NBA | ANÁLISIS

¿Evolución o involución? James Harden y el 'nuevo' baloncesto

Dentro de una era del triple totalmente instalada en la NBA, Harden sigue siendo la representación máxima de un sistema de juego efectivo, pero controvertido.

James Harden, durante un partido de la NBA con los Houston Rockets
Winslow Townson USA TODAY Sports

Renovarse o morir. Es el lema que acompaña a la NBA actual, más cambiante, transgresora y revolucionaria (o no tanto) que nunca. Y no hablamos de los despachos o las cuestionadamente progresistas formas de tratar las relaciones con China. Tampoco en la valentía de una competición que no se decide a cambiar de modelo a pesar de las eternas promesas y los avisos a navegantes, load managment a la cabeza. Al final, aspectos tan meticulosos son sometidos al juicio de los aficionados de una manera distinta, posiblemente incluso menor, que el juego en sí. Esa manera de comportarse, de ser y de estar en una pista de baloncesto, de evolucionar o involucionar dependiendo del punto de vista y de que cosas que antes no se hacían hoy estén en boga mientras las que siempre se han hecho han sido parcialmente abandonadas o totalmente erradicadas. 

Cuando hablamos pues, de renovarse o morir, lo importante es la adaptabilidad de cada cual, incluido el aficionado, para ser parte de un estilo que ha dejado atrás lo que muchos consideran fundamentos, sustituidos por números y cuentas matemáticas sin fin que te dicen desde dónde tienes que tirar y por qué. Muchas veces incluso dejando de lado el cómo y frenando la progresión de muchos jugadores que podrían ser más (o no), pero que se conforman siendo lo suficiente como para ser parte de la élite, un bache tan irresponsable como efectivo si tenemos en cuenta que los nuevos tiempos han llegado con nuevos campeones. Y que se llevan al extremo una serie de esquemas de juego, otrora indomables, que provocan sentimientos contrarios en fanáticos a veces aburridos y que son increíblemente más consecuentes con sus odios que con sus amores. Algo que, por desgracia, es inherente tanto a la NBA en particular como al ser humano en general. 

Los Rockets son, de lejos, el máximo exponente de esta nueva etapa. La era de los triples, como la definieron algunos en el advenimiento de la dinastía warrior, esa que se tradujo en tres anillos, cinco Finales y un último puesto, el de este año, que les desdibuja en parte y a pesar de las lesiones sufridas. Sin embargo, hablar simplemente de triples en esta era sería simplificar al máximo lo que es la NBA actual. Sin pívots puros o jugadores que posteen, tanto en el interior como en el exterior, estamos ante una situación desconocida en el pasado, donde los hombres altos manejaban el juego y lo extraño era ver como alguien como Jordan dominaba la competición durante una década. Antes de él y los 80 al margen, George Mikan, Bill Russell o Kareem Abdul-Jabbar habían sido los grandes nombres de una competición en la que se lanzaba muy mal y se reboteaba en exceso.

Por poner un ejemplo, Elgin Baylor jugó como alero y promedió casi 20 rebotes por partido en 1960-61... con 1,96 de estatura y lanzando con un 43% en tiros de campo durante su carrera, en la que no existía el triple. Jerry West, una de las pocas figuras que se cuela entre tanto hombre alto, nunca pasó del 50% en tiros y llegó a casi los 8 rebotes por duelo con 1,88. Russell conquistó 11 anillos con 2,08 que le permitían ser uno de los más altos de la competición y apenas promedió un 44% en tiros a pesar de jugar debajo del aro. Y Chamberlain, más ofensivo, se fue al 54% con un 50% desde la línea de personal. Pero claro, medía 2,16. Y aun así necesitó lanzar en 63 (¡!) ocasiones para anotar 36 tiros y llegar (supuestamente) a los 100 puntos. 

Los porcentajes han ido mejorando a medida que pasaba el tiempo y el tiro a media distancia se hizo cada vez más común. La línea de 3 daba una nueva dimensión al baloncesto y los lanzamientos se hacían cada vez más lejos del aro, pero nunca se ha utilizado el triple tanto como ahora. La situación actual es lógica por la progresión que llevaba el juego, que tenía a Larry Bird como uno de los mejores triplistas de la historia pero relacionaba su legado al Concurso de Triples más que al estilo que practicaba en sí. No en vano, el alero llegó a lanzar como máximo 3,3 triples por noche de promedio y apenas llegó a 1 convertido en 5 de sus 13 temporadas como profesional. Jordan, que en la 1995-96 promedió un 43% desde el exterior, lo hizo intentando tan solo 3,2. Hoy, en 2020, en pleno siglo XXI, con una NBA que carece de fronteras y cuyos límites e influencia llegan a todos los rincones del planeta, James Harden lanza 13 triples por noche.

Un 'nuevo' baloncesto

"Odio los triples desde hace 20 años, es muy aburrido". La frase es de Gregg Popovich, una de las mentes más brillantes que ha tenido el baloncesto. En una ocasión, LeBron James, otra voz más que autorizada, argumentó que Pop era el mejor entrenador de la historia y lo fundamentó. El Rey afirmó que el técnico de los Spurs había triunfado en la etapa de los hombres altos (balón dentro-fuera, a finales de los 90), en la del pick and roll (con los Suns de Nash como máximos exponentes) y la de los triples. De hecho, se podría considerar que el anillo del 2014 cierra una era y se encuentra en el límite del inicio de la siguiente, en la que se meten de lleno los duelos entre Warriors y Cavs que ya son parte de la historia.

Sin embargo, incluso Popovich y su animadversión a los triples han cedido a la evidencia. En la temporada 1998-99, tercera del entrenador en el banquillo de los Spurs y primer anillo de su dinastía (lockout mediante), los texanos lanzaron 10,4 triples por noche, el 25º equipo que más lo hacía en una Liga que promediaba apenas 13,2 por duelo. En diciembre de 2018, casi 20 años justos después, los Spurs tiraban casi 25 por noche. Y la NBA, 31,3. La evolución es tremenda, pero lo es más el dato que sigue: con ese promedio, San Antonio era la 29ª franquicia que más triples lanzaba... de 30. O lo que es lo mismo, la segunda que menos intentaba. La progresión en ese sentido es brutal y el uso del triple se ha disparado. Eso también ha afectado a la entidad spur, pero siguen siendo de los que menos lanzan de toda la competición. Han llegado a ser los séptimos que más sumaban desde ahí (fueron séptimos de 2010 a 2013), pero siempre han tenido a otros por delante. Este año, por cierto, se han vuelto a superar y están en 28,6. Y son otra vez segundos por la cola. ¿Primeros? Los Pacers, que se quedan en 27,7 por encuentro.

Desde el 2013 hasta ahora, hemos visto como los triples se han convertido en un arma cada vez más utilizada. En todos estos años se han lanzado más de 20 por noche, y en esta campaña y la pasada el promedio ya está por encima de los 30. Y, en una nueva dimensión, se ha llegado a hablar de la posibilidad de legalizar las canastas de 4 puntos. Ver como jugadores como Damian Lillard se atreven a decidir una serie de playoffs con un lanzamiento mucho más allá de la línea de 7,24 (en la parte frontal) es cada vez más común. Trae Young es otro gran ejemplo. Y, por supuesto, Stephen Curry, el pionero en este sentido. De hecho, Kirk Goldsberry, un periodista estadounidense y un gran estudioso de este deporte, ha mostrado en un espectacular gráfico como el rango de tiro ha evolucionado en los últimos 20 años. "El juego ha cambiado", rezaba la foto. No cabe duda

James Harden y los Rockets

La NBA introdujo la línea de tres puntos en la temporada 1979-80. Cada equipo lanzó en esa campaña una media de 90,6 tiros por partido. De ellos, solo 2,8 eran triples. Terminada la temporada 2018-19, la media estaba en 32; de los 25,3 de San Antonio Spurs a los 45,4 de los Rockets, que tiraron 7,2 más por noche que el segundo, los Bucks. La diferencia entre ambos fue la misma que entre los de Wisconsin y el decimoséptimo, los Lakers. Los texanos lanzaron 3.721 y batieron su récord de la temporada anterior en convertidos (ahora 1.323). Y llevan dos temporadas seguidas lanzando más de tres que de dos. Desde luego, estamos en otra era. Y si los Warriors fueron pioneros, los Rockets nos han metido de lleno en ella. Dando un paso hacia delante. O hacia detrás. Según a quién le preguntes. 

Como ya hemos dicho, la cifra se ha seguido disparando en los últimos cursos. En 2016 la Liga se acercaba a los playoffs a ritmo de 23,8 triples lanzados por equipo. Un año antes, la marca estaba en 22,4 y desde 2013 no baja de los 20. Entre 2015 y 2016, había subido 1,4. En tres años el ascenso ha sido de 8,2. Por aquel entonces, nos dirigíamos a las Finales de la ya mítica remontada de los Cavaliers ante los Warriors. Nadie había tirado más triples que ninguno de esos dos equipos: 29,6 por noche los de Ohio, 31,6 los de la Bahía, hoy una sombra de lo que fueron. Muy lejos del 45,4 que han cerrado de cerrar los Rockets. Aquel curso Stephen Curry ganó el MVP unánime con sus 402 triples (en 79 partidos: se perdió tres): 5,1 por partido, por encima de la media de la NBA (hablo de equipos) en 2004.

La influencia de los Rockets en este nuevo baloncesto, con Daryl Morey al frente como precursor y evangelista, es una obviedad supina. Fue el hombre que, con una obsesión que rayaba la locura con los Warriors y su eterno lema (strength of numbers), ideó un sistema de juego basado en las matemáticas que iba a llevar a extremos infinitos una tendencia que ha acabado siendo tan efectiva (en parte), como controvertida (en su totalidad). 

Ya en la temporada 2014-15, los Rockets lanzaban solo el 6,2% de sus tiros desde la media distancia y llegaron a 2.680 triples totales (1.041 menos que la última temporada, en todo caso). El valor de una posesión en la NBA estaba en 1,04 puntos. James Harden, a base de ir de forma masiva a la línea de tiros libres con un 86,8% de acierto, navegaba en 1,74. En aquella temporada el nuevo estilo, con los Warriors y los texanos (se enfrentarían en la final del Oeste) a la cabeza, era un hecho: se trataba de tirar mucho de tres pero también de generar el suficiente movimiento y los espacios para poder hacerlo con buenos porcentajes y sentido. El 84% de los triples que se lanzaban eran tras asistencia. Y desde las esquinas, el dato se disparaba a un espectacular 96%.

Esa obsesión por evitar los malos tiros más que por seleccionar los buenos provocó que se eliminaran los tiros a media distancia. La muerte del mid range, como la han llamado algunos. Eran puras matemáticas; al fin y al cabo, un jugador con un 33% en triples (una cifra buena pero no estratosférica) ya sacaba más partido a sus posesiones que con un 50% en la pintura. Se trataba del estado de valor de los lanzamientos. Y Harden, tan cuestionado como talentoso, promedia un excelente 36% en triples. Excelente teniendo en cuenta que lanza 13 por partido. Larry Bird, volvemos a recordad, llegó a un máximo de 3. Jordan, a 3,2. Y Kobe Bryant, esa leyenda adimiensional que ha dejado un vacío enorme, superó los 7 intentados en su última campaña (20 en el día de su retirada), cuando apenas podía penetrar y chocar con baloncestistas voluminosos que maltrataban su ya de por sí perjudicado cuerpo. La evolución es clara y notoria y ya es común (aunque no generalizado) ver a múltiples jugadores usando el triple y abandonando la media distancia, algo que se puede observar de nuevo en este gráfico de Goldsberry. 

Los Rockets son de nuevo líderes de la NBA en triples anotados (15,7) e intentados (44,6). Los únicos dos equipos que superan los 40 aparte de ellos son los Mavs de Doncic (que lanza 9 por noche) y los Wolves, que llegan a la cifra de manera justa. Es un 36% para un conjunto que no tira (por apenas un punto de diferencia), más de 3 que de 2 y que promedia 118,9 puntos por noche, la segunda cifra más alta de la NBA tras los 119,1 de los Milwaukee Bucks... que tiran 38 por encuentro. La tónica es como es, imparable, y se ha instalado para quedarse en una Liga en la que se ha ido tirando cada vez desde más lejos hasta llegar a límites que pensábamos que eran inalcanzables. 

Pero...

Como siempre, todo estilo tiene sus detractores, pero el de los Rockets en particular se lleva la palma. De la misma manera que los Warriors han despertado la curiosidad y la alegría de la mayor parte de los aficionados (siempre hay críticos), Harden, siempre cuestionado, ha sido la otra cara de la moneda. Porque sí, La Barba juega raro. Y Houston también. Y, más allá de la efectividad, mayor o menor del sistema, es muy común que la palabra aburrido acompañe a una franquicia que no se baja de las 50 victorias desde la 2015-16 y que ha alcanzado una nueva dimensión con Mike D'Antoni. No deja de ser irónico, pero el mismo entrenador que reinventó el baloncesto con el seven seconds and less de los Suns lo ha vuelto a transformar con los Rockets (la influencia de Morey es clara), pero para convertirlos en la antítesis de lo atractivo y practicar un modelo extremadamente lento y nada creativo.

Hay que tener en cuenta más cosas en este análisis. El presente curso está dando una nueva dimensión a los Rockets, que han decidido ir más allá en su unidimensional (¿o ya no tanto?) modo de jugar. Muchos pensaban que la llegada de Westbrook y el adiós de Chris Paul iba a significar un retroceso. Al fin y al cabo, se iba el mejor complemento que ha tenido Harden, un base que no necesitaba balón, podía jugar de muchas maneras, lanzaba bien desde el perímetro, penetraba de manera excelente, valía para el último pase y defendía, ganando cualquier hipotética comparación con Russ. También salía Jeff Bzdelik, el entrenador defensivo mágico que recuperaron a mitad de la temporada pasada debido a la crisis de resultados que les asolaba. Pero D'Antoni, al que hay que darle más crédito que el que se le ha dado, ha sabido recomponer piezas y recuperar a los suyos de un inicio dubitativo para convertirlos en una máquina que ha llevado su estilo hasta el infinito tras el traspaso de Clin Capela y la llegada de Robert Covington. Incluso a pesar de la derrota ante los Knicks, los Rockets se han convertido en un equipo que ataca como siempre y defiende como nunca (o al menos, muy bien) a pesar de tener un quinteto de bajitos. Ese ultra small ball que les está llevando a su cuarta temporada consecutiva por encima de las 50 victorias (39-21 ahora). 

Sin embargo, la llegada de Westbrook ha sido un bálsamo para Harden, que practica el juego que más le gusta más que nunca. El base es el único que rompe con el cada vez menos monopolizado esquema de los Rockets y se salta el sistema para lanzar a media distancia, ese estilo de antes cada vez menos practicado. Eso permite a La Barba centrarse en lo que mejor sabe hacer. Lanzar triples por doquier y penetrar hasta debajo de la canasta. Y el uso de esta manera de jugar es claro y notorio. Lo dicen los números: en la 2015-16, Harden lanzó 276 tiros desde la mid range. Coin D'Antoni empzó a bajar esa cifra; 126, 104 y tan solo 55 en las tres campañas siguientes. En esta, la media distancia ha desaparecido casi por completo de su juego. El 1 de marzo, Harden llevaba 11 tiros de media distancia. De 578. Es decir, solo el 1,9% de los tiros de Harden en la presente temporada han llegado desde una distancia de los 14 a los 23 pies del aro. Sobran las palabras.

Harden va camino de su sexta temporada consecutiva por encima de los 2.000 puntos, rozó los 39 en el primer tercio del presente curso, va a superar la treintena de promedio por tercer año seguido y se va a ir, salvo bajón histórico, a más de 34 puntos por noche, algo que en los últimos 30 años solo han hecho él (2 veces) y Kobe Bryant en la 2005-06. Está claro que el sistema que monopoliza le beneficia y que se ha convertido en el máximo exponente de la era del triple. Pero su carácter, unido al estilo que practica y a las exageraciones (o no) sobre su persona (Morey dijo que era el mejor jugador ofensivo de la historia), impiden que sea oro todo lo que reluce. Eso y la cantidad de veces que acude a la línea de tiros libres con acusaciones de flopping y pasos incluidas. Contra los Knicks, realizó su partido número 70 con 15 o más tiros libres intentados, más que nadie en la historia. El segundo es Moses Malones con... 16. Y su fama no le beneficia, pero menos aún el hecho de que, mucho que los Rockets estén reinventando el baloncesto, llevan 0 anillos. Y 0 Finales. El excesivo uso del triple/zona se ha convertido en el único argumento de un equipo que falló 27 triples seguidos en el séptimo partido de las finales del Oeste ante los Warriors en 2018. Año en el que, por cierto, Harden fue MVP. Si caes presa de las taras de tu propio sistema y no haces gala de un plan b siempre necesario en playoffs, te quedas sin nada. De poco vale inventar algo si no consigues nada con ello. Y no es que se hayan quedado sin nada. Pero, desde luego, les queda mucho por conseguir. Sobre todo el anillo.

Independientemente del éxito de los Rockets en particular, está claro son los máximos exponentes, Harden a la cabeza, de una era del triple que se ha apoderado definitivamente de la NBA. Por mucho que los puristas sigan intentando vivir en el pasado, el juego es como es y ya nada puede pararlo. De hecho, y en el último gráfico que compartimos de Goldsberry, se ve que los jugadores que siguen utilizando la media distancia, excepto contados casos, pertenecen a otra época: Aldrige y DeRozan (benditos Spurs), Chris Paul, Carmelo Anthony... mientras que los triplistas son, en su totalida, adalides del nuevo sistema. Incluido un PJ Tucker con más experiencia pero que pertenece a los Rockets y es el ejecutor desde las esquinas.

Poco más queda que añadir. Los Bucks, el mejor equipo de la NBA, lanzan más de 38 triples por noche. Los Lakers, líderes del Oeste, se quedan en 31. No están ni mucho menos entre los primeros puestos (no tienen plantilla para ello), pero hay que tener en cuenta que hace una década, cuando ganaron su último campeonato, estaban en 19 y anotaban tan solo 6,5. Ahí tienen a LeBron James, un hombre al que se criticaba por no tener tiro exterior, adaptandose de manera camaleónica a una Liga que quiere volver a dominar antes de retirarse: 6,3 triples intentados por partido para él, la cifra más alta de su carrera y anotando 2,2, un nada desdeñable 35%. El cambio es un hecho y es innegable.

El debate será tan constante como irrisorio. Lo que los amantes de lo clásico critican es perfectamente entendible y, hasta cierto punto, verdad. Se pierden fundamentos con este tipo de juego. Movimientos en el poste, técnica e incluso ciertos componentes tácticos que quedan sepultados bajo libros y matemáticas. Por otro lado, hay que asumir lo que hay e intentar añadirlo al repertorio y ser lo mejor posible en ello. Los Rockets van a estar ahí un año más, lejos o cerca del anillo, pero peleando por él al fin y al cabo. El sistema actual es exitoso y el año pasado Warriors y Raptors eran el 8º y 11º equipo que más triples intentó por encuentro y ambos con porcentajes por encima del 35%. Por mucho que le pese a Popovich, hay sistemas que están, al menos de momento (o eso esperamos), obsoletos. Al fin y al cabo, lo que la era del triple ha confirmado es que la de los Spurs ha acabado, y su más que probable ausencia de los playoffs por primera vez en 23 años cerrará un círculo casi eterno. Las cosas cambian. Igual que el juego. Pero, y esto también es innegable, esos tiempos pasados que muchos añoran, siempre estarán ahí para ser recordados.