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Obradoiro Obradoiro
98
FIN
96
Retabet Bilbao

OBRADOIRO 98-BILBAO BASKET 96

Obradoiro se estrena ante el Bilbao tras casi tres horas

Necesitó dos prórrogas en un encuentro épico, como el de hace dos años, decisivo para la permanencia. Magee anuló el partidazo de Balvin bajo los aros: doble-doble

Va camino el Obradoiro-Bilbao Basket de entrar en los libros de la épica. Hace dos años, en un pulso con los nervios desbordados, los santiagueses ganaron gracias a un triple agónico de Sàbat, que certificó la permanencia gallega y puso al Bilbao Basket un paso más cercano del precipicio. Esta vez se trataba de la tercera jornada, con un largo camino por recorrer, pero se mascaba la tragedia que dice el tópico. Dos prórrogas, un vendaval de canastas lejanas de Magee, el descaro de Kulboka, el gobierno de Balvin en la pintura, más ganchos de los interiores locales que en una exhibición de Jabbar... hubo de todo. Y tras 50 minutos de juego y casi tres horas de partido, el Fontes do Sar volvió a estallar de júbilo por un triunfo de esos que te sitúan en una catapulta anímica. Todo muy intenso, con idas y vueltas, con canastas decisivas falladas por ambos lados. A los bilbaínos sólo cabe aplaudirles, porque con siete abajo no se desengancharon y rozaron un 3-0 que sería de enmarcar.

Pero vamos por partes. Balvin, cada vez más integrado en el RETAbet y eso que se hizo daño en la mano izquierda, dominó bajo el aro al comienzo, en medio de un duelo de históricos francotiradores como Vasileiadis y Rafa Martínez. El pívot checo firmó un espectacular doble-doble: 15 puntos, 12 rebotes y 30 de valoración. El 'Loco' Kostas se cargó pronto con tres faltas y pasó factura a su equipo: 17-25. Brown sigue su adaptación modélica a la Liga y estaba de dulce, aunque el novato Magee, especialista en el triple, anotó tres supercanastas seguidas, que apretaron el partido antes del final de un segundo cuarto cerrado con resultado de 38-41.

Magee siguió encontrando tiros que se forjó él mismo. Y un espectacular 3+1, a falta de poco más de cuatro minutos para el final del cuarto, puso al Obradoiro con ventaja (55-52). Mumbrú sabe mucho de gestión de vestuarios, porque los ha gobernado de corto hasta hace poco. Metió a Sulejmanovic y Rigo para tenerlos ya activos e integrados tras su lesión. Sin Balvin en pista, los locales se abrieron camino en la pintura con la amplia gama de ganchos de sus pívots. Diez de ventaja llegaron a manejar los bilbaínos y siete los santiagueses, pero a seis minutos del final con un triple de Kulboka todo empezó de cero: 66-66, aunque los hombres de Moncho Fernández se fajaron mejor en los minutos más complicados y recuperaron una pequeña ventaja de cuatro puntos: 71-67.

El rebote en su aro sigue siendo asignatura pendiente de los vizcaínos, que también se vieron lastrados por varias pérdidas tontas. Kulboka dio paso a la prórroga con un triplazo con finta y paso lateral hacia atrás, ya que el hierro escupió el intento de gancho de Brodziansky y se llegó a un añadido en la que reapareció la gigantesca figura bajo los aros de Balvin para poner a su equipo de nuevo por delante (80-84) a falta de minuto y medio para el final. Nadie quería soltar un partido tan laborioso. Los tiros libres reengancharon al Obradoiro (84-84). Rouselle se tomó ciertas licencias pensado que era Llull y, aunque jugó buenos minutos en el tiempo reglamentario, no dio con la tecla ofensiva. En esos minutos decisivos, no asomó Rafa Martínez, llamado a ser el líder del Bilbao Basket.

Magee andaba escondido largo tiempo y resurgió cuando su equipo más lo necesitaba. Anotó un inverosímil 3+1 con salto de la rana que parecía encarrilar la victoria local al alcanzar una renta de cinco tantos (94-89). Sin embargo, no cejó en su empeño Bilbao Basket de llevarse el partido y cinco puntos consecutivos de Kulboka igualaron la contienda (96-96). Con tan solo 21 segundos en el electrónico, Mumbrú se la jugó ordenando falta sobre Magee para disponer de la última posesión. Pero las meigas aparecieron por Sar. Calloway no erró en su cita con los tiros libres y Brown se fue contra el mundo en la jugada definitiva, confiando más de la cuenta en su divina suspensión  y sus rectificados aéreos, pero estaba escrito que por segunda vez en dos años en Santiago nadie de Bilbao pesca.