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Michael Jordan temía al agua por la muerte de un amigo: "Casi tuve que romperle la muñeca y se ahogó"

Una tragedia en la infancia provocó una fobia con la que Jordan convivió hasta que fue adulto: "No me subo en un barco si no hay chalecos. Y tiene que ser grande".

Michael Jordan temía al agua por la muerte de un amigo: "Casi tuve que romperle la muñeca y se ahogó"
Tom Berg WireImage

Michael Jordan nació en el Cumberland Hospital de Brooklyn el 17 de febrero de 1963 pero creció en las zonas pantanosas de Carolina del Norte, donde su abuelo Dawson ejerció de figura patriarcal y donde regresaron sus padres tras su etapa en la Gran Manzana cuando él era todavía un bebé.

Para su madre, Deloris, fue un niño especial porque había perdido a su propia madre durante el embarazo, así que lo vinculó muy pronto a la parte más feliz del ciclo de la vida. Y porque el pequeño Michael nació con dificultades respiratorias que hicieron que se temiera por su supervivencia durante un par de días mientras los médicos se afanaban en vaciar de moco sus minúsculos pulmones. El pequeño Michael (Mike casi hasta que anotó la canasta decisiva en la final universitaria de 1982, prácticamente) era un niño que sangraba con frecuencia de la nariz y que "lloraba muy poco y se reía mucho", en palabras de su madre. Un joven que acabaría siendo uno de los competidores más fieros de la historia de un baloncesto cuya disciplina perfeccionó como nadie. El Jordan ultra concentrado y casi rabioso que no dejaba que ningún rival combara su voluntad en las pistas apenas tenía puntos débiles ni se le adivinan miedos o traumas. Pero sin embargo, ese jugador que creció hasta convertirse en un icono global y el estandarte de una nueva era, había vivido con una fobia terrible que él mismo confesó después:

Michael Jordan no podía soportar el agua. La temía, la odiaba, la evitaba siempre que podía. Y todo por culpa de un trágico episodio que vivó cuando tenía siete años y un amigo suyo murió arrastrado por una ola cuando ambos jugaban en la playa. El desgraciado suceso, recogido en la biografía de Michael Jordan escrita por Roland Lazenby (The Life) lo había confirmado el propio 23 en una entrevista para la revista Playboy en 1992:

Pregunta: Tu padre dijo una vez que eras el chico más vago que había visto.

Respuesta: Y no mentía. Intentó cambiarme, pero no le solía salir bien. No podía evitar que estuviera todo el día haciendo deporte. Creo que mi primer trabajo fue a los 16 años... y lo dejé a la semana.

P: ¿Qué hacías?

R: Era el encargado de mantenimiento en un pequeño hotel. Limpiaba la piscina, pintaba, cambiaba los filtros de los aparatos de aire acondicionado, recogía... pero me dije que no lo haría más, que no iba a tener un trabajo con turnos de nueve de la mañana a cinco de la tarde.

P: ¿Habías tenido una mala experiencia con la natación de niño, no?

R: Sí, fue a nadar con un buen amigo. Estábamos jugando con las olas cuando vino una enorme que lo arrastró. Él me agarró. Fue una presa muy fuerte, la llaman la presa de la muerte, la forma en la que agarra alguien que ve que va a morir. Casi tuve que romperle la mano porque me iba a arrastrar con él".

P: ¿Lo salvaste?

R: No. Murió. Y yo no me meto en el agua desde entonces.

P: ¿Cuántos años tenías?

R: Muy joven, tendría siete u ocho años. Ahora ni me acerco al agua. No nado, no me llevo bien con el agua.

P: ¿Incluso si vas en barco?

R: No me subo sin chaleco salvavidas. No. Ni me subo a barcos pequeños. Tiene que ser un barco grande.

P: ¿Y no te importa que se sepa?

R: No, no me importa un carajo. Todo el mundo tiene alguna fobia. La mía es que no me gusta nada el agua.

Además de esta confesión, siempre se ha contado que Michael Jordan tuvo otro incidente en una piscina, a los once años y en un campus de béisbol. Ese miedo al agua fue una de las excusas para dejar ese primer trabajo, pero después reconoció que en general le daba mucha pereza y que tampo le gustaba que sus amigos lo vieran haciendo tareas de chapuzas. Su madre le había buscado la ocupación en el local de un amigo, H.L. 'Whitey' Prevatte, que acordó pagar a Jordan 3,10 dólares la hora. Solo tuvo que firmarle, cuando lo dejó, un cheque de 119,7 dólares que está ahora en la sección de Michael Jordan del museo Cape Fear de Wilmington. Whitey, por su parte, contó varias veces que esta anécdota le estuvo llevando clientes a su hotel durante años gracias a fans de Michael Jordan de todo el mundo que recorrían Carolina del Norte para conocer a fondo los orígenes del mito.

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