PLAYOFFS NBA | HEAT 125 - 113 CELTICS (4-2)

Adebayo hace de Shaq y mete a los Heat en las Finales de la NBA

Los Celtics vuelven a colapsar de forma inexplicable y dicen adiós. Miami, de la mano de Adebayo, se jugará el anillo ante LeBron, el hombre que les lideró a sus últimas Finales.

Los Heat cierran el círculo. Seis años después de la partida de LeBron, se jugarán contra él un campeonato marcado por más factores externos que nunca pero que tendrá unas Finales dignas de cualquier historia de Hollywood. Si bien los Celtics eran, para muchos, el rival soñado ante los Lakers, Miami se ha impuesto siendo, sencillamente, mejor. En el global de los seis partidos y en los momentos importantes, esos en los que se han mantenido siempre constantes en contra de unos Celtics que no han conseguido superar su enésima pájara en ataque y se despiden de forma agridulce de una temporada neta y completamente positiva, superando el sainete de Kyrie Irving, regresando a las finales del Este y contando con una plantilla precoz pero corta, algo que tiene posibilidad de corregirse y que ha penalizado en demasía a un equipo que, por talento, era mejor que su rival, pero que se ha quedado sin fuerzas y ni respuestas. La inacabable rotación de Spoelstra, esa en la que cualquiera te puede hacer un partido para el recuerdo, ha podido con un orgullo verde que salió vivo de una aleccionadora serie ante los Raptors pero que no ha aguantado un envite táctico superior. Se despiden en el sexto partido, pero perdieron la serie en el primero, cuando dejaron escapar una ventaja de más de dos dígitos en el último cuarto para caer. Y, en menor medida, en el segundo, cuando dicha diferencia llegó en el inicio y tampoco la supieron mantener. Y, al final, caen en esa ronda maldita, de momento, para Brad Stevens, una que han alcanzado en tres ocasiones en los últimos cuatro años con el mismo resultado, el adiós. Ya sea por 4-1 (2017), 4-2 (2020) o 4-3 (4-3).

Los Celtics han ido a tirones en toda la serie, y eso ha pesado mucho en un equipo que potencia al máximo sus virtudes pero, sobre todo, extrema los defectos del rival, y que ha penalizado esos bajones de una manera tan impoluta como efectiva. Boston mandaba de seis (90-96) a seis minutos para el final, y finalizó el partido con un parcial de 24-6 en contra. Poco más que añadir, en una serie de tiro en la que estuvieron sin anotar una sola canasta desde el 5:30 hasta el 2:19. Sin canastas y con jugadas polémicas mediante, Miami consiguió una ventaja definitiva y dejó al equipo verde hundido y con la vista ya puesta en una 2020-21 en la que necesitarán refuerzos. Sobre todo, alguien que de descanso a sus exteriores y una referencia interior más allá de un Daniel Theis hoy eliminado por faltas e incapaz de defender a un Adebayo al que cubrió mejor el rookie Grant Williams y que se fue a 32 puntos, 14 rebotes y 5 asistencias, como si de Shaquille O'Neal se tratase. El pívot fue el dominador de los tableros y el hombre que rompió el partido, al que nadie pudo detener ni frenar, y se sigue reafirmando como una de las revelaciones de la temporada. Junto a Tyler Herro (19-5+7), Duncan Robinson (15+6 con 5 de 7 en triples) y compañía. Esa horda de jóvenes jugadores que aseguran un proyecto a largo plazo y que realzan el mérito de un equipo que llegaba quinto del Este a la burbuja y se clasifica para las Finales. Nadie llegaba en una posición tan alejada desde, ojo, los Knicks en 1999 (octavos). Casi nada.

Siempre hay peros que poner a la ecuación, y del que se tirará con asiduidad será del de la inexistente ventaja de campo en la burbuja. Algo clave que bien podría haber cambiado las cosas para un equipo que no tenía ventaja de campo en ninguna ronda (ni la tendrá en las Finales) y que se ha aprovechado de ello en una Conferencia donde, tradicionalmente, esta variante siempre ha sido clave. De hecho, los Celtics sumaron un 10-1 en casa en los playoffs de 2018, una estadística solo rota en el séptimo partido ante los Cavs de LeBron, que se fue a 35+15+9 en ese encuentro. Será el Rey el que complete el mismo círculo que los Heat, volviendo a encontrarse con Pat Riley, Eric Spoelstra y Udonis Haslem, únicos supervivientes de los anillos de 2012 y 2013, de ese equipo de ensueño en el que también estaban Dwayne Wade y Chris Bosh (y Ray Allen, Mike Miller, Shane Battier, Mario Chalmers, Chris Andersen...) y que disputó cuatro Finales consecutivas. LeBron llegó hasta las ocho tras sumar otras cuatro en Ohio, y con la de este año se va a las 10, un número que solo han alcanzado antes que él Kareem (10), Sam Jones (11) y Bill Russell (12). Para ponerlo en relieve, solo decir que los Heat, en toda su historia, han llegado a seis si contamos esta última. Cuatro de elllas con esa estrella de la que se quiere despegar ahora, superando su sombra y sabiendo ganar sin él.

La victoria de Riley y la consolidación de Spoelstra

"Ahora puedes volver a entrenar". Esas eran las palabras que dirigía a Erik Spoelstra nada menos que Phil Jackson, en el campus de Las Vegas de 2014, cuando apenas hacía semanas que LeBron se había marchado de Florida para regresar a la tierra prometida y llevar, dos años después, el tan ansiado anillo. Las hazañas de la estrella en Miami empequeñecieron el mérito de Spoelstra, que tornó para muchos en elemento decorativo cuando había sido justo lo contrario. El Maestro Zen afirmaba con esa frase una realidad supina: el técnico por fin podría entrenar a su antojo, hacer su táctica, preparar sus jugadas y desarrollar un sistema de juego lejos de la escrutadora mirada de un hombre al que había que mantener contento y que había pedido su cabeza en 2011, tras la derrota en las Finales, cuando fue al despacho de Pat Riley junto a Wade para pedirle que bajara al banquillo. La negativa de Riley, que ya hizo lo propio en la 2005-06, dimisión de Stan Van Gundy mediante, propició el éxito de unos Heat que están en el inicio de un proyecto que va a disputar las Finales. Y no hay mejor master class para una plantilla joven que jugar las Finales con toda la vida por delante. LeBron cedió ante un Spoelstra al que acabó respetando y con el que sumó su primer anillo apenas meses después de esa charla y su segundo en 2013. Nunca una negativa fue tan fructífera. Nunca significó tanto. Y nunca sirvió para tanto.

Spoelstra es una extensión de Riley en el banquillo, y su equipo hace gala de las mismas cualidades con las que el mandamás dirige el cotarro: unas bases sólidas, de encofrado frío pero fácil mutación, sabiendo adaptarse siempre al rival y a las distintas eras de la misma manera que Riley se adaptó al defensivo y casi sinvergüenza juego de los 90 tras impulsar el Showtime con Magic en los 80. El propio Riley ha conseguido su victoria particular ante Danny Ainge, al que tuvo enfrente cuando este militaba en los Celtics de Bird y él dirigía a los Lakers en una NBA en plena efervescencia. Ese hombre al que catalogó de "llorón". Y suma y sigue dentro de una Liga imposible entender sin él. Con su experta mano, llena de sabiduría, llegó al equipo Dragic en su día y Butler el verano pasado. Y, en todo ese proceso, Duncan Robinson, Tyler Herro y Bam Adebayo (un jugador franquicia para una década). Y otros como Kendrick Nunn, Meyers Leonard o Derrick Jones Jr., que han tenido menos protagonismo en esta serie. Algunos vía draft; otros, como gangas que ni fueron seleccionados en el mismo. Y otros, como Butler o Crowder, como agentes libres o en forma de traspasos. Así llegó también Iguodala, al que renovó de forma automática y sin que nadie se lo explicara. Hoy, el alero ha anotado 15 puntos con 5 de 5 en tiros de campo y 4 de 4 en triples (llevaba 2 de 10 en la serie), y disputará sus sextas Finales consecutivas tras cinco con los Warriors. Otra vez, la magia de Riley.

Los Heat vuelven a las Finales con solo tres derrotas a sus espaldas (4-0, 4-1 y 4,-2). Las mismas que los Lakers, que han resuelto con el mismo resultado sus tres eliminatorias (4-1). Los hacen tras un partido duro y trabajado al que Tatum volvió a llegar tarde (0 de 5 en el primer periodo, 0 de 13 en los primeros cuartos de los tres últimos partidos), pero que acabó con 24+7+11. Al que los Celtics se fueron al descanso con un 56% en tiros de campo y un 48% en triples; y anotando 11, récord de la franquica a esas alturas de duelo. En el que Jaylen ha sumado 26 puntos y Smart 20, anotando al principio pero no al final, un clásico. Y en el que Kemba ha anotado 20 tantos pero se ha vuelto a resentir de sus constantes problemas físicos y su acumulación de faltas, toda una costumbre en la serie. Todo eso han superado los Heat, con Butler en 22 puntos (13 en el primer cuarto y 9 en el último) camino de sus primeras Finales y un Dragic en su versión tan típicamente fiable (se quedó en 13 tantos). Los Heat vuelven seis años después para enfrentarse a LeBron, ese hombre al que Riley, que proyecta una de las pocas sombras más grandes que la de su ex pupilo, negó en 2011. Miami vuelve en casa (Florida) para enfrentarse a una oportunidad histórica en el año más difícil de la historia. Una franquicia encomiable en fondo y forma, en estructura y en pista, que está, ojo, a cuatro victorias de conseguir el cuarto anillo de su existencia. Igual que LeBron, vaya. Se cierra el círculo. Se abren las hostilidades. Y los Heat vuelven a las Finales. De forma ligeramente sorprendente, inopinada e imprevista. Pero con todo merecimiento. Eso seguro.