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NBA

Dwight Howard: la caída en desgracia de Superman

El pívot ha pasado de dominar los tableros y ser uno de los mejores jugadores de la Liga, a pasar desapercibido en equipos sin aspiraciones.

El 10 de agosto de 2012 se produjo un auténtico terremoto en la NBA. Dwight Howard, uno de los mejores jugadores de la Liga, aterrizaba en Los Ángeles Lakers tras 8 temporadas en los Orlando Magic dando un vuelco a la competición y haciendo, automáticamente, candidatos a los angelinos. La historia no salió como se esperaba, pero no deja de sorprender que el hombre que dominaba los tableros de la competición y provocaba una bomba con su llegada a Hollywood, esté hoy totalmente desaparecido en una agencia libre en la que ningún equipo ha pujado por él.

No deja de sorprender... relativamente. Desde su llegada a los Lakers, el pívot no volvió a recuperar el nivel que le puso en la primera línea de la Liga en los Magic, y ha ido dando bandazos de un equipo a otro sin progresar en las partes más limitadas de su juego y siendo más un problema que una solución en los equipos en los que ha estado.

No estamos hablando de un baloncestista cualquiera; Howard no es un don nadie. Su currículum habla por sí solo: 9 veces All Star, 8 veces en los mejores quintetos de la NBA (5 en el primero), 5 en los mejores quintetos defensivos (4 en el primero), 3 veces Mejor Defensor de la temporada, Campeón del Concurso de Mates, 5 veces máximo reboteador, 2 máximo taponador, Mejor Quinteto de Rookies... una hoja de servicios envidiable que incluye unas Finales en 2009 y ser el máximo anotador de la historia de los Magic. Casi nada.

¿Qué ha pasado entonces con Howard? Hagamos retrospectiva. Fue elegido en el primer puesto del draft de 2004, recalando en Orlando. Aunque Emeka Okafor, el número 2, se llevó el Rookie del Año, el pívot ya demostró un gran nivel en esa primera temporada, en la que jugó los 82 partidos, consiguió 32 dobles-dobles y logró superar la marca de los 10 rebotes en 43 encuentros, incluidos 3 de 20 rechaces. Se quedó en 12+10 por choque; ver dobles dígitos en esas dos categorías estadísticas fue una constante en su carrera.

El pívot aumentó sus estadísticas en las dos temporadas posteriores. En la 2005/06 se fue hasta los 15,8+12,5, y en la campaña siguiente mejoró más todavía: 17,6+12,3, debut en el All Star y estreno en playoffs con muy buenas sensaciones:19 rebotes en su inicio en la fase final y 29+17 en el cuarto encuentro ante los Pistons, que barrieron al joven equipo de Orlando. Al final de la campaña, fue incluido en el Tercer Mejor Quinteto de la NBA por primera vez en su carrera.

La explosión con Stan Van Gundy

La 2007/08 marcó un punto de inflexión para Howard. Llegaba al equipo Stan Van Gundy, entrenador de dilatada experiencia que venía de dirigir a los Heat de Wade y Shaq... antes de renunciar por discrepancias con el ex de los Lakers. Precisamente el testigo de O'Neal fue el que empezó a recoger el de los Magic cuando el técnico empezó a ser su tutor. Fue una figura clave en su formación, y bajo su mando alcanzó el mejor baloncesto de su carrera.

Casi 21+14 de promedio en esa regular season. 69 dobles-dobles en 81 partidos. 23 puntos y... ¡18 rebotes! en primera ronda ante los Raptors antes de sucumbir de nuevo ante los Pistons se semifinales. Jameer Nelson, que había llegado en el mismo draft que Howard al equipo, empezaba a dar muestras de su talento. Los Magic carburaban. Esta temporada sería en la que se ganaría el apodo de Superman. Su espectacular exhibición en el Concurso de Mates (que ganó) dio la vuelta al mundo. Relevaba definitivamente a Shaq, que ya había perdido su estrella. Howard se convertía pues, en el pívot más dominante de la NBA.

La 2008/09 fue la mejor del pívot a nivel grupal... y una nueva explosión individual, que acabó con el primer premio a Mejor Defensor, algo que repetiría en las dos temporadas siguientes. Los Magic eliminaron a los Cavs con un 40+14 del pívot en el sexto y definitivo encuentro y con una serie memorable que representa el mayor crédito de la carrera de Van Gundy como entrenador, que aisló a LeBron (jugó solo) y se impuso, llevando al equipo a sus primeras Finales desde 1995. Cayeron ante los Lakers por 4-1. La victoria lograda fue la primera de la historia de la franquicia en la eliminatoria en la que se decide el título, otro mérito que tuvo como protagonista a un Howard (21+14 en ese choque), que no volvería a ver tan cerca el anillo.

Dio la sensación de que la lucha por el anillo en la eliminatoria definitiva de los playoffs llegó demasiado pronto para un proyecto joven y que aún no estaba maduro. No volvieron a ellas. Finales de Conferencia al año siguiente y caída en 2011 en primera ronda, igual que en 2012, la temporada del lockout, que finalizó con Howard lesionado (no jugó la fase final), con rumores que le situaban fuera del equipo y con problemas con un Van Gundy al que se le acababa su etapa en Orlando (y casi su carrera). Sería el último año de dominio y la última gran temporada de un jugador que pudo ser... y no fue.

De Lakers a Grizzlies: el ocaso de Howard

Fichó por los Lakers, en un equipo donde estaba Kobe Bryant y donde junto a Pau Gasol, Steve Nash y Metta World Peace formaban un quinteto de 5 All Stars (al que se unía Jamison, que saltaba desde el banquillo). Desde el principio hubo problemas por el liderato del equipo con un Kobe que no soportaba el continuo buen humor y la poca ética de trabajo de la nueva adquisición. Ya lo había hecho una vez con Shaq y no estaba dispuesto a aguantarlo de nuevo.

Durante el año, se sucedieron distintas lesiones y despropósitos que acabaron con la rotura del tendón de Aquiles del escolta y, a la postre, el final de su carrera. Howard salió por la puerta de atrás después de una reunión en la que no acabó contento con su efímero compañero de equipo (de nuevo Kobe). Ponía rumbo a los Rockets.

En teoría, para suceder a O'Neal, la trayectoria era perfecta. Ambos pasaron por Orlando al principio y luego se fueron al Staples Center, pero mientras que el cuatro veces campeón se hizo grande en Hollywood, para su teórico sustituto fue el principio del fin. Tres años en Houston, una nueva final de Conferencia en 2015, y problemas con Harden que acabaron con su marcha del equipo en 2016.

Recaló en unos Hawks ya lejos de sus mejores días. El pívot, que llegó a promediar casi 23 puntos por duelo en los Magic y que no volvió a llegar a los 20, también estaba lejos de ellos. Tras un año en Atlanta se fue a los Hornets, donde recuperó parcialmente su juego y llegó a hacer el segundo 30+30 desde que en 1982 lo hiciera Moses Malone (Love lo hizo en 2010). Pero no trasladaba los números al juego del equipo y, por supuesto, nada de playoffs. El pívot estaba olvidado y lejos de la élite de la Liga, y no encontraba sitio en conjuntos aspirantes en una era dominada por los triples y con los hombres altos en el ocaso.

La pasada campaña en los Wizards fue un quiero y no puedo. A priori era buen plan juntarse con John Wall y Bradley Beal para alcanzar los playoffs, pero las lesiones hicieron mella. Solo 9 partidos con menos de 26 minutos de promedio antes de decir adiós a la temporada. 13+9 en esos encuentros, la primera vez que no llega al doble-doble en su carrera. Y su nombre, fuera del mapa.

Ahora está en los Grizzles, después de que la franquicia traspasara a C.J. Miles a Washington Wizards a cambio del pívot. Pero ha llegado a Memphis sin opción de participar en el equipo, ya que será cortado si no llegan a un acuerdo con otro conjunto de la Liga para deshacerse de él mediante otro intercambio.

¿Y ahora qué?

Es la gran duda. No ha sonado para ningún equipo, y según ha contado LA Times, estaría interesado en volver a Los Ángeles, para jugar en los Clippers... o regresar a los Lakers, donde se ha lamentado de que las cosas no salieran como se esperaban. Volver al Staples, con la cantidad de hombres altos que tiene ahora mismo el equipo (Davis, Cousins, McGee...) parece improbable, pero podría ser una buena opción para el hermanos ya no tan pequeño de la histórica franquicia. 

De una forma u otra, da la sensación de que su momento ha pasado. Con 33 años, todavía puede ofrecer un buen nivel, y puede ser un buen apoyo para cualquier equipo firmando por el mínimo de veterano. Pero al final, será el protagonista de una nueva historia de lo que pudo ser y no fue. Un dominador de la zona, un reboteador excelso, y uno de los mejores defensores de la historia cuando estaba en forma. Un hombre que lideró a los Magic hasta las Finales de la NBA, pero que su poca ética de trabajo y su carácter le han impedido desarrollarse y establecerse como uno de los mejores jugadores de la competición.

Shaquille O'Neal comentó en su día que le decepcionaría que Howard se retirara sin ganar anillo. Parece que la historia va por ese camino. ¿Hasta dónde podría haber llegado? Nunca lo sabremos.