSS (solo partidos amistosos) y el Dínamo de Moscú tras forjarse desde los diez años a fuego lento en la Academia Trinta y bajo la atenta mirada de Ravil Cheremtiev, que no solo impartía con el balón en las manos, sino también con la mente. “Nos obligaba a llevar un libro cada vez que viajábamos. Nada de jugar a las cartas. Cada trayecto en el tren duraba una noche como mínimo y nos obligaba a estar leyendo”, cuenta en una entrevista a Jot Down.

“Nos obligaba a culturizarnos. En cualquier ciudad de mala muerte en la que estuviéramos teníamos que ir a ver el museo del lugar. Éramos un equipo que, aparte de ser muy buenos, teníamos una preparación intelectual muy buena. Nos obligaba a leer libros. Si no cumplías en el colegio, no viajabas. Te tenías que quedar y estudiar”, continúa.

Su paso por el baloncesto profesional ruso fue un visto y no visto. De las categorías inferiores del CSKA al Dínamo con solo 18 años pasando por una extraña lesión de espalda para no disputar ni un minuto con el equipo del ejercito rojo que impidiera el traslado de expediente. Durante todo ese proceso se desarrolló una de la mecánicas de lanzamiento más heterodoxas del baloncesto: escaso de parábola tras levantar el cuerpo y echarlo hacia delante. Extraño, pero efectivo con dos temporadas en 19,7 puntos de media (1986-87 y 1989-90) para 13,1 de promedio global en los 402 partidos con la camiseta blanca.

Biriukov, con el Real Madrid.

Biriukov, con el Real Madrid.

Su llegada a Madrid fue a los 20 años. Luis Martínez Laforgue, vicepresidente en esa época, y Jesús Samper, asesor jurídico, se lanzaron a la caza de Biriukov frente a las estrictas autoridades rusas. Hubo dinero de por medio, aunque se desconoce la cifra, según cuenta Javier Ortiz en su serial de Historias del baloncesto de Endesa Basket Lover. Su madre, Clara, que trabaja en el cuerpo diplomático, llevó la voz cantante. Negoció con el Madrid un contrato que incluía el traslado a la capital de España de toda la familia: padre, hermano, cuñada y sobrinos. Y su hijo aterrizó en Barajas una vez que fue expulsado del Komsomol, las juventudes del partido comunista por marcharse al extranjero.

¿La parte difícil había terminado? No. Las antiguas complicaciones derivaron en unas nuevas. Y muy desmoralizantes. Estuvo todo un año sin poder jugar en España al no tener la nacionalidad española y tres en Europa. Un duro mazazo para un jugador recién llegado a la veintena y a un país extraño del que casi no conocía el idioma. Aunque su madre, algo de culpa pudo tener en todo este problema burocrático: Biriukov se había enamorado de una chica de su país y Clara no era muy partidaria de la relación, así que adelantó el viaje al 2 de octubre, cuando la idea inicial era abandonar Rusia en primavera.

Entre Fernando Martín y Drazen Petrovic

Biriukov, con la Copa del Rey.

Su año de castigo paso, hizo la mili en un archivo del Ministerio de Defensa en la calle Princesa y comenzó su aventura en un Madrid con el que cosecharía cuatro Ligas ACB y otras tantas Copas del Rey, una Korac, dos Recopas y una Copa de Europa de 1995 para un jugador amante de la libertad sobre la cancha, la rapidez, los contraataques veloces. Idas y venidas con el aro entre ceja y ceja. Y también del músculo defensivo en un equipo en el que tuvo adaptarse (y apartarse) a dos gigantes como eran Fernando Martín y Drazen Petrovic. Con el Genio de Sibenik pasó una temporada. Con Martín fueron cuatro, en dos etapas diferentes hasta su fallecimiento en accidente de tráfico.

También forjó una buena relación con Arvydas Sabonis, el tercer titán con el compartió vestuario junto a nombres tan ilustres en la historia blanca como Rafa Rullán, Juanma López Iturriaga, Antonio Corbalán y Fernando Romay, entre otros: “Eran deportistas emblemáticos, grandes estrellas. Sé que en lo humano todos tenemos defectos, pero es cierto que siempre hubo un buen grupo, en lo personal y en lo deportivo. Ha sido una gran experiencia trabajar con ellos, son grandes y te hacen grande a ti”, asegura a la web oficial de la Asociación de Jugadores del Real Madrid de baloncesto.

Un viaje de Madrid a Moscú

Pero no todo fue baloncesto en su época de jugador. Había juergas y caprichos, como el Porsche rojo con el que recorrió Europa de punta a punta, desde Madrid a Moscú. 4.200 kilómetros de ida y otros 4.200 kilómetros de vuelta con parada en el Muro de Berlín, que quiso atravesar… hasta que los militares de la Alemania del Este le aconsejaron que lo mejor era dar media vuelta y seguir su camino.

Se retiró joven, a los 32 años, con las dos rodillas operadas y aún con dos temporadas más firmadas con el Madrid. Y empezó una nueva vida, más empresarial y menos deportiva con una agencia de representación para actores de cine y estrella de la televisión que estuvo activa durante 17 años, hasta 2008, cuando la crisis hizo irremediable su cierre. En la pequeña pantalla comentó partidos en Telemadrid junto a Siro López y ahora comanda un bar en Las Tablas (Madrid), el Biriukov Bistró by Chechu, abierto en 2015 con una propuesta muy española con guiños a su patria.